Jimmy Jeggo: un vienés en Adelaida

Hindmarsh Coopers Stadium Adelaide United Adam Axon

Viena amanece cada 1 de enero con los acordes de los Strauß. El tradicional Concierto de Año Nuevo ameniza la primera mañana del calendario a más de mil millones de personas en noventa países distintos. Desde la cosmopolita capital austriaca para Europa y para el mundo; desde Canadá hasta Australia. La presión sobre los miembros de la Orquesta Filarmónica de Viena es máxima. Su deseo de interpretar los valses se solapa con los nervios ante un posible pateo que lastime la reputación de una de las orquestas más prestigiosas del planeta. Estos músicos superan procesos de selección de hasta tres exigentes años en los que los ajenos al mundillo se preguntan si Whiplash no era solo una metáfora. Los trabajos en cada ópera y en cada ballet durante ese tiempo propician que los mejores de verdad formen cada nuevo año en el Musikverein. En este 2016, un vienés que, por talento, bien podía ser músico, interpretaba su propio estilo a miles de kilómetros de su urbe natal mientras en ella resonaban polcas y otras piezas. Lo hacía en la que es su casa desde niño: Australia. Se trata de James Jeggo, quien en vez de playing an instrument juega a la pelota tras unas vivencias propias de un miembro de la citada orquesta.

Jimmy Jeggo –como se le conoce y se hace llamar– es un centrocampista de 23 años que juega como interior. Nació en Viena un 12 de febrero de 1992, pero su familia se trasladó a Melbourne cuando él era un niño. Allí creció y se desarrolló como futbolista. Lo hizo en un equipo no profesional de soccer de la capital de Victoria, el Green Gully, y en el Instituto del Deporte de mencionado Estado. Como buen victoriano (aunque adoptivo), su trampolín al fútbol de élite fue el Melbourne Victory, el club profesional más grande de la región. A finales de la temporada 2010-11, con 19 años recién cumplidos, Jeggo firmó su primer contrato profesional con una duración de tres años. Años de autoexigencia, de trabajo duro y de esfuerzo para intentar hacerse un hueco en la medular del equipo más exitoso de la liga australiana (A-League). Sus andanzas con la elástica azul marina empezaron con buen pie, pues se hizo querer por una afición que lo trató al principio como a una especie de ‘protegido’. Sin embargo, figuras como la del retornado internacional australiano Mark Milligan le cerraron la puerta de la titularidad en un equipo en el que solo aparecía de forma residual. Pese a ello, Jeggo se esforzó para aprovechar al máximo cada minuto de fútbol en A-League y en Champions League de Asia. Su contrato agonizaba y sus aspiraciones de formar en una escuadra importante en Australia se disipaban. Pese a su empeño, se venían la oscuridad y el silencio. Pero entonces, apareció Josep Gombau.

Gombau es un entrenador de ‘escuela Barça’ que había llegado a Australia procedente de Hong Kong en el año 2013. A sus 37 años había asumido la dirección del Adelaide United, el equipo profesional y más grande del Estado de Australia Meridional, vecino y rival del de Victoria. Pese a que Jeggo no jugó contra el Adelaide de Gombau en el curso 2013-14, el técnico catalán se fijó en él durante esos minutos de fútbol que aprovechaba en sus últimos momentos con el Melbourne Victory. Gombau, especializado en formación de jóvenes, se anotó el nombre de un Jeggo que tenía entonces 22 años. En cuanto se acabó su vinculación con el Melbourne Victory, Jeggo pasó libre al equipo rival del Estado rival, el Adelaide United. Era una petición expresa de un director (técnico) al que había satisfecho y que le garantizaba un sitio en la orquesta roja del Coopers Stadium.

