Así es Al-Sadd, el nuevo club de Xavi Hernández

Al Sadd  Martin Belam

Xavi Hernández es nuevo futbolista del Al-Sadd. El interior catalán, pieza clave durante años en el FC Barcelona y en la posesiva y exitosa España del tramo 2008-2012, abandona el club azulgrana tras 24 años de vinculación. Su destino es el actual subcampeón de Catar, un Al-Sadd que presume de ser el equipo más exitoso del país, un gigante de Oriente Medio y uno de los clubes más grandes del continente asiático. Xavi estará vinculado a este club de Doha durante las próximas 2 temporadas (con opción a una tercera). Después se formará como entrenador en la academia Aspire.

Si bien es cierto que el jugador egarense requiere de poca descripción por su fama mundial, conviene describir su nuevo destino. Para ello, se disponen a continuación 6 posibles respuestas a una misma pregunta: ¿qué es el Al-Sadd?

1. Un club del oeste de Doha

Al-Sadd es uno de los 18 clubes profesionales que existen en el fútbol catarí y uno de los 14 que componen la primera división nacional: la Qatar Stars League. Al-Sadd también es el equipo del barrio del mismo nombre de la ciudad de Doha, la capital de Catar. Aunque su estadio actual, el Jassim Bin Hamad (capacidad para 15.000 espectadores; sede de la última Supercoppa Italiana), no está situado por pocos metros dentro del barrio, el equipo representa a ese sector del oeste de Doha.

La capital catarí y la vecina ciudad de Al-Rayyan, rivales en lo deportivo, son las dos urbes más grandes del país y son, a su vez, las capitales de dos municipalidades distintas, cada una llamada al igual que su capital. Las fronteras entre las dos ciudades y las dos municipalidades son difusas, pero Al-Sadd se define a sí mismo como un club de Doha y rivaliza en la particular versión catarí del Clásico con el equipo más grande de la ciudad vecina, el Al-Rayyan, que ha vuelto esta primavera a la primera división de la mano de Manolo Jiménez tras un descenso histórico en 2014.

En Doha se asientan –siendo estrictos– 7 de los 18 clubes profesionales que hay en Catar. 6 de ellos (todos menos Al-Markhiya) están hoy en la primera división, la Qatar Stars League. Entre esos 6 se encuentran, además de Al-Sadd: el Al-Ahli, equipo en el que militó Pep Guardiola entre 2003 y 2005 y el más antiguo del país con 65 años de vida; el Al-Arabi, tradicionalmente considerado como el mayor rival ciudadano de Al-Sadd; el Lekhwiya de Michael Laudrup, vigente campeón nacional; y El Jaish. Estos dos últimos clubes comparten actualmente estadio: el Abdullah bin Khalifa, situado al norte de la capital. Esta ubicación no es casual: Lekhwiya es el equipo de las Fuerzas de Seguridad Interna (policía) de Catar, El Jaish es el del Ejército (al-jaish significa “ejército” en árabe) y ambos organismos tienen sus sedes principales en el norteño barrio de Al-Duhail.

Las remodelaciones, deconstrucciones y construcciones de estadios de cara al Mundial de 2022 hacen que hoy en día haya clubes que no son de Doha y juegan en Doha (Umm Salal, Al-Sailiya y Al-Rayyan) o que haya clubes nacidos en Al-Rayyan que no juegan ni en Al-Rayyan ni en Doha (Al-Kharaitiyat).

Doha2dMapa futbolístico de Doha, ciudad en la que están afincados 7 clubes y en la que hoy juegan como local 3 más. Un total de 11 entidades tienen su sede en el espacio de la imagen, de unos 20km2. Infografía: MarcadorInt. Rosa de los vientos: Brosen – Howcheng.

