La transformación de Trindade de Vilhena

Trindade Vilhena Foto-Robert Hertel

Cuando vimos por primera vez a Tonny Emilio Trindade de Vilhena, brillaba con el 10 de la selección holandesa sub-17 campeona de Europa. Rodeado de otros futbolistas que ahora juegan en la Eredivisie como Depay, Ebecilio, Rekik, Kongolo, Ayoub o Willems, Trindade era un mediapunta muy fino. Fino de verdad. De mimar el balón con la zurda para soltar el pase entre líneas. De pisarlo, marear al rival y después asosciarse en espacios reducidos. De esa generación que posteriormente fracasaría en el Mundial sub-17 que ganó México, él era el único titular nacido en 1995.

Un año más tarde, en 2012, Trindade de Vilhena repitió como campeón de Europa sub-17 con Nathan Aké, el otro miembro de la generación anterior que seguía en el equipo. Pero entonces Vilhena, tal y como se le conoce ahora en el Feÿenoord, ya empezaba a ser otro. Tonny había debutado con el primer equipo y había empezado a disputar minutos, alternando el interior izquierdo con la mediapunta que ocupaba Bakkal en los esquemas de Ronald Koeman. Pero en la Eredivisie no podía ejercer el rol que le veíamos en las categorías inferiores del fútbol holandés. Sobre todo cuando jugaba algo más retrasado, pues se le exigía mayor trabajo defensivo y también más constancia en su juego.

Vilhena fue mutando sin prisa pero sin pausa. Poco antes de cumplir los 18 años, se hizo con un puesto en el once del Feÿenoord y se convirtió en un fijo de su centro del campo junto a Clasie e Immers en una alineación que casi se puede recitar de memoria. Al convivir con Immers, un mediapunta con mucho gol, Vilhena forma parte del doble pivote y ahí se complementa cada vez mejor con Jordy Clasie. Si Jordy es un futbolista de un rol más posicional, agresivo en defensa pese a su capacidad pasadora, Vilhena se ha transformado en un interior de ida y vuelta. Un box to box de los de siempre. Sube y baja, recorre muchísimos metros y llega a menudo al área rival. Así sorprende a las defensas rivales y en ocasiones hasta marca, aunque esta temporada solo ha conseguido anotar en dos partidos.

A sus 19 años, Trindade de Vilhena ha jugado 65 partidos oficiales con el Feyenoord y ha ido convocado con la selección absoluta de Holanda.

No obstante, lo más sorprendente de Trindade de Vilhena es cómo trabaja defensivamente. Corre mucho, y con sentido, tanto en ataque como en defensa. Llega a ayudar a los laterales y a los extremos. Se coloca mejor cuando no tiene el balón y ya es casi tan agresivo como Clasie cuando entra, sin llegar a ser violento. Esto resulta especialmente llamativo si tenemos en cuenta que en las categorías inferiores apuntaba a mediapunta irregular de magnífico toque de balón. De esos que intervienen en tres ocasiones, regalan tres asistencias de gol pero que después desaparecen y ni siquiera son solidarios en defensa.

Pero Vilhena tampoco ha perdido las virtudes que lo dieron a conocer. Su capacidad para filtrar pases entre líneas sigue intacta, su golpeo con la zurda le permite ejecutar las jugadas a balón parado y completar precisos cambios de orientación, pero también ha añadido nuevos recursos a su fútbol. Aunque no regatea demasiado, le falta usar mejor su cuerpo para proteger el balón y traducir su juego en cifras de goles y asistencias. Con 19 años recién cumplidos y muchos minutos, sigue progresando. No es tan brillante, pero es mejor jugador.

Foto de portada: Robert Hertel
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