Elkeson ruge de nuevo

Tianhe Guangzhou Evergrande Alexchen4836

Recibe de espaldas de un escurridizo compañero. Controla y, sin pararse a pensar, toca de primeras. Se gira ante su rival, el más débil de los posibles, acechado previamente con picaresca y sigilo. Lo atraviesa y ataca como si no existiera, con su presa confundida y sin saber qué ha ocurrido. Y sin dejar que el tiempo pase, dispara. Define con el exterior. La pelota entra y por fin asimila lo que acaba de suceder en los 5 segundos anteriores. Es gol. Es un golazo. Y ruge. Ruge de nuevo. Como aquella vez en 2013, en la que el cachorro de las Américas malhirió a otra presa y se convirtió en todo un tigre en la mejor manada de su nueva tierra. Ahora ruge más y más grave, porque ya ha crecido, porque se ha integrado hasta ser un líder y porque, gracias a él, los suyos vuelven a reinar. La rara especie de tigre de Maranhão ya es todo un tigre del sur de China. Elkeson ya es un héroe de Guangzhou ET. Sus goles le dieron una Champions a su club hace dos años y ahora su obra de arte vale ahora otra copa más. Su gol de hoy pasa a la historia. Pocas cosas habrá mejores en el fútbol que ganar una Champions con un gol así. Un gol agresivo. Un gol buscado. Un gol sufrido y peleado. Un gol con emoción. Un gol de tigre. El único gol de la Final de la AFC Champions League 2015, marcado frente a Al-Ahli Dubai en un partido de vuelta con mucho contenido y nivel.

Guangzhou ET manda, Al-Ahli espera

Los roles de los equipos en la vuelta de la Final fueron los mismos que en la primera media hora de la ida. Guangzhou ET asumió la posesión y la iniciativa en la segunda versión de este duelo entre dos equipos que no quieren normalmente la pelota. A diferencia de hace dos semanas, los de Luiz Felipe Scolari no iniciaron sus jugadas con sus laterales Zhang Linpeng y Zou Zheng. No después de haber sufrido varios contragolpes por los flancos en Dubái que casi le costaron el título a los cantoneses frente a Al-Ahli, finalista de la primera Champions en la que supera la Fase de Grupos. La salida de balón del pentacampeón de la RP China corrió a cargo de su doble pivote. El capitán Zheng Zhi recibía de los centrales e iniciaba una cadena de pases con Paulinho y con el rápidamente recuperado Ricardo Goulart (se había lesionado en la ida). El mediapunta brasileño, nombrado mejor jugador de la Champions 2015, se ofrecía caído a bandas, incitando a Paulinho a moverse hacia el costado elegido. La intención era dañar por fuera pese a que la jugada naciese en el carril central, pues Al-Ahli tenía su punto débil en los laterales.

Cosmin Olăroiu no podía contar con Abdulaziz Haikal por sanción y optó por devolver, tiempo después, a Abdulaziz Sanqour al lateral derecho, así como por colocar al central adaptable Walid Abbas en el lateral izquierdo. Guangzhou ET percibió incomodidad de los defensores rivales que protegían los costados y optó por saturarlos. Mientras Paulinho y Goulart conectaban, Huang Bowen (interior reconvertido) y Zheng Long se movían desde los flancos hacia dentro para constituir nuevas líneas de pase en tres cuartos y en el área. Elkeson, delantero una vez más, salía del área cual falso ‘9’ y revivía sus tiempos de volante cayendo a algún costado. Y solo cuando los atacantes habían minimizado el riesgo de contra, los laterales subían para ofrecerse pegados a la línea de banda. Los tigres más adelantados inquietaban y confundían con su movilidad al replegado Al-Ahli, desbordado por el ataque posicional de un equipo de Scolari. La solidaridad de los atacantes vestidos de negro no bastaba. Guangzhou ET mandaba y Al-Ahli debía protegerse en los últimos 30 metros de campo. Los jinetes emiratíes debían esperar para atacar.

Planteamientos iniciales del Guangzhou ET 1-0 Al-Ahli DubaiPlanteamientos iniciales del Guangzhou ET 1-0 Al-Ahli Dubai. Infografía: Share My Tactics.

