Gol sin nación

Siria. Foto de Evgeni Zotov.

Omar Al-Somah (Deir ez-Zor, Siria; 28 de marzo de 1989) es el mejor delantero de Oriente Medio en la actualidad. El ariete del Al-Ahli saudí es un goleador nato; un rematador que anotó 31 goles en 33 partidos para ser el máximo anotador del reino arábigo la pasada temporada. Es un ‘9’ de la vieja escuela que sabe moverse para descolgar cualquier tipo de balones, tanto los ajustadamente enviados como los rifados e imprevistos. Mide 192 centímetros y su musculado físico le ayuda a ganar sus duelos con los defensores en el espacio aéreo de los terrenos de juego. Al-Somah es ambidextro y, además de los remates tras juego directo, es un efectista lanzador de faltas. No solo imprime fuerza a sus golpeos sino que demuestra ser un inteligente gestor de sus cualidades físicas: coloca el esférico donde quiere y casi siempre dirige con eficacia sus lanzamientos. Tiene 26 años y está en el mejor momento de su carrera. Pero Omar Al-Somah, hoy por hoy, no juega con ninguna selección nacional. Su gol no tiene nación.

Esta circunstancia no se debe a que Siria no lo haya querido convocar. Al contrario. No ha parado de hacerlo desde que Al-Somah empezó a despuntar siendo un adolescente. Fue parte de la escuadra siria sub 19 que disputó el Asiático de la categoría en 2008, año en el que debutó en la primera división de su país con el Al-Futowa de su ciudad natal. En 2009 fue parte de la selección siria sub 23 que disputó en Italia los Juegos del Mediterráneo. Y su debut con la absoluta se consumó en 2012, cuando jugaba en uno de los grandes clubes de una liga más potente, el Al-Qadsia kuwaití, al que había llegado un año antes (justo tras el estallido de la Guerra Civil Siria). Precisamente fue en tierras kuwaitíes donde Al-Somah vistió la camiseta de las águilas del Qasioun. Fue en el Campeonato del Oeste de Asia que organiza cada bienio la WAFF, una subdivisión de la Confederación Asiática de Fútbol.

Al ser de un torneo de una federación interna del continente, no es un torneo oficial a ojos de la FIFA, con lo que Al-Somah solo ha disputado 4 amistosos con una selección absoluta siria que se proclamó campeona de la WAFF sin ningún gol suyo. Ese torneo de 2012 fue la única ocasión en la que el ariete vistió la elástica de su país natal. Nunca más lo ha vuelto a hacer en los 3 años que han transcurrido hasta hoy, en los que pasó de golear en Kuwait a hacerlo en la mejor liga de Oriente Medio en el presente, la saudí. Siempre ha rechazado volver a ir con la selección de Siria. Y hace 2 meses, cuando se negó mediante un mensaje en redes sociales (recogido en Arriyadiyah) a disputar los clasificatorios del Mundial 2018, explicó uno de los motivos, de naturaleza política.

Su ciudad, Deir ez-Zor, levantada a orillas del Éufrates, es la séptima ciudad más grande de Siria por población. Es la más importante del este de un país cuyas principales urbes están asentadas en los otros tres puntos cardinales. En los últimos tiempos, en el marco de la Guerra Civil, Deir ez-Zor es el principal (y único) punto fuerte del bando gubernamental en el este de Siria. Las tropas leales al Presidente Bashar Al-Assad controlan la ciudad, la cual es hoy un punto aislado dentro del territorio controlado por Dáesh. Omar Al-Somah, consciente de la situación de su localidad y del sufrimiento de sus compatriotas, se ha mostrado opositor al régimen de Al-Assad y a la violencia y el dolor que sufre su pueblo, afectado por las múltiples ramificaciones que tiene esta estancada guerra (van 53 meses de conflicto). Representar a una selección y a una federación muy controladas por la administración de Al-Assad repele a Al-Somah. Como cuenta Hamoudi Fayad en Outside of the Boot, ese es uno de los motivos que lo han llevado a renunciar a Siria y a ofrecer su gol –como hizo en el popular programa televisivo Seda Al-Malaeb de la MBC– a otros países del Golfo que estuvieran dispuestos a ofrecerle la nacionalidad.

El otro motivo que lleva a Al-Somah a rechazar a Siria en favor de otras selecciones es deportivo. Las cualidades del delantero de Al-Ahli encajan a la perfección en el fútbol inglés. Al-Somah siempre ha querido jugar en la Premier League o en la Championship. Es un sueño que casi se hace realidad a finales de 2012. Por entonces, como se ha mencionado, Al-Somah competía en el Al-Qadsia kuwaití, cuyo presidente Fawaz Al-Hasawi acababa de irse del club tras adquirir, junto a su familia, el Nottingham Forest inglés. Conocedor de los talentos –kuwaitíes y arabófonos en general– que jugaban en su antiguo club y en la liga de su país, Al-Hasawi empezó a llevarse a futbolistas de su gusto para tenerlos a prueba en el City Ground. En diciembre de 2012 se llevó a un grupo de 7 futbolistas para unos test de 10 días. En ese grupo estaban, según Sport360, un joven Omar Al-Somah, un compatriota suyo que se acababa de retirar de la selección por motivos políticos como Firas Al-Khatib y varios internacionales kuwaitíes como Bader Al-Mutwa. Dejaron impresiones positivas y el Forest se los quiso quedar. Pero surgió un obstáculo que disipó el sueño de Al-Somah de jugar en el fútbol inglés: el permiso de trabajo. Ninguno de los jugadores a prueba de su grupo lo consiguió, pese a las negociaciones de Al-Hasawi con el “Panel de Excepciones” de la Football Association (FA). No hubo suerte y la federación inglesa se mantuvo firme con su sistema de concesiones.

