Diego Seoane, de Ourense a Chisináu

Diego Seoane, Dacia, Moldavia. Todos los derechos reservados.

Diego Seoane (Ourense, 1988) es uno más entre las decenas de futbolistas españoles que en los últimos tiempos se han visto seducidos por la posibilidad de probar fortuna en ligas del Este de Europa. Tras alcanzar el primer nivel de la mano del Deportivo –debut oficial en partido de Copa del Rey ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán (0-1) el 27 de enero de 2010– y formar parte de Lugo, Córdoba o Ponferradina, el lateral derecho ourensano decidió el pasado mes de febrero emprender una nueva aventura en Chisináu, la capital de Moldavia y también su núcleo poblacional más desarrollado. A casi 4.000 kilómetros de su familia, el Dacia le ofreció la oportunidad de formar parte de un proyecto ambicioso hasta diciembre de 2018y él, deseoso de experimentar nuevos retos, no encontró motivos para renunciar a un viaje enriquecedor tanto en lo profesional como en lo personal.

 

Diego Seoane, Dacia, Moldavia. Todos los derechos reservados.
Once inicial del Dacia en un amistoso reciente.

De Ourense a Chisináu. Coincidirá en que no es un cambio muy habitual…

– Sí [ríe]. En junio me quedé sin equipo porque las cosas no salieron como yo esperaba. A partir de ahí, mi idea en todo momento era la de salir al extranjero. Siempre había tenido en la cabeza la posibilidad de probar algo nuevo, pero en agosto ya íbamos con retraso. Me quedé sin opciones y cambié de representante. Estoy satisfecho porque con mi nuevo agente todo ha mejorado. Cuando me surgió la opción del Dacia, no lo dudé, me vine. Sabía que el futbolista español estaba y está muy bien valorado en el exterior.

¿Cómo recibe la oferta para recalar en el fútbol moldavo?

– Estuve entrenándome con el Barbadás (Tercera División) hasta enero. El 20 de ese mismo mes recibí una llamada de mi representante en la que me decía que viajase a Murcia, que el Dacia quería verme jugar. El 28 de enero me fui para allí. Los conocí en esa especie de stage de pretemporada que montan todos los años al tener un parón tan largo, de hecho se pasan casi dos meses y medio sin partidos oficiales. Durante unos días jugamos amistosos contra ocho equipos y a mí esa situación me vino muy bien, porque aunque tu trayectoria te avale nadie se fía de un jugador que lleva seis meses parado. 24 horas después de estar con ellos jugamos el primer partido y al acabarlo ya mostraron un interés claro por firmarme. Me ofrecieron un contrato de dos años, hasta diciembre de 2018, y lo acepté. No es lo habitual: si te ofrecen dos años es porque apuestan por ti. El mejor ejemplo es que ahora se ha incorporado un chico que estará con nosotros solo los próximos tres meses.

¿Y después? Porque su debut no fue inmediato… 

– Cuando llegas a un acuerdo se abre un periodo de tiempo en el que te ves obligado a resolver algunos temas burocráticos que poco tienen que ver con el fútbol. El club necesita documentación sobre posibles antecedentes en España, etc, por lo que realmente el compromiso lo sellamos a mediados de febrero. Entre una cosa y otra, desde que estoy en Moldavia solo he podido disputar dos partidos [victoria por 3-0 ante el Ungheni, undécimo clasificado, y empate a cero contra el Milsami, segundo].

Ha sucedido todo muy rápido. ¿Se ha adaptado ya al país?

– El cambio es grande a todos los niveles. No tanto como el de mi amigo David Rochela en Tailandia [exfutbolista del Deportivo, ahora en el Port FC], en su caso por el choque cultural, pero sí notas la diferencia a la hora de adaptarte a la ciudad o a cómo son y cómo funcionan las infraestructuras. La asimilación del idioma tampoco es sencilla porque en Moldavia se habla ruso. Al haber formado parte de la URSS, el idioma lo mantienen e incluso algunos hablan un poco de rumano. Este último es más sencillo, aunque trato de comunicarme en inglés. En cualquier caso, no es algo que maneje todo el mundo: con el presidente tengo que hablar a través de un tercero para que nos traduzca. Dentro del equipo la situación no es muy distinta, porque no hay ningún hispanohablante, pero mediante el inglés me comunico con casi todos mis compañeros.

¿El nivel de vida varía tanto como uno puede suponer desde la distancia?

– Aquí el salario medio de un trabajador se sitúa alrededor de los 200 euros al mes, más o menos, por lo que sí noto un cambio importante respecto a España. Para las personas que tengan cierto poder adquisitivo la vida aquí es muy cómoda.

2017-03-17-photo-00006470
Chisináu, a comienzos del mes de febrero.

¿Cómo vivió su llegada a Chisináu? ¿Le agrada la ciudad? 

– Al llegar me instalé en una especie de residencia del club donde te permiten alojarte durante un mes hasta que encuentres tu propio piso, pero mi intención siempre fue la de buscar una vivienda lo antes posible. Y no me costó hacerlo. Chisináu no es una ciudad bonita si vienes de visita, sin embargo cambia bastante cuando vives en ella. Para un turista quizá no transmita demasiado pero en cuanto a comodidad para el día a día está muy bien. Aquí puedes hacer de todo: hay muchos restaurantes y cafés. Si quieres aburrirte, te aburrirás; pero no porque no haya oferta de entretenimiento. En mi caso, lo único algo más incómodo son los viajes de vuelta a España: necesito coger un vuelo a Estambul, después de allí a Madrid, de Madrid a Santiago y de Santiago llegar hasta Ourense. Lo positivo es que en Moldavia no hay problemas con los visados, con el pasaporte es suficiente, y además mi novia viene una semana cada mes. Mis padres lo tienen más difícil pero quizá mi hermano también se acerque por aquí, así que estoy contento.

