Yokohama F. Marinos, primer campeón del año

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Como es tradición, Japón comienza su año futbolístico con la Final de la Copa del Emperador. El Kokuritsu (Estadio Olímpico Nacional) de Tokio se llena al mediodía del día de Año Nuevo con los aficionados de los equipos finalistas. Este año, esos equipos eran el campeón y el subcampeón de la liga: Sanfrecce Hiroshima y Yokohama F. Marinos, respectivamente. En esta ocasión, los Marinos se han hecho con el torneo más antiguo del país por séptima vez en su historia con un contundente y convincente 2-0.

Sanfrecce Hiroshima es un equipo de naturaleza muy posesiva. Le gusta mandar con el balón. En la Final tuvo las primeras posesiones del encuentro, pero tardó poco en exhibir un problema de su juego que le afecta gravemente en los últimos tiempos. Su técnico, Hajime Moriyasu, utiliza como esquema base un 3-4-1-2 en el que el mediocentro, Kazuyuki Morisaki, va siempre hacia la zona de centrales para poder iniciar la jugada. Ese movimiento tiene que ir acompañado del retroceso del mediapunta y de uno de los dos puntas (casi siempre Ishihara, muy móvil) para que pueda haber una cadena de jugadores por el centro que permitan atacar por dentro. El mediapunta de esta temporada, Yojiro Takahagi, no retrocede y no se ofrece, con lo que Sanfrecce no es capaz de avanzar más allá del doble pivote con la pelota jugada. Da igual que su rival se repliegue, defienda en posicional o presione. Sin apoyo del ’10’, el interior Aoyama no encuentra línea de pase y el equipo se parte. Cuando esto sucede, los de Hiroshima se frustran. No son capaces de salir de campo propio o de avanzar metros en el contrario y retienen inutilmente el balón en su defensa de 3.

Esto sucedió muy pronto en la Final. En este escenario Yokohama F. Marinos empezó a presionar con sus 3 hombres más adelantados: Saito, Hyodo y el joven Jin Hanato, un atacante polivalente (normalmente de banda) que puede ejercer de ‘9’ móvil. Conquistó la posesión y empezó a mandar. Su mediapunta, el ex del Celtic y del Espanyol Shunsuke Nakamura, se aproximó al doble pivote como acostumbra para recibir y para ayudar en la organización de los ataques. Los de Yokohama hicieron mucho daño por dentro por la movilidad de Hanato (casi un falso ‘9’) y por sus combinaciones con el inspirado Nakamura, que registró un despliegue impropio del físico que le queda a sus 35 años. También generaron peligro por las bandas. En especial por la derecha, donde Shingo Hyodo –un volante inteligente de mucho nivel– y Yuzo Kobayashi –un lateral de largo recorrido– unieron sus fuerzas para sacarle los colores al joven surcoreano Hwang Seok-Ho (bronce en Londres 2012), que juega como carrilero izquierdo en Sanfrecce pese a ser un central.

Yuji “Bomber” Nakazawa puso de cabeza el 2-0. Foto: nissankuruma.

En una gran aparición por su costado, Kobayashi logró meter un pase a Hanato antes de que los defensores lo derribaran. El hoy punta soltó rápido el balón, Hyodo lo acompañó y Manabu Saito lo convirtió en gol con un remate desde la frontal del área aprovechando la basculación de los de Hiroshima. Era el 1-0 a los 17 minutos de Final. Sin casi tiempo para reaccionar (solo 3 minutos después), el mítico central Yuji “Bomber” Nakazawa aprovechaba el rechazo del portero Nishikawa tras un primer remate de córner para meter de cabeza el 2-0 final. Sanfrecce se quedó sin reacción. En los pocos periodos que tenía el balón no sabía qué hacer con él. Al ser incapaces de construir, probaron con el juego directo. Le colgaban balones al croata Mihael Mikić para que intentase montar un contragolpe con los dos puntas (el mencionado Ishihara e Hisato Sato), pero la falta de costumbre hizo que este estilo de juego no produjese ningún beneficio. El técnico Moriyasu no supo reaccionar. Quitó a Hwang Seok-Ho al descanso para detener con Shimizu la sangría de su banda izquierda, pero Marinos siguió dominando y llegando por todas las vías posibles hasta que se acomodó por el marcador. Solo Nakamura, que casi marca un gol olímpico, quiso seguir atacando.

El partido se enfrió mucho pasada la hora de juego. Un final poco bonito para uno de los últimos partidos que se celebrarán en el vetusto Estadio Olímpico antes de la remodelación de cara a los Juegos Olímpicos de 2020. Sanfrecce solo se acercó con peligro a la portería de un acertado Enomoto cuando Takahagi, el mediapunta, quiso participar en el juego. Ishihara tuvo una buena ocasión para poder recortar distancias y Mikić dio algún susto. Pero ya. Yokohama F. Marinos es, con merecimiento y claridad, campeón de la 93ª Copa del Emperador de Japón.

Foto de portada: D.Fajio.

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5 comments

Decepcionó Takahagi, es un jugador que tiene una de cal y otra de arena, hay partidos en los que quiere participar y lo hace de maravilla porque tiene mucha calidad, aún así hay encuentros en los que se borra y muestra poco trabajo, no se ofrece, no corre hacia atrás…

David, eres un grande, un muy buen análisis… y, para mi, sorpresa, esperaba una victoria de Sanfrecce, Marinos perdió la liga de una forma inexplicable en las dos últimas jornadas, se ve que ha podido más la rabia que la decepción por esa pérdida..

Un mito. De hecho, hay una cantidad significativa de gente en Japón que pide su regreso a la selección ante el nivel que están ofreciendo en los últimos tiempos Konno y Yoshida…

Yokohama F. Marinos estaba inspiradísimo, sin duda. Se notaban unas ganas considerables en algunos miembros del equipo (Nakamura, que no había ganado nada en Japón salvo una Copa de la Liga; Kobayashi, Saito, Hyodo…). Pero, más allá de esto, a Sanfrecce Hiroshima le había costado muchísimo superar a Ventforet Kofu (17º en liga) y a FC Tokyo en Cuartos y Semifinales, respectivamente. No dio para nada un buen nivel. Tuvo buena fortuna y a Nishikawa inspirado en las tandas de penaltis en las que acabaron los dos cruces. Le pasó en esos partidos lo mismo que cuento que le ha sucedido en la final: que se partían y se quedaban sin ideas. Y Marinos supo sacar mayor beneficio de ello que los anteriores adversarios.

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