2. Una entidad fundada por 11 jóvenes futboleros

Al-Sadd fue fundado en 1969 por un grupo de once jóvenes estudiantes cataríes que tenían como principal pasatiempo jugar al fútbol en Doha. El más mayor del grupo tenía solo 17 años en aquel tiempo pero, pese a sus cortas edades, estos chicos formaban un grupo con personalidad que no quería disolverse para que sus miembros se integrasen en los clubes de fútbol –entonces no profesionales– del país. Querían seguir jugando juntos. Por eso, cuatro de ellos se envalentonaron y solicitaron permiso para crear un club al Ministerio de Juventud y Deporte del Emirato de Catar, dependiente de la familia real: los Al-Thani. En el verano de 1969 Sheikh Jassim bin Hamad Al-Thani (que acabó siendo presidente del club años después) se lo concedió y el 21 de octubre quedó constituido como tal el Al-Sadd, que por entonces era solo un equipo de fútbol. En sus primeros años de vida, fue el padre de uno de los jóvenes fundadores, Hamad bin Mubarak, quien entrenó al grupo –y a los jóvenes futbolistas que se fueron sumando a él– en las instalaciones de un instituto de Doha. El permiso real los llevó a competir desde bien pronto contra clubes ya existentes de un campeonato nacional catarí no del todo profesional. Para entender el crecimiento de Al-Sadd es necesario mencionar que su plantilla aumentó poco después de fundarse como consecuencia de la llegada de futbolistas del Al-Ahrar, un equipo que se había disuelto en 1967. Su masa social también fue heredada por Al-Sadd que, con solo 3 años de vida (1972), ganó su primer título de liga, oficialmente equivalente a una Qatar Stars League. La profesionalización del fútbol catarí comenzó en esos años, con lo que Al-Sadd, que traía de base buenos jugadores y afición, pasó en poco tiempo de ser la idea de un grupo de jóvenes a ser un club de fútbol muy grande en Catar.

Jassim bin Hamad Al Sadd Doha Martin BelamEl Estadio Jassim bin Hamad lleva el nombre del ministro que permitió la creación del Al-Sadd y que lo presidió años después. Es un estadio con un sistema de aire acondicionado pionero, según FIFA. Foto: Martin Belam.

3. Un bicampeón de Asia

Al-Sadd tiene en sus vitrinas dos títulos de campeón de la hoy llamada AFC Champions League, algo que hoy solo pueden decir 6 clubes más1 en todo el continente asiático (de los cuales solo 2 también son árabes). El primero lo consiguió en su debut; en la temporada 1988-89. Su rival en la Final fue el Al-Rasheed iraquí –hoy llamado Al-Karkh–; un club que partía como favorito al ser a finales de la década de los 80 el club más potente de Irak, un país con tradición y pasión por el fútbol. El equipo bagdadí contaba con Ahmed Radhi en sus filas, el delantero titular de la selección iraquí en el Mundial de México 1986 (marcó el único gol de su país en el torneo), el tercer máximo goleador histórico de los Leones de Mesopotamia y el que, solo unos meses antes de esa Final, había sido nombrado mejor futbolista asiático de 1988. La mayor esperanza de los cataríes era un jugador el que se convertiría en uno de los mejores futbolistas de la historia del país y de Al-Sadd: Khalid Salman. Este mediapunta, hoy comentarista de televisión, vivía sus años de juventud después de proclamarse subcampeón del mundo sub 20 en 1981 (le marcó un triplete a Brasil) y de dar la cara por su país en los Juegos Olímpicos de 1984, en los que marcó los dos únicos goles cataríes a una Francia que se llevaría después el oro. En la ida de la Final de Champions, celebrada en Bagdad, este duelo parecía haberlo ganado pronto la estrella iraquí pues, a los 20 minutos de partido, anotó el 1-0. El Al-Rasheed supo aprovechar su inercia ofensiva para ponerse 3-0 en el marcador pasada la media hora de juego. Pero en la segunda parte, Khalid Salman y Moh Ghanim dejaron el marcador final en un 3-2 a reafirmar en Doha. En el partido de vuelta, el duelo de figuras se lo llevó Khalid Salman, pues anotó a 8 minutos del final un gol histórico que le dio la corona continental a Al-Sadd.

