El sólido Western Sydney Wanderers, nuevo campeón de Asia

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Western Sydney Wanderers se ha proclamado campeón de Asia después de ganarle la Final a doble partido de la AFC Champions League al Al-Hilal saudí (1-0, 0-0). Es un hecho histórico para el fútbol australiano, que ha tardado solo 8 años en tener a uno de sus representantes como campeón de Asia. Es un hecho histórico para el fútbol asiático, pues aunque no es el primer debutante que gana el torneo (9º) sí ha roto todos los pronósticos al imponerse a un gigante exigido y bicampeón continental. Y es un hecho histórico para el fútbol mundial en general, pues el campeón del continente más poblado de la Tierra es un equipo de 2 años y medio de vida que ha crecido a base de trabajo, atrevimiento y apoyo incondicional de su afición.

Western Sydney Wanderers afición Warren MajorLa comunión entre afición y equipo, una de las claves del éxito del WSW. Foto: Warren Major.

Western Sydney Wanderers es el bello resultado de una historia de traiciones y despachos. Es un club que nació 7 años después de que lo hiciese su masa social, a la que está unida en una comunión mágica apreciable en los resultados (en las eliminatorias de Champions solo ha sido capaz de ganar partidos como local). Además, desde que naciera en 2012, WSW no ha tenido ninguna estrella en su plantilla ni ha contado con presupuestos boyantes o escandalosos. Ha sido un colectivo humilde que ha triunfado por ser sabedor de su humildad. Solo así han llegado los subcampeonatos ligueros y esta Champions, los cuales han revalorizado a casi todos sus miembros. También ha contribuido a ello el trabajo del joven Tony Popović, un técnico carismático, atrevido, proclive al repliegue y a la transición y arquitecto de la base del éxito: el fuerte entramado defensivo. Del WSW no suenan nombres de atacantes, sino que lo hacen los de su portero (Ante Čović), sus centrales (Nikolai Topor-Stanley, Matthew Špiranović, Brendan Hamill) y sus pivotes (Mateo Poljak, Iacopo La Rocca). Es una buena muestra de la identidad del resistente y sólido campeón de Asia.

La ida de la Final: repliegue puro y contragolpe certero

El sábado pasado, Western Sydney Wanderers afrontaba la ida de la Final en su estadio. Se esperaba que, al ser un partido de ida y al estar ante su público, comenzase siendo atrevido y atacando más que Al-Hilal. Sin embargo, Popović se mostró conservador. Después de perder a los dos laterales con los que consiguió todos los éxitos hasta entonces (Jérôme Polenz y Adam D’Apuzzo) alineó una defensa de 4 centrales y colocó a su único lateral puro del primer equipo, Shannon Cole, junto a los dos pivotes (La Rocca y Poljak) en un trivote puro. La intención de Popović con ese 4-3-3 defensivo era doble. Por una parte, minimizar con defensa posicional a Thiago Neves y Nasser Al-Shamrani, mediapunta y punta respectivamente del equipo saudí. Por otra, protegerse del previsible juego exterior que practicaría un Al-Hilal sin acceso a su mediapunta y con dos mediocentros puros en la medular (Saud Kariri y Mihai Pintilii). Colocar un trivote le permitió achicar utilizando como referencia las líneas de banda. Así, no se notó uno de los males endémicos de los Wanderers en los últimos tiempos: la no solidaridad de sus atacantes de banda. Los laterales rojinegros suelen carecer de ayudas defensivas porque los hombres de banda no son específicos de banda. WSW nunca ha tenido un’9′ puro (el más parecido a ese perfil es Tomi Jurić), y los hombres que ocupan los flancos permutan con los delanteros y viceversa. Esta característica de la plantilla hace que los hombres más ofensivos no acaben de asumir un rol fijo y, en consecuencia, que ninguno de ellos adquiera la cultura defensiva necesaria para un atacante de banda al uso.

trivoteidaInfografía: Share My Tactics.