Con continuidad, Jimmy Jeggo empezó a demostrar de qué pasta estaba hecho. Pese a que en los onces debe ser colocado como interior, Jeggo es un todocampista. Ayuda defensivamente al pivote y se sacrifica por los laterales, a los que les suele ofrecer –indistintamente del perfil– una línea de pase de seguridad cuando atacan por si necesitan dar un pase atrás. Sin balón es limpio y elegante en el tackling, roba e intercepta balones e inicia contragolpes con ellos. También presiona, incomodando a su par hasta el punto de perseguirlo hasta la línea de fondo si es necesario. Y con balón conduce hasta el balcón del área sin dar pie al robo, lo cual suele provocar faltas duras sobre él y expulsiones de rivales. Es un buen asistente para los delanteros y los volantes, bota algunos córneres y hace gala de un potente disparo con la pierna derecha cuando se concede el capricho de finalizar por su cuenta. Esto sucede con poca asiduidad, pues Jeggo no es un goleador sino un altruista colaborador para finalizadores. Con Gombau solo marcó un tanto en 31 partidos (30 titularidades) de una temporada en la que los suyos ganaron la FFA Cup y se clasificaron vía liga para la previa de la Champions League 2016.

El buen hacer de Jeggo en las filas de Josep Gombau le valió para ganar el premio al mejor jugador joven de la pasada A-League. Ese galardón, otorgado al mejor sub 23 de la temporada en la liga, es últimamente sinónimo de éxito en la rejuvenecida selección australiana y también de traspaso al fútbol europeo. Adam Taggart (Fulham/Dundee United), Mathew Ryan (Club Brugge/Valencia) y Tommy Oar (Utrecht/Ipswich Town), últimos ganadores australianos del premio, pueden dar fe de ello. La edad ya le impide a Jeggo ir convocado para el Asiático sub 23 de este mes con la selección olímpica, en la que apareció de forma puntual en 2011. No obstante, Jeggo se presentó y se sigue presentando en Adelaida como candidato para relevar en los Socceroos al hombre que lo relegó en Melbourne: Mark Milligan.

“Primero de todo, tengo que darle las gracias a Josep por haberme dado la oportunidad de unirme al Adelaide esta temporada. (…) Afortunadamente podré seguir mejorando y jugar incluso mejor la próxima temporada”

 

Jimmy Jeggo al ser nombrado mejor jugador joven de la A-League 2014-15

En julio de 2015 Gombau dio una triste noticia a la afición del Adelaide United. Tras dos temporadas al frente del banquillo, el de Amposta pactó con el club la ruptura de un contrato al que le quedaban otras dos temporadas de vigencia. Por motivos familiares, Gombau daba por acabada una etapa de su carrera como entrenador e iniciaba otra al frente de su propia academia de fútbol en Nueva York. Para su sustitución, el club confió, por recomendación del propio Gombau, en Guillermo Amor, otro técnico de ‘escuela Barça’ aunque sin experiencia previa en un banquillo.

Entre el nombramiento y el inicio de la presente liga pasaron casi 3 meses que Jimmy Jeggo vivió con incertidumbre. El Sturm Graz de su Austria natal lo quiso y la salida de Gombau le hizo valorar la opción de marcharse de Adelaida ante el primer canto de sirena europea. Amor logró retenerlo y le dio la misma confianza que su predecesor en el cargo. Tanta que, pese al mal comienzo de temporada (3 puntos de 27 posibles), Jeggo defendió ante la prensa a su nuevo entrenador, para el que pidió paciencia en esta “transición”. Tras intentar prolongar la apuesta por la posesión propia de Gombau y del ‘estilo Barça’, Amor optó por un fútbol más pragmático, directo, de repliegue, de contragolpe y de confianza en el juego exterior. Ese estilo, a priori, le venía mal a Jeggo. Pero su capacidad de sacrificio y de trabajo sin balón lo han convertido en el alma de un equipo que ahora va hacia arriba y que encadena 5 partidos sin perder. El último de ellos, en la mañana del Concierto de Año Nuevo de Viena.

“Jimmy es un magnífico jugador de equipo. Es un trabajador incansable y un gran profesional. Ayuda en defensa y tiene llegada en ataque. También dispone de buen golpeo. Es joven y quiere seguir creciendo como futbolista. Buen compañero y gran persona”

 

Guillermo Amor en declaraciones a MarcadorInt

Foto de portada: Coopers Stadium de Adelaida. Autor: Adam Axon.

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