Decadencia húngara

Ferencvaros MarcadorInt

Me suelen gustar muchas de esas cosas que la mayoría encuentra feas. Amo las resistencias épicas para aguantar un 0-0 en un partido bronco donde emergen decenas de piernas en el área para bloquear cada disparo. Si es en un campo embarrado, mejor. Disfruto intentando descifrar aquello que no comprendo, desde las obras de arte contemporáneo hasta algunas de las reacciones de la psicología humana pasando por resultados que no cuadran con el desarrollo del juego. Por eso Europa del Este me hipnotiza. Los contrastes son una constante en todas las calles y rincones, pues a menudo quedan a medio camino entre la voluntad de renovación y el aroma que desprende un pasado demasiado pesado como para borrarlo de un plumazo. Da igual la ciudad, el país y su teórica riqueza. Sean los países bálticos, Polonia, Hungría, Serbia o incluso algunos pueblos interiores de Grecia. El centro más comercial de cada localidad puede estar más o menos arreglado, más o menos reconstruido, pero si uno busca con un mínimo de interés se topa con la cicatrices de la historia. El punto de partida de aquello que uno encuentra en esos países es totalmente distinto al mío y eso lo convierte en interesante.

El estadio del Ujpest huele a partidos de Copa de Europa en blanco y negro. Foto: Edu Ferrer Alcover.
El estadio del Ujpest huele a partidos de Copa de Europa en blanco y negro. Foto: Edu Ferrer Alcover.

Para regenerar la piel, la imagen exterior, se construyen nuevos edificios. Esto también ocurre en el fútbol, con Hungría como uno de sus principales exponentes. En Budapest, el estadio del Ujpest huele a historia antigua, a partidos de Copa de Europa televisados en blanco y negro a las afueras de la ciudad. Anclado en ese pasado, el modelo del club violeta no transmite ningún tipo de adaptación a los nuevos tiempos. Lo refleja a la perfección su palmarés más reciente: el Ujpest solo ha ganado una Copa en los últimos 13 años. El contraste con el vigente campeón, el Ferencvaros, es enorme. La institución verdiblanca inauguró su estadio en 2014 y desde entonces ha vuelto a cosechar mejores resultados deportivos. Es una obra arquitectónica que subraya la opulencia de la entidad. Se trata de un recinto mastodóntico para las medidas habituales en el país, con capacidad para más de 20.000 espectadores. Además, la inmensa escultura del águila a las puertas del estadio refuerza su mensaje: el Ferencvaros quiere ser el club hegemónico en Hungría.

Pero por mucho que se esfuerce en disimularlo, la Hungría futbolística está muy lejos de su glorioso pasado en blanco y negro. A pesar de la enorme alegría que supuso su rendimiento en la Eurocopa, tan positivo como sorprendente al terminar como primera de grupo y clasificarse para los octavos de final, el balompié magiar no puede maquillar su presente y futuro con nuevos estadios que oculten el óxido de los antiguos.

Todos los clubes húngaros ya están eliminados de las competiciones europeas.

Un águila preside la entrada al estadio del Ferencvaros. Foto: MarcadorInt.
Un águila preside la entrada al estadio del Ferencvaros. Foto: MarcadorInt.
Foto de portada: MarcadorInt.

Related posts

Deja un comentario

*