El equipo de los lobos vivió una discreta década de 1990. Los títulos no regresaron hasta el cambio de milenio, a partir del cual se han convertido en fijos en las peleas por la Qatar Stars League y en asiduos en la AFC Champions League. Al-Sadd consiguió su segundo título de campeón de Asia en 2011, con el uruguayo Jorge Fossati en el banquillo. Con un estilo de juego directo, defensivo y pragmático del que ya queda muy poco, el Al-Sadd avanzó desde la primera de dos rondas previas hasta la Final, ganada en la tanda de penaltis a otro campeón de Asia como el Jeonbuk Motors surcoreano. Al-Sadd estuvo a punto de ganar aquella Final a partido único en Corea del Sur en el tiempo reglamentario, pues llegó al descuento del segundo tiempo con un 1-2 gracias a un autogol y a un tanto del marfileño Abdul Kader Keïta. Sin embargo, durante el tiempo añadido, el equipo de la Hyundai (local por sorteo) empató el partido y forzó una prórroga en la que ningún contendiente pudo desequilibrar el marcador. Fue el francoargelino Nadir Belhadj –que sigue en el club y, salvo sorpresa, será compañero de Xavi– el que entró en los libros de historia de Al-Sadd al convertir el penalti definitivo que hizo bicampeón de Asia a los del oeste de Doha.

Al-Sadd Doha Stadium Plus Qatar Al-Sadd alzaba al cielo en 2011 su segundo trofeo de AFC Champions League.
Foto: Doha Stadium Plus Qatar.

Aquel título continental de 2011 le dio a Al-Sadd un billete directo al Mundial de Clubes de Japón, celebrado en el invierno de ese mismo año. En tierras niponas, el Al-Sadd se enfrentó a Xavi Hernández en Semifinales después de conseguir eliminar en la primera ronda al Espérance de Tunis tunecino. Ese partido frente al FC Barcelona –victoria azulgrana por 4-0– fue especialmente tratado en la prensa española no tanto por el resultado sino por la grave lesión de David Villa, que estuvo más de medio año alejado de los terrenos de juego. Pese a la derrota, Al-Sadd consiguió en el partido por el bronce convertirse en el único equipo del Asia Occidental que acaba tercero en un Mundial (los otros 3 asiáticos que lo han logrado son orientales). Lo logró tras empatar 0-0 ante los anfitriones de Kashiwa Reysol y tras ganar otra tanda de penaltis con otro tiro decisivo de Belhadj.

4. Un gigante catarí

Al-Sadd se hace llamar al-zaeem (en árabe, “el jefe”) por ser el equipo de fútbol más exitoso de todo Catar. Además de ser el único catarí campeón de Asia, ningún otro equipo ha ganado tantas ligas nacionales (13), tantas Copas del Emir (15), tantas Copas de Catar (5) ni tantas Copas del Jeque Jassim2 (13) como los lobos del oeste de Doha. A mayores, tienen en sus vitrinas una Copa de las Estrellas, la tercera copa por importancia del fútbol de Catar que nadie ha ganado aún más de una vez –se creó en 2009 y no se ha disputado este año–. Pese a no ser el club con más años de historia de Catar, Al-Sadd es considerado como uno de los equipos más tradicionales por su brillante palmarés. A mayores, Al-Sadd se convirtió en un club multidisciplinar muy poco tiempo después de nacer. Si el equipo de fútbol obtuvo licencia en septiembre de 1969, el de balonmano quedó constituido antes de finalizar ese mismo año. Es la sección del club más prolífica y cuidada después de la de fútbol, hasta el punto de que también ha conseguido ser el dominador de Catar y de Asia en este deporte. Nadie ha ganado más ligas nacionales (9) ni más Campeonatos Asiáticos de Balonmano (5) que Al-Sadd. Además, fueron campeones del Mundial de Clubes de 2000 y de 2002 y tienen varios títulos coperos en sus vitrinas. Jugadores destacados a nivel internacional como José Javier Hombrados, el hoy azulgrana Nikola Karabatić o el francés William Accambray han vestido en los últimos tiempos la camiseta del Al-Sadd de balonmano. La entidad tiene también secciones de atletismo, voleibol, baloncesto, tenis de mesa, natación y fútbol sala, en las que ha conseguido trofeos nacionales aunque en menor cantidad.