¿Cómo es un día cualquiera de Diego Seoane?

– Me levantó a las 8:30, más o menos. A las 9:30 me subo a un autobús del club que nos recoge en la ciudad y nos lleva a ‘la base’, así llaman a la ciudad deportiva. Tarda más o menos media hora en llegar, así que a las 10 nos juntamos los futbolistas que utilizamos el autobús con los que prefieren acudir al entrenamiento en su propio coche. La dinámica es siempre la misma: a las 10:45 tenemos un pequeño meeting en el que el cuerpo técnico nos explica en qué va a consistir la sesión del día y luego ya sobre las 11 comenzamos a ejercitarnos. A las 12:30 nos retiramos para ducharnos y después el Dacia nos ofrece la opción de comer todos juntos sin que nos cueste nada. Ya de vuelta en la ciudad, a las 14 o 14:30 normalmente me paso por una cafetería tipo Starbucks en la que tomo un café durante una hora más o menos y aprovecho la buena conexión a Internet. Al acabar subo a casa a descansar y más tarde bajo a dar una vuelta con algún compañero antes de ponerme una película o una serie. Es un ritmo tranquilo al que me he adaptado bien.

¿Lo reconocen por la calle?

– En general la gente no te ubica. De vez en cuando a alguien le suena tu cara y te pregunta si juegas en el Dacia, pero no es lo habitual. En una ciudad tan grande sueles pasar bastante desapercibido.

¿El aficionado moldavo vive el fútbol con intensidad? 

– Depende del club. En Moldavia el único equipo con una masa social importante es el Sheriff. Te pongo un ejemplo: el jueves pasado jugamos contra el segundo clasificado, el Milsami, y te diría que no había ni 500 personas en las gradas [a domicilio, en Orhei]. Un partido importante sí que atrae a los aficionados, pero es que nuestro estadio, el Stadionul Moldova, está a una hora del centro de la ciudad. Nosotros jugamos en Speia, una especie de pueblo al que no se desplazan simpatizantes si no es por una razón de peso. Eso al final limita la asistencia a los propios habitantes de la localidad.

Dacia - Estadio - Moldavia
Distancia entre la ciudad y el estadio donde el Dacia disputa sus partidos como local.

¿Qué carencias futbolísticas percibe?

– Sobre todo tácticas. No podría dibujarte un prototipo de jugador moldavo porque en los equipos hay muchos extranjeros y todavía necesito tiempo para conocer mejor al futbolista local, pero tienen lagunas en cuanto a conceptos tácticos que en España se aprenden cuando eres más joven.

¿Se ha encontrado con individualidades interesantes en su equipo?

– Tenemos a un centrocampista búlgaro [Georgi Sarmov] de buen nivel, que jugó competición europea estando en la liga búlgara [Botev Plovdiv y Levski Sofía] y que ha sido internacional con su país. Y también a un georgiano [Guga Palavandishvili] que ya ha debutado con su selección nacional. En el Dacia hay un par de futbolistas de calidad.

¿Cuáles son los objetivos deportivos del Dacia? La zona noble de la tabla está realmente comprimida a falta de ocho jornadas para finalizar la tercera vuelta del campeonato.

– El objetivo es disputar la previa de la Europa League. Está complicado porque arrastramos un hándicap importante desde el comienzo de la temporada [tras perder tres de los siete primeros partidos de la competición, actualmente el Dacia es cuarto con 45 puntos, a tres del Zaria, cinco del Milsami y ocho del líder, el Sheriff]. Te diría que si la liga comenzase ahora podríamos competir de tú a tú con el Sheriff, o al menos eso pienso yo. La principal diferencia entre ellos y el resto es que sus infraestructuras y sus futbolistas no los tiene nadie en Moldavia. Evidentemente antes de llegar aquí solo conocía su nivel, porque habían jugado previas de la Liga de Campeones y son el equipo con más caché dentro del país. Al resto de rivales los voy descubriendo a partir de los vídeos que nos facilita el club.

¿Cree que puede abrir camino para otros jugadores españoles?

– La verdad es que ya me han preguntado por algunos. De momento están encantados y no tengo ninguna duda de que querrían tener a más españoles en plantilla. Cuando llegue junio seguro que intentarán firmar a gente para competir por la previa europea el próximo año, estoy convencido, y quizá también para aspirar al título. En un par de meses tendremos refuerzos.

Acaba de llegar y, como dice usted mismo, tiene contrato hasta 2018, pero la temporada entra ahora en su recta final. ¿Qué tendrían que hacer aquellos interesados en hacerse con sus servicios?

– Si un equipo estuviese interesado en mí tendría que hablar con mi representante y con el presidente para llegar a un acuerdo de forma amistosa. No creo que hubiese demasiados problemas [ríe].

Diego Seoane, en un partido amistoso con el Dacia.
Todo el material fotográfico es propiedad del Dacia Chisinau/Diego Seoane.

Related posts

2 comments

Deja un comentario

*