El trivote salió bien. Thiago Neves no pudo actuar en zonas de máxima influencia en el primer tiempo, Al-Shamrani no apareció y el daño por los costados se redujo. Solo el volante derecho, Salem Al-Dossari, quebró alguna vez sin trascendencia el sistema defensivo de Popović. El técnico australiano tomó la decisión de agitar el partido a la hora de juego. Introdujo a Jurić, deshizo el trivote, pasó a un 4-4-2 y empezó a jugar directo y a la carrera por los costados. Esta decisión desconcertó al equipo de Laurențiu Reghecampf, que estaba instalado en la frontal del área australiana y que estaba teniendo mucho dominio pero pocas ocasiones claras. El partido se convirtió en un correcalles por iniciativa del menos favorito. Aunque los saudíes tenían que correr hacia campo propio por primera vez en la Final, tenían más espacios cuando iniciaban sus ataques. En este contexto de caos se demostró que Popović tomó esa arriesgada decisión por su confianza en el sistema defensivo rojinegro. Topor-Stanley y Čović frustraron a los saudíes, mientras que los Wanderers rentabilizaron sus (pocas) llegadas con un gol y un disparo al palo de Jurić. El osado debutante le ganó 1-0 el primer partido al vetusto experimentado. La confirmación de su hazaña debía producirse en el Rey Fahd de Riad.

La vuelta de la Final: presión discreta y desgaste psicológico

Pese a lo difíciles que le resultan los partidos como visitante a los Wanderers, Popović optó por sacar en Riad un once más ofensivo que el que dispuso en Parramatta. Colocó al carismático doble pivote Poljak-La Rocca solo en el centro del campo, devolvió al lateral a Shannon Cole y juntó a 4 centrocampistas en el frente del ataque: Labinot Haliti y Kwabena Appiah en las bandas; Mark Bridge y Brendon Šantalab en el frente del ataque. No solo cambió el esquema (4-4-2). También cambió la actitud. Los Wanderers no se limitaron a cederle la posesión sin más a un Al-Hilal que retocó su banda izquierda para hacerla ultraofensiva (dos volantes como Salman Al-Faraj y Nawaf Al-Abed). Plantearon un repliegue a media altura en el que no había presión alta (no querían poseer) pero sí presión localizada. Cuando algún jugador del equipo del Creciente pretendía superar el repliegue, el encargado de su zona presionaba para hacerle retroceder.

planteamientos vueltaPlanteamientos de la vuelta de la Final. Infografía: Share My Tactics.

Como WSW no se echó descaradamente atrás y Al-Hilal repitió pareja de mediocentros poco profundos en su medular, los de Reghecampf tuvieron que salir por los costados. Ahí se apreció más presión localizada: Haliti impidió dar salida a Yasir Al-Shahrani y Appiah hizo lo propio con el adaptado Al-Faraj. Al-Hilal tenía que remontar la eliminatoria y desde los primeros compases vio bloqueada su salida de balón. Esta situación tuvo dos consecuencias. Por un lado, Thiago Neves tuvo que abandonar la media punta para ofrecerse en la salida y quedó anulado por Poljak y La Rocca, quienes lo presionaban cuando se giraba hacia la meta australiana. Por otro lado, Al-Hilal empezó a jugar directo y a colgar balones. No tanto a su punta Al-Shamrani sino más a su volante izquierdo, Al-Abed, siempre acompañado por un Al-Faraj que de lateral tiene poco. Al-Abed conseguía bajar balones en la zona de Shannon Cole, con lo que La Rocca se tuvo que emplear al máximo para contener las subidas de Al-Faraj. La sorprendente, novedosa y positiva ayuda defensiva de Appiah en ese sector contribuyó a que la principal herramienta de ataque saudí solo produjese centros para pocos rematadores (Poljak controló a Neves).

La frustración de Al-Hilal creció de forma exponencial en los últimos 10 minutos de primera parte. Fue en ese tramo cuando Thiago Neves consiguió tener su primera ocasión de gol, pero Topor-Stanley evitó el gol. Y fue en ese tramo cuando el central adaptado Anthony Golec cometió un penalti sobre el dinámico Al-Abed no señalado por Yuichi Nishimura. Western Sydney Wanderers aguantaba su 1-0 de la ida e iba desgastando física y mentalmente a su rival, presionado por su propia masa social. Pese a que los australianos solo se acercaron a Abdullah Al-Sudairy con dos apariciones puntuales de Haliti, Popović tenía la Final donde la quería. Y empezó su significativa dirección de campo.