Nikola Karabatic William Accambray Al Sadd Doha Stadium Plus Qatar MohanNikola Karabatić y William Accambray, jugadores de balonmano internacionales por Francia, vistieron hace 3 años la camiseta del Al-Sadd. Foto: Mohan – Doha Stadium Plus Qatar.

5. Un club que busca iconos que rindan

Xavi Hernández es un icono del fútbol conocido a nivel mundial. El fichaje de un jugador como él por un equipo de Oriente Medio como Al-Sadd, que tiene talento autóctono (Khalfan Ibrahim, Hassan Al-Haidos…), responde a una de las dos estrategias de mercato que están siguiendo en la actualidad los clubes de esta zona del mundo, cuya ventaja competitiva es el potencial económico. Esta opción, concretamente, consiste en fichar a una estrella contrastada a nivel mundial independientemente de su edad, porque es conocido en los países por dos motivos: su pasado y el seguimiento de este en los medios de comunicación de la zona (el gigante mediático deportivo panarábigo beIN Sports es catarí). Tener en las ligas nacionales a estrellas de élite contribuye a aumentar la cultura de fútbol de los países. A estos jugadores, a los que les suelen quedan años de buen rendimiento –quienes no rinden por falta de adaptación o de voluntad salen tras poco tiempo–, se les pide que importen técnicas de sus países de procedencia. Pero la aportación fundamental de estos fichajes va ligado a su imagen. Su misma presencia mejora el cartel de la competición, lo cual permite atrapar la atención de público potencial nacional y extranjero. Los primeros se interesan así por el fútbol de su entorno más cercano y los segundos colocan en el mapa a países ignorados. Con el perfil de jugador y los objetivos demandados bien definidos, Al-Sadd ha conseguido tener en sus filas a Raúl González, a Felipe Jorge, a Emerson Sheik, a Franck Lebœuf o a Romário, entre otros, rindiendo a un gran nivel.

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El otro tipo de fichaje, cada vez más en boga pero no en Al-Sadd, es el de un jugador joven y con proyección que, por su alto nivel, mejora en lo futbolístico a sus compañeros de equipo en el día a día y también a los rivales, que tienen que exigirse más por su talento para poder detenerlo o superarlo en el césped. Su buen hacer acaba derivando en un buen nombre dentro del país que acaba generando, en lo relativo a la cultura, un efecto similar al que tiene una contratación como la de Xavi. Estos fichajes conviven con jugadores nacionales cataríes y también con nacionalizados, futbolistas que protagonizaron en el pasado un intento de progresión futbolística más artificial dejado de lado tras la elección de Catar como sede del Mundial 2022. Con el paso del tiempo, esos jugadores nacionales (que no nacionalizados) han crecido en cantidad y nivel gracias al proyecto de la academia Aspire, que trabaja con jóvenes cataríes de cara a la Copa del Mundo y que consigue incluir el deseo de dedicarse al fútbol en el imaginario de unos niños que “prefieren ser arquitectos, abogados o empresarios” en palabras de Roberto Olabe, Director de Fútbol de Aspire, en una entrevista de Aritz Gabilondo en el Diario AS. Si nada cambia, Xavi Hernández compartirá onces con el lateral zurdo Abdelkarim Hassan, internacional absoluto catarí y graduado con honores en Aspire hace 4 años.

