El dilema de Boris

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Esta noche me he acordado de Boris. Y me he preguntado si sería un hombre feliz. O si estaría triste. Boris fue la primera persona que conocí en Croacia, la primera persona local con la que establecí contacto en Zagreb si obviamos al policía que revisó y amagó con estampar un sello en mi pasaporte tras comprobar que no suponía un peligro para el pueblo croata. Boris me recogió en el aeropuerto para llevarme al garaje en el que operaba su empresa de alquiler de coches, y tan pronto como descubrió que el fútbol era el motivo de mi visita a su país me empezó a hablar de su equipo de fútbol. Él no tenía ni idea de que se disputaba el Europeo sub-17 en Croacia, pero sí seguía la actualidad de la liga española y sobre todo del Dinamo de Zagreb. Tras preguntarme mis pronósticos sobre el derbi madrileño que se disputaría esa misma noche en el Bernabéu y las opciones del Barcelona de alzar la liga, desvié sutilmente el tema de conversación para que me hablara de las razones por las que el Rijeka estaba a punto de ganar la liga.

Y sin tenerle que insistir demasiado, Boris me confirmó la mayoría de cosas que ha ido contando en esta web Toni Padilla. Sobre todo, su desapego por el Dinamo de Zagreb y la figura del presidente, Zdravko Mamic. “Soy aficionado del Dinamo, pero quiero que el Rijeka gane la liga”, me confesó Boris nada más plantearle la situación liguera del conjunto capitalino. “Llevamos 10 años igual. Además, los árbitros siempre nos favorecen. La afición está harta de ello y ya no va al estadio. Quiere que su equipo gane, claro, pero no esta manera”, aseguraba mi primer chófer mientras me enumeraba la lista de supuestos delitos con los que se ha acusado a Mamic en los últimos tiempos, haciendo especial hincapié en las comisiones de traspasos que se ha llevado. Por este motivo, de hecho, Zdravko Mamic llegó a ser arrestado en 2015. Lo cierto es que la hinchada del Dinamo no acompaña a su equipo en los partidos que disputa como local, en los que a duras penas se alcanzan cifras cercanas a los 1.000 espectadores, y el sector de ultras, conocidos como los Bad Blue Boys, suelen mostrar pancartas en las que se explicita su rechazo a Mamic y que a menudo van acompañadas de cánticos de mal gusto e insultos “difíciles de traducir” según los compañeros de la prensa gráfica que acude al Maksimir cada dos fines de semana.

Las pancartas contra Mamic también se vieron en la final de Copa.
Las pancartas contra Mamic también se vieron en la final de Copa.

Unos días después de mi segunda conversación con Boris, el Rijeka se proclamó campeón de liga y rompió uno de los dominios más largos de todo el fútbol europeo, interrumpiendo la hegemonía liguera del Dinamo de Zagreb en las once temporadas anteriores. El equipo de la segunda ciudad croata más bella según Boris -la primera de su lista era Zagreb, pues no dudaba en echar pestes sobre la masificada Dubrovnik, una urbe que, asegura, la mayoría de croatas no pisa más de dos veces en toda su vida- alzó de esta manera la primera liga de su historia y disputará las rondas previas de la Champions League el curso que viene. Este fue el primer de sus dos vaticinios que soltó el primer día y que acertó: “quiero que el Rijeka gane la liga y ojalá España gane el torneo que vienes a ver”. Cuando me recogió en un rincón de Velika Gorica casi tres semanas después, Boris aprovechó el éxito de la cantera española para sorprenderme por enésima vez al autoproclamarse seguidor de la política de club del Athletic Club.

Precisamente en el mismo escenario en el que se disputó la final del Europeo sub-17, en el Stadion Andjelko Herjavec de Varazdin, el Rijeka volvió a imponerse en el Dinamo de Zagreb para alzarse con la Copa croata y completar el doblete en lo que ya es el mejor año de la historia de la entidad costera. Dos goles del suizo Mario Gavranovic (ex del Schalke) y otro de Dario Zuparic bastaron para doblegar al conjunto capitalino, que firma su primer año en blanco desde 2005 a pesar de la diana de Dani Olmo que sirvió para igualar la contienda antes del descanso y dar algo de esperanza a los chicos de Petev. Hoy es una de esas noches en las que me gustaría intercambiar un par de mensajes con Boris para comprobar si me hablaba o no en serio. “Soy del Dinamo, pero quiero que el Rijeka gane la liga”. Casi un mes después, sus graves palabras todavía retumban en mi cabeza. Y aún me sigo preguntando si solo se trataba de un tipo estrambótico o si su opinión refleja el posicionamiento de la mayor parte de la hinchada del Maksimir.

La final de Copa se disputará en Varazdin.
El estadio Andjelko Herjavec de Varazdin acogió la final de Copa entre Dinamo y Rijeka.
Fotografías: MarcadorInt/T.Martínez (Todos los derechos reservados).

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