Fawaz Al-Hasawi Nottingham Forest Al-Qadsia Kuwait FocusFawaz Al-Hasawi, presidente y copropietario del Nottingham Forest desde julio de 2012.
Foto: Focus Images Ltd.

La FA, en sintonía con el Parlamento, entrega permisos de trabajo de varias categorías a los futbolistas extranjeros en función de dos factores: el ranking FIFA de la selección a la que representa (es decir, su nacionalidad) y su presencia en la selección absoluta en los dos años previos a la solicitud del permiso. En las últimas temporadas, el criterio era haber participado en al menos el 75% de los partidos oficiales de la selección nacional en los 2 años anteriores a la solicitud, siempre que esa selección hubiera tenido una posición media mayor o igual a la posición 70 en los ranking FIFA de los 2 años en cuestión. Esta regulación impidió en su momento que los kuwaitíes traídos por Al-Hasawi se quedasen en el fútbol inglés, tal y como publicaba Sport360, pues Kuwait había oscilado entre las posiciones 90 y 100 en el periodo de referencia. En el caso de Al-Somah, su permanencia en el Forest fue imposible porque Siria está fuera del top100 mundial, porque los partidos del torneo de la WAFF no computan como oficiales y porque estos no están siquiera cerca de representar el 75% de los compromisos de Siria entre 2010 y 2012.

Omar Al-Somah se aprendió esos criterios tras aquella experiencia. Conociéndolos y sabiendo que se han mantenido sin grandes cambios en las últimas revisiones anuales, Al-Somah se ofreció a selecciones más potentes de Oriente Medio a finales de mayo de este año. Se dejó querer por selecciones lo suficientemente potentes como para mantenerse o alcanzar en los próximos 2 años el top70 del ranking FIFA. Concretamente, mostró interés por Arabia Saudí, país donde lleva jugando y deslumbrando desde 2014; por Emiratos Árabes Unidos, cuya Copa de Asia 2015 les ha llevado al top70 del ranking; y por Catar, cuyo proyecto de crecimiento ligado a Aspire debe empezar pronto a aupar a la selección peninsular en la tabla FIFA.

Los ofrecimientos de Al-Somah eran lógicos desde el punto de vista deportivo y cultural. Pero han chocado con la política. En junio, poco después de conocerse su ofrecimiento, la Asociación de Fútbol de Catar emitió un comunicado recordando que la nacionalización de un futbolista no es posible en la península si no ha estado jugando al menos 5 años en la liga del país, tal y como publica Arriyadiyah. El mismo medio se hizo eco de las declaraciones de Adnan Moaibed, portavoz de la Federación de Fútbol de Arabia Saudí, quien comunicó que las nacionalizaciones dependen del Ministerio del Interior del Reino y que, pese a su buen hacer en el fútbol saudí la temporada pasada, no depende de la SAFF el que Al-Somah represente a los halcones verdes. Y cuando Omar Al-Somah estaba pendiente de la reacción de EAU, país donde triunfa un saudí nacionalizado que no pudo firmar por el Manchester City por el permiso de trabajo como Omar Abdulrahman, llegó otro varapalo para su sueño.

La FA hizo su revisión de este año y publicó unos nuevos requisitos para el mencionado permiso, los cuales lo convierten en una quimera para casi cualquier futbolista asiático. Además de exigir un porcentaje mayor o menor de partidos con la selección en función de su posición del ranking FIFA, la FA no expedirá –desde esta temporada y, al menos, hasta junio de 2016– permisos de trabajo a jugadores de países que estén por debajo de una posición media inferior a la 50 en el ranking. Ahora mismo, a 21 de agosto, solo hay una selección asiática en el top50 de la lista: Irán (41). Siquiera futbolistas surcoreanos o australianos tienen opción, desde ahora y por ahora, de intentar acceder al fútbol inglés, a menos que sus selecciones mejoren con ellos su puesto FIFA o que el Panel de Excepciones les dé su extraordinaria aprobación.

Omar Al-Somah le ha cerrado la puerta a Siria y, si nada cambia, no tendrá otra nacionalidad para representar a otro país. Su sueño de jugar en Inglaterra se vuelve a disipar. El tiempo pasa y cada vez es más difícil emigrar. Su gol, por ahora, solo es de Al-Ahli, con quien empieza hoy una nueva temporada. De Al-Ahli y de nadie más. Su gol no tiene nación.

Foto de portada: Evgeni Zotov.

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