En ambas estrategias de fichajes se subraya la importancia de la contribución a la cultura de fútbol del país. Pero decir que países como Catar no tienen cultura de fútbol es incorrecto. La tienen, pero no es de masas. El deporte en general y el fútbol en particular no son fenómenos de masas en Catar por dos motivos. En primer lugar, por el contexto político, histórico y cultural; diferente al que tenía el fútbol europeo o americano al comienzo de su expansión. Es cierto que para la población de estos países hay otras prioridades antes que el deporte. Y es también cierto que, por la unión de ambos factores, es raro ver un estadio catarí lleno en un partido de competiciones domésticas e incluso continentales, algo que no ocurre en países cercanos como Arabia Saudí, Irak o Irán (es decir, no es una situación extrapolable a todo Oriente Medio). Pero también es cierto que en países como Catar no hay “masas” como tal. Catar es un país poco poblado. Y en relación con la población total, en términos relativos, va la misma gente (e incluso más) a los estadios que en las ligas más potentes del fútbol europeo. En la actualidad viven en todo Catar algo más de 2.340.000 personas, una cantidad ligeramente superior a la de habitantes de Barcelona o de Ecatepec de Morelos y ligeramente inferior a la de habitantes de Buenos Aires o de Belo Horizonte. No obstante, en esos 2,34 millones se incluye a aquellos extranjeros que están trabajando en el país por la peculiar naturaleza de su economía, que representan aproximadamente el 90% de su población. Los requisitos para la obtención de la nacionalidad también contribuyen a que sean aproximadamente 280.000 los nacionales que tiene Catar en la actualidad. Pero comparando asistencias a estadios con el total de habitantes, se aprecian las siguientes proporciones:

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Ahora bien, las asistencias no dejan de ser cifras que no recogen en su totalidad el sentir por el fútbol que hay en los países. En Europa, en América, en Arabia Saudí, en Irán y en Irak sigue habiendo más cultura de fútbol que en países como Catar, que procuran cultivarla en el presente. En Europa y en América, el fútbol se popularizó en la transición del siglo XIX al siglo XX y durante las primeras décadas de este último. El fútbol era un producto cultural de la sociedad de la Revolución Industrial que pronto se asoció a las clases obreras (grupos de población abundantes), las cuales fundaban clubes que las representasen y que representasen también sus valores en determinados lugares de sus países. Ese poder de representación, que hace que en Europa y en América se asocien clubes con ciudades, barrios, personalidades, gremios, etcétera; es un intangible propio de la cultura futbolística de estos dos continentes. Mientras este intangible se generaba, Catar era una península desértica y muy poco poblada en la que no se sabía aún de la existencia de petróleo.

El líquido oleoso es uno de los pilares de la economía catarí. Se descubrió a finales de la década de 1930 y no se pudo explotar hasta acabada la Segunda Guerra Mundial (1945), momento en el que la dependencia catarí del Reino Unido se volvió relativa y la península fue ganando autonomía, poder político y, sobre todo, población. En los años posteriores, y con la influencia británica reducida tras la independencia de la “cercana” India, Catar empezó a crecer alrededor de su industria y de su sector servicios, los cuales incluían actividades profesionales con un potencial económico mayor que, por ejemplo, el del fútbol no profesional del momento. El deporte rey de Europa y de Sudamérica era entendido en Catar (que no en todo Oriente Medio) como un juego de pelota practicado por agrupaciones y clubes por puro entretenimiento. El mantenimiento de esta idea hasta la década de 1970, en la que Catar profesionalizó su fútbol y creó su selección nacional, es lo que explica la falta de cultura futbolística del país en la actualidad en comparación con Europa y en América. Los datos de población, a mayores, ayudan a entender por qué los campos apenas se llenan en Catar. Pero, ante esta situación, el fútbol catarí en general y Al-Sadd en particular llevan años utilizando su potencial económico para invertir en el aumento de la cultura futbolística que le “falta” al país a través de fichajes y de una gran academia formativa.