Solo los contragolpes y el juego directo fueron opciones de ataque para Al-Ahli en esta vuelta de la Final. Cuando amagaba con utilizar su posesión después de que Guangzhou ET finalizase jugadas, los atacantes de Scolari se molestaban en presionar o, al menos, atar en corto a los “laterales” emiratíes que aspiraban a profundizar por los costados. En una de esas acciones de presión, en el minuto 2, Salmin Khamis cedió la pelota imprudentemente al guardameta Ahmed Mahmoud “Dida” y solo un resbalón de Elkeson retrasó su rugido en el partido. De Khamis y de su acompañante en la zaga Kwon Kyung-Won salieron algunos de los envíos largos que buscaban, principalmente, al delantero más tanque de los 2 titulares, Rodrigo Lima. Pero el brasileño, marcado de nuevo por Feng Xiaoting y por el recuperado tras sanción Kim Young-Gwon, no pudo estirar a su equipo. Solo tuvo una ocasión clara en el primer tiempo y se la debió a Éverton Ribeiro, volante derecho, quien robó la pelota en campo propio justo tras un saque en corto de un córner de Guangzhou ET y quien se recorrió a la carrera todo el césped para intentar hacer historia. El homólogo de Ribeiro, Ismail Al-Hamadi, apenas apareció, entre otras cosas porque apenas pudo recibir y porque pasó mucho tiempo ayudando en defensa. Y el joven (24) capitán Ahmed Khalil estuvo gris, pues bajar balones aéreos no es lo suyo. El conjunto emiratí apenas tenía formas de atacar o, al menos, de reducir el dominio chino. Estaba destinado a sufrir.

Una hora final muy emocional

El primer cambio del encuentro llegó en el minuto 40, a falta de una hora entera para cumplirse el tiempo reglamentario. Zeng Cheng, portero protagonista en la ida por sus grandes paradas, dejaba el campo cojeando mientras se apoyaba en dos miembros del staff médico de Guangzhou ET. Li Shuai entraba en sustitución de uno de los mejores guardametas de Asia, lesionado por caer mal tras una atrevida salida. La inseguridad que ha caracterizado en los últimos tiempos al veterano Li (33) podía propiciar un cambio de guion en el partido. A comienzos de esta temporada, Li Shuai cubrió durante 2 meses al también lesionado Zeng y no mantuvo a cero su portería en ningún partido (encajó 15 goles en 9 encuentros). Al-Ahli podía animarse a tirar desde lejos en las segundas jugadas de su frustrado juego directo, el cual podía tornarse más efectivo por la desconcentración propia del equipo que ataca constantemente y que sufre un parón de 5 minutos. No obstante, ese cambio no se produjo. Todo siguió igual. Al-Ahli no se pudo estirar y se fue al descanso con un 0-0 que se explica con la parada de Dida a disparo de un muy inspirado Zheng Long y con la consistencia del equipo dubaití como colectivo casi encerrado.

Guangzhou ET mantuvo la inercia en el segundo tiempo. Siguió creando desde dentro hacia fuera y siguió entrando en el área desde fuera hacia dentro. Así fue como Zheng Long, tras un movimiento de apoyo desde su costado izquierdo hasta el flanco derecho, se movió con la pelota hacia el punto de penalti y se la cedió a Elkeson para que marcase el histórico gol ya descrito con el permiso implícito de Salmin Khamis. Era el minuto 54 de partido y Al-Ahli debía reaccionar. Seguía necesitando un gol para ser campeón de Asia por primera vez en su historia, con lo que sus opciones no se habían volatilizado. Eso sí, necesitaba cambios de Olăroiu para poder venirse arriba e intentar la hazaña. Con un gol a favor, Guangzhou ET no iba a tardar en pasar a ser un equipo “puro Scolari”, con un repliegue similar al de la segunda parte de la ida y un dominio sin balón que frustra al oponente. Esos minutos de transición del Guangzhou ET más posesivo y más Lippi al Guangzhou ET de Scolari eran los que debía utilizar Al-Ahli.

