Reencontrarse consigo mismo

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Con 17 años ya marcaba goles con el club de su vida, el Slavia de Praga. Tomas Necid había nacido en la capital de la República Checa y se había formado en el Slavia desde que entró en la cantera de la entidad con 9 años. Por el camino apareció en las listas de talentos a seguir tras ser el máximo goleador de un Europeo sub-17 (2006, empatado con Bojan y el alemán Manuel Fischer) y de otro sub-19 (2008). Y en 2009 ya había ayudado a su equipo a alzar dos títulos de liga, aunque en ambas ocasiones sólo disputó media temporada con el Slavia: en la primera se había ido cedido por 6 meses al Jablonec y en la segunda fue traspasado a Rusia después del parón navideño. El CSKA de Moscú se adelantó a todos y se decidió a ficharlo después de que marcara 11 goles en las 16 primeras jornadas de liga en la República Checa.

Tomas Necid encajó bien en el fútbol ruso. En su debut, en la Supercopa contra el Rubin, salió desde el banquillo y anotó el gol de la victoria. Después ya le costó más ver portería con regularidad, pero cerró su primera temporada en Rusia, donde aterrizó con 19 años, con unas cifras más que decentes: 12 goles en 35 partidos oficiales (20 titularidades) en 2009. También disfrutó de un buen arranque en 2010, pues el ariete checo participó en la mejor campaña europea del CSKA en años: marcó uno de los goles de los rusos en Sevilla y disputó los cuartos de final de la Champions frente al Inter. Después ya llegaron Doumbia y el regreso de Vagner Love y Necid perdió peso en el equipo. Poco a poco descendía su participación en el CSKA, empeoraban sus cifras y, de postre, las lesiones lo derrumbaron. Primero, una rotura del ligamento cruzado lo mantuvo apartado de los terrenos de juego durante seis meses. Y medio año más tarde su rodilla cedió de nuevo mientras entrenaba con su selección durante la Eurocopa de 2012. Desde entonces sólo jugó 28 minutos en Moscú y se tuvo que buscar la vida después de una temporada en blanco. Nueve duros meses de inactividad.

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Tomas Necid, en un partido de Champions con el CSKA de Moscú. Foto: Kate_Lokteva

Primero, cesión al PAOK en busca de minutos. Tres titularidades (dos de ellas en Copa) y varios ratitos en el fútbol griego no sirvieron para que el ariete checo recuperara sensaciones, así que regresó a casa. En enero de 2014 volvió al Slavia de Praga, donde sí gozó de oportunidades. Pero apenas marcó tres goles en 13 apariciones para un equipo que en cinco años había pasado de competir por el título de liga a hacerlo por eludir el descenso. Un reflejo magnífico de su decadencia como futbolista. El siguiente paso era buscar un club más o menos competitivo que contara con él para que desempeñara un rol importante. Una nueva cesión, porque todavía pertenece al CSKA. Aterrizó en Zwolle.

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Un club pequeño que está trabajando bien en los últimos años. Forma a jugadores jóvenes y ficha con atino dentro de sus posibilidades, que son muy limitadas. En una ciudad de 120.000 habitantes, en un país más o menos cercano a su tierra natal y una entidad sin demasiada masa social ni presión por ganar títulos ni escapar de un dramático descenso. Zwolle es un entorno agradable que funciona desde hace dos o tres temporadas, una burbuja para un futbolista que viene de sufrir lesiones que han mermado su juego y confianza, más después de escoger destinos complicados para brillar por la competencia interna (PAOK) o la presión de una situación deportiva delicada (Slavia de Praga, regreso al club en el que despuntó). Y el entorno futbolístico también es óptimo.

Qué mejor para un delantero para recuperar la confianza perdida que las defensas de la Eredivisie, pensarán algunos. Aunque, sin embargo, hay casos de todo tipo. También están los Bojan, Marcus Berg y Krisztian Németh, que no han terminado de despuntar ni de firmar cifras llamativas después de haber militado en grandes clubes europeos y que contrastan con los ejemplos de futbolistas como Altidore o Graziano Pellè, que han dado un paso hacia atrás al recalar en la Eredivisie para impulsar una carrera aparentemente estancada. Así pues, las débiles defensas ayudan pero no garantizan que el paso por Holanda se convierta en un éxito. Si el atacante goza de facilidades pero no transforma las ocasiones en gol su confianza hasta puede hundirse.

Swansea City v SouthamptonBarclays Premier League

Necid pretende emular a Graziano Pellè, que relanzó su carrera en el Eredivisie. Foto: Focus Images Ltd.

En cualquier caso, el Zwolle le ha sentado bien a Tomas Necid, que poco a poco va recuperando sensaciones. Es titular indiscutible, ha jugado nueve partidos en apenas un par de meses y hasta ha marcado tres goles entre liga, Copa y Europa League, competición que le permitió enfrentarse al Sparta de Praga, gran rival del Slavia. Sus características, además, casan muy bien con las necesidades del club en el que juega: sus 190 centímetros son un punto de referencia tanto para fijar a los centrales rivales como para que su equipo salga en largo o lo busque a través de centros laterales, una de las nuevas amenazas del Zwolle. Además, su capacidad para jugar de espaldas se complementa con los futbolistas que llegan desde la segunda línea como Saymak, Drost o Thomas, a quien le gusta tirar la diagonal partiendo desde el lado izquierdo y encuentra en Necid un punto de apoyo con quien asociarse. No es rápido ni demasiado ágil, pero ahora Necid se siente útil. El siguiente paso es volver a disfrutar con la selección nacional, que lo ha vuelto a convocar después de la fatídica Eurocopa de Polonia y Ucrania. Poco a poco todo vuelve a la normalidad.

Foto de portada: Kate_Lokteva

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