Las lágrimas de nuestros abuelos

Hibernian (GDU_photography)

1942. La guerra destrozaba medio mundo. En el Reino Unido se necesitaban trabajadores para mantener la industria de guerra en marcha. Mientras muchos jóvenes marchaban al frente, sus hermanas ocupaban su sitio en las fábricas. O se buscaba mano de obra en las colonias. Por eso, Sam Ramírez llegó a Edimburgo en 1942. Nacido en Belice, entonces colonia británica, Sam llegó a una ciudad fría. Primero pensó que se volvería cuando pudiera al Caribe. Aunque se encariñó de la gente del barrio de Leith. Descubrió que no lo trataban mal por ser negro, caribeño, bajito. O sea, por parecer de todo menos escocés. Lo emborrachaban. Y él, como caribeño, aguantaba el ritmo. Allí, en Leith, se enamoró del Hibernian. En 1942 asistió a su primer partido. Y se sacó el carnet de socio.

Con 106 años, Sam Ramirez aún vive en Escocia, aún es hincha del Hibernian, aún paga su carnet y asiste al campo. Es el hincha más veterano del Hibernian. En más de 70 años siguiendo a los Hibs, los ha visto en Europa, los ha visto ganar una liga y bajar a Segunda. Pero nunca, nunca, nunca, los pudo ver ganar la Copa. El Hibernian había perdido 10 finales de Copa desde 1942. Su última copa era esa de 1902. Toda una vida.

Y finalmente, este sábado, Sam, con sus 106 años, se subió a un bus con otros hinchas de los Hibs, se trasladó hasta Glasgow, entró otra vez en Hampden Park y presenció otra final de copa. Ya eran 11. Pero con un gol en el último minuto, por fin, Hibernian ganó su copa. 114 años después, ganó la Copa y Sam Ramírez, emocionado, lloró. “Es el mejor día de mi vida”, le dijo a los periodistas con acento escocés, pues ya es uno de ellos.

1942. La guerra amenaza con destrozar la Unión Soviética. Hitler llama a las puertas de Moscú y un chico de 13 años trabaja en las fábricas para ayudar. Aunque con esa edad, este chico ya brilla como portero de hockey hielo. Poco a poco, destacará como portero, aunque en el fútbol. Antes de cumplir los 18, ya milita en el Dinamo. El mundo se abre delante de este ruso serio y profesional: Lev Yashin.

El mismo día que Sam Ramirez lloró de emoción, Valentina Yáshina lloró de rabia. La viuda de Yashin definió como una “vergüenza” el descenso a Segunda del Dinamo de Moscú, equipo en el que ‘La Araña Negra’ militó durante toda su carrera. El único equipo ruso que nunca había bajado.

“Es verdad, no soy una experta. Estoy muy lejos de los que toman decisiones. Pero me avergüenzo de ellos. ¡Vergüenza! Es la primera vez que desciende el Dinamo“, dijo la viuda de Yashin al diario ‘Sport Express’. Sí, Dinamo bajó después de perder 0-3 con el Zenit. “Suerte que Lev Ivánovich no lo ha visto. No se vio que lucharan. Queríamos celebrar en 2017 la apertura del estadio. Debíamos jugar contra el CSKA. ¿Y ahora qué? ¿Quién va a querer ir allí?”, comentó la anciana llorando por su marido, enterrado con una camiseta del Dinamo.

Dos ancianos llorando. Uno de rabia. Otro de alegría. El fútbol, sin hinchas, no es nada. Sin ancianos, no es nada. Ellos siguen siendo niños cuando rueda la pelota. Ellos transmiten la pasión a los nietos.

Foto de portada: GDU Photography

Related posts

Deja un comentario

*