Olăroiu movió ficha y sentó a su capitán, un Khalil poco visto en ataque que, víctima de la presión, de la impotencia y de su autocrítica, salió llorando del campo. Entró Oussama Assaïdi para centrar a Ribeiro e intentar refrescar el ataque por las bandas. Tres minutos después, al 65 de juego, Habib Fardan le dejó su sitio a un volante adaptable a interior como Humaid Abdulla, un hombre para todo que tiene vocación ofensiva y que suele profundizar conduciendo, ya sea por dentro o por fuera. Y cuando era momento de ver si los cambios surtían efecto, la impotencia y la frustración visitantes se manifestaron en Salmin Khamis.

El central, abatido tras sus errores ante Elkeson, perdió los nervios y cometió un error de impotencia y de tardoadolescencia que le costó la expulsión: pisó en el pecho a Zheng Long tras cometer una falta clara y evitable sobre él. Al-Ahli es un equipo plagado de futbolistas emiratíes de entre 23 y 25 años que están acabando de convertirse en hombres de la mano de Olăroiu, entrenador y, muchas veces, padre. No es la primera vez que el técnico rumano tiene que cambiar la conducta de alguno de sus jugadores para sacar sus virtudes como futbolista. Ahora le tocará trabajar con Khamis, quien vio una roja merecida tras un mal partido y quien probablemente deba emular a Majed Hassan, quien también tuvo que ser bloqueado por varios ayudantes de Olăroiu tras revolverse frustrado por una roja (errónea) en un partido de Fase de Grupos.

Con diez jugadores, Al-Ahli tuvo que reestructurarse urgentemente: Abbas pasó a su puesto natural de central, Sanqour volvió al lateral zurdo que ocupa mucho últimamente, Al-Hamadi retrocedió para ejercer de lateral derecho (aprovechando su excesiva solidaridad del primer tiempo) y Ribeiro volvió a banda para ejercer de volante como Assaïdi. Paradójicamente, Al-Ahli se sintió más cómodo en defensa, pues esa restructuración devolvió a varios jugadores a sus puestos más habituales. Eso le llevó a estirarse con algún contragolpe y con alguna jugada construida por la banda de Ribeiro, también producidos porque Guangzhou ET fue conservador y dio varios pasos atrás. Mantuvo el orden y trató de evitar que Lima rematase contragolpes o los buenos centros que se enviaban desde el costado de su compatriota Ribeiro. El ex del Benfica falló un disparo tras un contraataque en el que pudo estar la Champions de Al-Ahli. Poco después falló un remate de centro lateral.

GETAHL2Así finalizó el partido. Infografía: Share My Tactics.

Al-Ahli estaba volcado pero su argumentario ofensivo seguía siendo poco variado. Arriesgó tanto que Elkeson casi sentencia a la contra ante una defensa en cuadro por la inercia ofensiva de los jinetes. Pero ni Guangzhou ET castigó con crueldad ni Al-Ahli consiguió un gol contrario a la meritocracia. El partido finalizó con el 1-0 de Elkeson. E igual que en 2013, Guangzhou ET se proclamó campeón de Asia. Se medirá a América de México en la primera ronda del Mundial de Clubes (13 de diciembre) y, si vence a las águilas, enfrentará al FC Barcelona en Semifinales (17 de diciembre). Guangzhou ET ha ganado su segunda Champions League en tres años. Ha pasado de descender administrativamente por amaños cuando aún vestía de azul a ser un gigante asiático con la inversión de una inmobiliaria y de una tienda virtual. Ha accedido a la lista de nueve clubes bicampeones de un continente en el que solo un equipo tiene más trofeos que dos (Pohang Steelers, 3). Y esos nueve clubes pueden quedarse en siete si se indica que uno ya no existe (Thai FB) y que otro hoy es europeo (Maccabi Tel Aviv).

Guangzhou ET es élite de Asia. E igual que en 2013, es rey de Asia dirigido por un técnico campeón de un Mundial de selecciones y del mayor torneo de clubes de otro continente distinto a Asia. Lippi lo era de Europa. Scolari, de América. Su llegada en junio cambió completamente el espíritu de un equipo sin identidad definida durante la breve era Cannavaro. El técnico brasileño, su estilo personal y su mantenimiento de los planes para gestionar la pelota explican la imbatibilidad del Guangzhou ET (27 partidos) y su segunda Champions. Scolari ya es, como Elkeson, historia viva del fútbol cantonés, chino y asiático en general.

Foto de portada: Alexchen4836.

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