Primer cambio: fuera Appiah y dentro Vítor Saba. El mediapunta brasileño se colocó de ’10’, Bridge cayó al volante izquierdo y Haliti cambió de banda. Aunque el jugador más ofensivo pasaba a defender la banda fuerte de Al-Hilal, este cambio consiguió su objetivo: reforzar las ayudas a los laterales e instaurar una inesperada línea de presión alta con Saba y Šantalab que produjo nervios al eje de la zaga saudí (Digão y Kwak Tae-Hwi). Además, Saba, físicamente menos desgastado que cualquiera de sus compañeros, ayudó defensivamente al doble pivote y a los hombres de banda, lo cual convirtió el esquema defensivo en una especie de 4-5-1. Segundo cambio: fuera Šantalab y dentro Jurić. Su irrupción tuvo el mismo efecto que en Parramatta hace una semana. En parte fue porque Reghecampf acababa de disolver su doble mediocentro dejando solo a Pintilii y metiendo a un segundo delantero como el experimentado Yasser Al-Qahtani. Pero no es menos cierto que Popović mandó un mensaje ofensivo y atrevido con el cambio: pidió a sus atacantes que aprovechasen los espacios en la medular para activar al ‘9’ que había entrado la cancha. En consecuencia, el final de partido fue de ida y vuelta como hace una semana: los Wanderers asustaban con sus contragolpes mientras Al-Hilal producía ocasiones cada vez más claras. Popović volvió a encomendarse a sus defensores y, de nuevo, le salió bien. Topor-Stanley y Hamill despejaron todos los balones peligrosos, Poljak y La Rocca hicieron por contener a Thiago Neves y Ante Čović paró de todo y a todos los jugadores de Al-Hilal.

Fotor110240627Topor-Stanley (izquierda) y Čović (derecha) resultaron providenciales para el triunfo australiano.
Fotos: Macktheknifeau y Eric Berry. Edición: MarcadorInt.

Čović, premiado con el MVP de esta Champions League, volvió a demostrar que su experiencia y sus 39 años le benefician más de lo que le pesan. Sus paradas fueron ganando épica con el paso de los minutos hasta llegar a niveles extremos con la mano que le saca a Al-Qahtani a los 84 minutos. Los Wanderers dejaron de atacar mediado el segundo tiempo porque no interesaba en exceso. Se protegieron como nunca y desesperaron a un Al-Hilal que jugaba con más ímpetu que criterio. Pese a su dominio, su iniciativa, su experiencia, su favoritismo y su mayor número de ocasiones, Al-Hilal no logró imponerse a un Western Sydney Wanderers muy sólido. Disparó solo 4 veces a puerta en 180 minutos pero defendió mejor. La impotencia local derivó en una fea tangana tras el pitido final, la cual comenzó por un condenable escupitajo de Al-Shamrani a Špiranović. WSW ganó la batalla psicológica y supo ganar con (su) estilo. Hizo gala de su atrevimiento pero también de su solidez y de sus transiciones. Los novatos son campeones de Asia. Pero su sueño no acaba aquí. Continuará el mes que viene en el Mundial de Clubes de Marruecos.

“Nos llamaron equipo pequeño ayer. Hoy somos los más grandes de Asia. Esa es la realidad”

Tony Popović en una respuesta a un periodista saudí tras el partido

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1 comments

¡Qué final hemos disfrutado! El último tramo del partido con Al Hilal volcado y con Ante Covic sacando absolutamente todo ha sido realmente bueno.

¿El artículo? Pues como siempre, una disección táctica del mismo que raya a gran altura.

Ahora a ver a estos chavales (y no tan chavales) en el Mundial de clubes del mes que viene ante Cruz Azul

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