Palestina, con visado para soñar

Palestina -  Globovisión

 El taxi salia de Ramallah y seguía el curso del muro. En sus paredes, un inmenso dibujo de Yasser Arafat. Y en el semáforo, un chico con la camiseta del Barça esperaba el bus. Cuando llegó, el bus estaba decorado con bufandas del Real Madrid y una foto de Cristiano. El chico se subió bromeando con el conductor. Durante unos minutos, el taxi siguió al bus hasta llegar a Al-Ram. Allí apareció el estadio Nacional Palestino, el Faisal Al-Husseini. El chico se bajó. Y mi taxista siguió a lo suyo. “Estamos encerrados. El muro ese nos cierra el paso y el otro muro, el diplomático, no nos deja salir fuera. Ni nos permite disputar partidos” decía, enumerando casos de jugadores internacionales palestinos que no pudieron jugar partidos por no recibir el visado.

En ocasiones, los muros caen. La selección palestina debutará en la fase final de la Copa de Asia después de brillar en la última edición de la Challenge Cup, copa que jugaban selecciones catalogadas como “países emergentes”. Selecciones modestas peleaban por el título y el ganador recibía el permiso para jugar la fase final de la Copa de Asia, compitiendo con los gigantes. Así, Corea del Norte y la India ganaron en 2008 y en 2010, jugando la fase final en 2011. Aunque no superaron el primer turno. Palestina, después de derrotar en la final a las Filipinas (1-0), se convirtió en la última campeona de este torneo. Palestina debuta en la principal competición de selecciones asiáticas, esa copa que en 1964 ganó Israel. Israel, como estado asiático, jugó las primeras cuatro ediciones del torneo, con dos segundas posiciones (1956 y 1960), el triunfo de 1964 y la tercera posición en 1968. Aunque en 1974 Israel fue expulsada de la Confederación asiática, después de una propuesta de Kuwait votada por 17 federaciones. 13 votaron en contra y 4 votaron en blanco. El conflicto árabe-israelí ya había marcado la agenda del fútbol asiático, pues las selecciones de estados mayoritariamente musulmanes se negaban a jugar con Israel. Al final, los expulsaron y Israel acabó en la UEFA en 1994, después de 20 años jugando eliminatorias en grupos europeos u oceánicos.

Muchas cosas han sucedido entre 1968, cuando Israel jugó por última vez esta copa con una derrota con 2-1 contra Irán en un partido que decidía el campeón (ganó Irán por 2-1), y 2015, con el debut palestino. Palestina ingresó en la gran familia del fútbol mundial en 1998, al ser admitida por la FIFA, y se le permitió debutar en partidos oficiales. Cuatro años después de los acuerdos de paz, el optimismo volvía poco a poco a la zona. Optimismo que ha desaparecido, cómo no. El seleccionador Ahmed Al-Hassan recordaba estos días cómo le cuesta armar un buen equipo. “Los jugadores de Gaza no pueden venir a los entrenamientos. Y muchos de los que juegan en el extranjero, tienen problemas de visados. Cuesta mucho generar una dinámica de trabajo”. La selección convocada por Al-Hassan la forman 9 jugadores de Cisjordania, 7 de Gaza, 4 árabes con pasaporte de Israel y 3 extranjeros con sangre palestina como Jaka Ihbeisheh, nacido en Eslovenia, Mahmoud Eid, criado en tierras suecas o el chileno Alexis Norambuena. En Chile existe una activa comunidad palestina, formada sobre todo por palestinos cristianos que emigraron durante los primeros años del siglo XX fundando entidades como el Deportivo Palestino. El caso de Jaka Ihbeisheh es curioso: su madre, eslovena, se enamoró de un palestino estudiando en Croacia. Luego sus padres se divorciaron y el jugador nunca supo de su padre… hasta que lo encontró en Facebook hace tres años. Así nació su primer viaje a Palestina y ahora ya juega con la selección.

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“La selección nos da la unidad que no tenemos cada día” me contaba Tamer, un chico con toques hipsters, iPhone y gafas de pasta en un bar del este de Jerusalén. “Tenemos jugadores de todas nuestras tierras. De Cisjordania, de Gaza y de las tierras ocupadas”, en referencia al actual estado de Israel. En las oficinas de la Federación, un mapa mostraba la Palestina que sueñan muchos palestinos. O sea, toda la zona convertida en un sólo estado, sin la existencia de Israel.

Pero Israel existe y condiciona el día a día de la selección palestina. Abdelhamid Abuhabib, centrocampista, contaba estos días cómo es su rutina si quiere visitar a sus familiares en Gaza. Abuhabid juega ahora en Cisjordania y si quiere ir a casa de sus padres, debe “cruzar el Puente Allenby y entrar en Jordania. Luego, cruzar de Jordania a Egipto en avión y luego, intentar entrar en Gaza por la frontera de Rafah”. Frontera que pasa más días cerrada que abierta. “Sería más fácil ir a Hawaii”, comentaba resignado. El centrocampista Ashraf Nu’man acabó como uno de los máximos goleadores de la AFC Challenge Cup después de la baja de algunos delanteros, sin visado. “Tenemos derechos. Queremos entrenar y jugar con normalidad”, decía estos días en la web de la FIFA.

Palestina no dispone de estado y tampoco de liga como tal. Dispone de dos competiciones. La Premier local sólo la juegan equipos de Cisjordania, no de Gaza. En Gaza se juega la liga local, con menos facilidades. Una liga dividida en dos, en parte por culpa del conflicto con Israel, en parte por el conflicto entre Fatah, partido de izquierdas que manda en Cisjordania, y los islamistas de Hamas, que mandan en Gaza. “No seguimos los partidos de nuestra liga. No los dan por televisión casi nunca, así que seguimos La Liga y la Premier”, admitían unos chicos que pateaban balones en Belén.

Los jugadores de Gaza, pues, juegan mayoritariamente en Cisjordania, lejos de sus familias. Así pueden disputar la liga cisjordana, más organizada, y entrenar con la selección en el estadio, cerca de las oficinas de la Federación. Oficinas que fueron ocupadas por el ejército de Israel en diferentes ocasiones, en operaciones “de investigación”, según fuentes de Israel. “La vida en Gaza es una locura. Una prisión. No se puede jugar, no se puede vivir. Sufro por mi familia”, admite Abuhabib.

En espera de últimas informaciones, el defensa Haitham Thaeb no ha conseguido su visado y podría quedarse sin jugar la Copa. Thaeb, profesor en una escuela, es ciudadano de Israel, miembro de la comunidad árabe.

En el pasado, otros jugadores han sufrido detenciones. Israel acusó algunos jugadores de actuar como correos entre líderes de Hamas en el extranjero y dentro del territorio palestino, como Samah Fares Muhamed Marava. El portero Abu Rwayyis fue acusado de atacar a soldados de Israel. El caso más conocido quizás fue el de Mahmoud Sarsak, delantero internacional encarcelado durante 3 años acusado de militar en la Jihad Islámica. Finalmente, fue liberado. En 2014, el goleador Ahmed Zaqout falleció durante los bombardeos de Gaza en su casa.

El debut palestino será contra Japón, la gran potencia. Un grupo duro en una copa soñada. Palestina, cosas de la vida, jugará esta competición en Australia, uno de los estados que estas semanas ha votado en contra de la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que pedía el establecimiento de un estado palestino en 2017 y el fin de la ocupación de tierras en Cisjordania por parte de Israel. En una tierra que votó ‘No’, Palestina se reafirmará.

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Foto de portada: Globovisión.

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