Tres balas, tres clubes

Beitar Jerusalén (tsunami78)

Ésta es la historia de tres balas y tres clubes de fútbol. Y un empresario. Novela negra, aunque nada es inventado.

El protagonista es Eli Tabib, un empresario de Israel que se ha especializado en meterse en problemas. Este empresario de Kfar Saba, en el centro de Israel, fue durante 15 años el propietario del club de su ciudad: el Hapoel de Kfar Saba. El primer club de la historia. Durante 15 años encadenó ascensos y descensos de Primera, hasta que Tabib se largó con el club arruinado. Sufrió una bancarrota y aún hoy el equipo lucha por su futuro.

Tabib también lucha por su futuro, aunque de una forma diferente. Vive en el mejor barrio de Jerusalén, dónde fue atacado la madrugada del sábado por dos tipos que lo siguieron en una moto. Cuando se disponía a bajar del coche, le pegaron tres tiros. Dos balas impactaron en el auto y, la tercera, en la mano de Tabib. El empresario, asustado, pidió auxilió y pocas horas después ya había recibido el alta hospitalaria. “Han sido radicales del Beitar, es por el fútbol”, dijo saliendo del hospital.

Tabib es ahora el propietario del Beitar de Jerusalén. El tercer club. Cuando lo compró, el Beitar necesitaba un salvador porque perdía dinero. Pero el salvador resultó ser Tabib. Y la hinchada se declaró en pie de guerra. ¿La razón? Dos años antes, Tabib había comprado al Hapoel de Tel Aviv, el segundo club de la historia. El Hapoel de Tel Aviv es considerado el club más de izquierdas de Israel. El Beitar, el club más de derechas. Es como si un tipo, en 3 años, fuera propietario de Celtic y Rangers.

Beitar Jerusalen (foto: marrozik)Beitar Jerusalén. Foto: sunami78.

Después de entrar en el fútbol en su ciudad natal, Tabib invirtió en el verano del 2010 en el Hapoel de Tel Aviv, entonces uno de los dominadores del fútbol local con el Maccabi de Haifa. El propietario del club era Moni Harel, aunque Tabib poco a poco fue gozando de más peso. Al final, los dos empresarios tenían la propiedad del club al 50% y acabaron incluso en los juzgados peleados por ser el máximo accionista. En 2011, Tabib se salió con la suya; pero durante sus dos años de gestión dejó sin blanca al Hapoel, que sólo ganó una Copa. La temporada 2010/11 el Hapoel jugó la Champions y el empresario usó esos beneficios para gestionar el club sin poner ni un duro de su bolsillo. Los hinchas, considerando que no amaba al Hapoel, acamparon delante de su casa y le amargaron la vida hasta que decidió vender la entidad, en serios problemas económicos, al antiguo miembro del parlamento Haim Ramon.

Pocos meses después, Tabib se dejó ver por el estadio del Beitar. Arkady Gaydamak, empresario de origen ruso y padre del tipo que compró el Portsmouth, quería vender el club. Los Gaydamak, llegados de Rusia, hicieron fortuna en Israel (Arkady llegó a ser alcalde de Jerusalén), pero decidieron salir del fútbol. Y llegó Tabib.

Tabib llegaba a un club complejo, como ya contamos en esta web. El nombre ‘Beitar’ deriva de una organización política fundada por Zeev Jabotinsky, ideólogo de la derecha israelí. Los miembros de la organización Beitar, en los años 30, cuando se fundó el club, eran detenidos por las autoridades británicas por actos terroristas. Profundamente religiosos, los militantes creían en organizaciones políticas con formación militar e incluso se inspiraron en el fascismo italiano antes del giro que dio Mussolini en la cuestión de la raza y la tolerancia con el judaísmo. Los hinchas más radicales del Beitar de Jerusalén (existen otros Beitar en algunas ciudades, menos importantes) suelen ser nacionalistas racistas que protagonizan ataques verbales o físicos contra árabes. Así, el Beitar aún es el único club de la liga de Israel en el que nunca ha jugado un futbolista árabe. Una de las ideas de Tabib fue fichar dos jugadores rusos que resultaron ser chechenos musulmanes. Y los jugadores fueron amenazados de muerte por sus propios hinchas, que consideran su Beitar un símbolo del Israel que sueñan: un Israel puro.

Los miembros del grupo radical del Beitar, llamado ‘La familia’, amenazaron de muerte a Eli Tabib. Miembros del grupo fueron detenidos por incendiar las oficinas de su propio club como protesta. Y dos fueron investigados cuando una granada apareció debajo del coche de Tabib mientras éste salía de casa con sus niños. Las amenazas no han dejado de producirse y muchos radicales han acampando delante de la casa de Tabib. Es más, esta semana Tabib será condenado a una multa por agredir a un menor, un hincha del Beitar que lo insultaba en la puerta de casa.

“El fútbol está podrido. Me han intentado matar. Ahora tengo que pensar si sigo en el mundo del fútbol. Y si sigo en Israel o me largo a Estados Unidos”, ha dicho Tabib. Tiene razón, nadie debería sufrir por su vida por un deporte. Y, tiene razón, el fútbol está podrido. Aunque en este punto, él es parte del problema. Ya ha dejado sin dinero a dos clubes…

Foto de portada:  sunami78.

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