Raúl González Al-Sadd Mohan Doha Stadium Plus QatarRaúl González fue jugador de Al-Sadd entre 2012 y 2014. Foto: Mohan – Doha Stadium Plus Qatar.

6. Un equipo posesivo

En lo puramente relacionado con el juego, y salvo que haya cambios o evoluciones impredecibles, Xavi Hernández va a formar parte de un Al-Sadd posesivo y proclive a la elaboración de jugadas mediante la asociación. El interior catalán aterriza en un equipo con un estilo de juego que él domina y que le ha permitido ser importante tanto en la España 2008-2012 como en el FC Barcelona de la era Guardiola. Al-Sadd lo practica desde que tomó las riendas del vestuario su actual entrenador, un exjugador de Al-Sadd como Hussein Amotta. El marroquí dirige a los lobos desde el año 2012, tiempo después de que Al-Sadd ganase la Champions League de 2011 y jugase el Mundial de Clubes de ese año con el uruguayo Jorge Fossati y su particular estilo pragmático, conservador y directo.

El discurso posesivo que propugna Amotta ha contribuido al crecimiento de un jugador que mezclará bien con Xavi Hernández: el mediapunta Khalfan Ibrahim, el mejor futbolista catarí de lo que va de siglo, nombrado en 2006 mejor jugador del año en Asia. Ibrahim tiene gol y sabe realizar movimientos dañinos para las defensas rivales, pero su calidad técnica le hace ser más pausado con el balón en los pies y muy inteligente a la hora de dar pases. La pausa y la distribución de balón de Xavi potenciará aún más su nivel y, probablemente, relegará al olvido los conatos de verticalidad y contragolpe vistos en momentos puntuales de la temporada 2014-15, que está a punto de acabar. Su llegada podría incitar a la directiva de Al-Sadd a completar la plantilla con un mediocentro físico que proteja al egarense en caso de pérdida (el actual pivote, Mohammed Kasola, ha parcheado esta temporada el debilitado lateral derecho). Además, el asentamiento del de Terrassa va a suponer un antes y un después para el joven (22) interior catarí Ali Assadalla, aunque no se sabe hacia qué nuevo escenario. La convivencia con un compañero de demarcación como Xavi puede ayudarle a mejorar, puede ralentizarle la evolución al alejarle de la titularidad o puede impulsarle a una adaptación a la media punta, demarcación que ya ha ocupado en algunos torneos internacionales con la selección catarí.

Hussein Amotta Vinod Divakaran Doha Stadium Plus QatarHussein Amotta, otrora mediapunta marroquí que jugó en Al-Sadd 4 años, dirige a los lobos desde 2012. Foto: Vinod Divakaran – Doha Stadium Plus Qatar.

Aclaraciones

1 Un total de 8 clubes han ganado dos veces o más la AFC Champions League o equivalente, pero uno ya no existe (Thai Farmers Bank) y el otro es hoy europeo (Maccabi Tel Aviv). De los 6 restantes, solo uno tiene más de dos títulos: Pohang Steelers (3).

2 Las copas están ordenadas por el actual orden de importancia de las mismas. La Copa del Jeque Jassim, pese a llevar el nombre del fundador del Estado moderno de Catar (Jassim bin Mohammed Al-Thani), es el cuarto de los 4 torneos coperos pues funciona como una Supercopa desde 2014.

Fuentes: documentación propia, Al-Sadd Sports Club, FIFA.com, Goal.com Egipto, Ahdaaf.me, Diario AS, Centro de Estudios Sociológicos (CIS), Office for National Statistics, Statistisches Bundesamt, Institut National de la Statistique et des Études Économiques (Insee), Istituto Nazionale di Statistica (Istat), Ministerio de Planes de Desarrollo y Estadísticas de Catar, Google Maps, Soccerway, Qatar Stars League, AFC.
Foto de portada: Martin Belam.

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