Ni sufrió

Valverde Athletic Focus

El Athletic Club gestionó la vuelta de la Supercopa de España con maestría para certificar la consecución de un título merecido para la entidad bilbaína. No dominó el partido del Camp Nou como la ida, pero dificultó el juego de un Barcelona que esta vez alineó a su mejor once, con la excepción de las bajas de Jordi Alba y Neymar. Los azulgranas pusieron todo de su parte para intentar levantar la eliminatoria, ya desde el primer minuto, pero el Athletic de Ernesto Valverde no hizo ninguna concesión. Adelantó las líneas en la medida que pudo e intentó bloquear los primeros pases del conjunto culé con Beñat y Gurpegi en el doble pivote para dificultar las recepciones interiores, con Eraso encima de Busquets y Aduriz pendiente de los centrales, sobre todo Gerard Piqué. Los tramos de presión alta no se mantuvieron a lo largo de todo el choque, pero sí lo suficiente para evitar un arreón local desde el primer minuto y para apretar en su campo al Barcelona siempre que surgían dudas y los centrales daban dos pases de más. Como esta vez eran Busquets, Iniesta y Rakitic los tres centrocampistas, tarde o temprano el Barça lograba girarse y superar la primera presión, a diferencia de lo ocurrido en San Mamés. Pero sin llegar a encerrar al Athletic en su área.

Sin embargo, al Barcelona le faltó la efectividad que requieren las noches de grandes remontadas. O el equipo logra generar un torrente de ocasiones de gol o transforma las dos primeras para sacudirse la presión y trasladar el miedo al cuerpo del contrincante, embriagado a partir de entonces por las dudas y el vértigo a perder. Pero esto no sucedió en la medida que apareció un defensa para bloquear un disparo clarísimo de Pedro dentro del área en el minuto 5, que Piqué remató a la madera en la acción posterior y que un rato más tarde el extremo canario del Barcelona no finalizó en la frontal del área una acción de estrategia ejecutada en un córner, en un disparo al aire que en cierta medida simboliza lo que ha sido el conjunto culé en estos dos partidos. La buena colocación del Athletic, el sacrificio de De Marcos y Susaeta en las bandas, el trabajo para impedir que Messi recibiera en un escenario favorable, la firmeza de los centrales en el área fueron reforzando la confianza de los visitantes y debilitando la fe de un conjunto local que empezaba a ver los cuatro goles de diferencia como una montaña difícil de escalar si no abría la lata pronto, pues la resistencia del Athletic era feroz y el cronómetro corría demasiado rápido en contra de sus intereses. Tanto que prácticamente parecía que las imágenes de los postes de Pedro (en la ida, con 1-0) y Piqué (en la vuelta) se repetían una y otra vez detrás de los ojos azulgranas, entrando en el mar de “y si…” tan poco útil como desmoralizador mientras la temperatura del encuentro aumentaba con el paso de los minutos y las primeras amarillas. En noches así la llama de la fe se alimenta a base de goles (puntuales) que avivan el fuego y encienden al público. Es casi tan importante como el juego desplegado. No llegaron.

Pedro Rodríguez of FC Barcelona regrets a missed opportunity during the La Liga match at Camp Nou, Barcelona Picture by Cristian Trujillo/Focus Images Ltd +3
Pedro falló dos oportunidades en la primera mitad. Foto: Focus Images Ltd.

El Camp Nou despertó con el gol de Leo Messi antes del descanso, precedido por un acto de pura determinación de Javier Mascherano, que salió con el balón jugado desde su propio campo, dividió la atención del rival y superó líneas hasta el punto de desestabilizar el sistema defensivo del Athletic. Le entregó la pelota a Rakitic en el pico del área, el croata la puso en el pecho de Suárez y el uruguayo asistió con clase a Leo, que en el área pequeña no perdonó. Era un pequeño repunte que quedó interrumpido con la llegada del descanso y con el buen arranque del Athletic en la segunda parte, que insistió una vez en más en su reticencia a recular hacia el área de Gorka hasta que el Barcelona le obligara a ello. Fue especialmente llamativo y emocionante el trabajo de Aritz Aduriz, monumental en su constante batalla con la defensa azulgrana para dar aire al Athletic, ganar metros y provocar faltas que reiniciaran el juego. Le acompañó un buen Eraso, el principal socio del 20 vasco en campo contrario, que pudo rematar la Supercopa de haber castigado con mayor puntería una pérdida de Pedro cerca de su propia área en la primera mitad.

Fue la expulsión de Piqué la que ya marcó un claro punto de inflexión en la final y evitó todo sufrimiento a un Athletic que hasta entonces había minimizado el ritmo de ocasiones azulgranas. No hubo cambios tácticos para introducir a más delanteros, ni medidas kamikazes en busca de un partido loco que hiciese temblar al Athletic porque ya no había nada que temer. La roja por protestar limitó por completo a un Barcelona que no solo perdió a un hombre (el Athletic se encargó de que esto se notara), sino que también perdió la fe e incluso el control del balón. Por este motivo llama tanto la atención la pasividad con la que la defensa local defendió el 1-1 de Aduriz, que sentenció por completo la Supercopa en una acción en la que remató completamente solo dentro del área de Bravo, con la posibilidad de ejecutar un segundo disparo tras la primera parada del guardameta chileno.

Barcelona Barça Piqué Focus
Piqué se marchó expulsado en el minuto 56. Foto: Focus Images Ltd.

La Supercopa de España es el primer título que alza el Athletic en 31 años. Lo hizo sin poder contar con Iturraspe, Iñaki Williams e Iker Muniain, en una exhibición colectiva que refuerza la figura de Ernesto Valverde, que castigó sin piedad al (alternativo) Barcelona en la ida con un trabajo sin balón asfixiante y logró gestionar la ventaja con naturalidad ante un rival especialmente motivado y, sobre todo, tocado en su orgullo. Todo ello sin dejar nunca de amenazar con un Aduriz monumental en punta, pues no todos los equipos que logran minimizar el ataque azulgrana logran agredir al Barcelona. En clave culé, la Supercopa genera preocupación por la enorme diferencia de nivel exhibida entre las piezas titulares y las suplentes (al menos hasta que Aleix Vidal y Arda Turan puedan jugar en enero), más allá de que se acusara la ausencia del segundo foco de regate y desequilibrio en cualquier punto del campo por su regate.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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