Panamá es finalista

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Panamá ha alcanzado la segunda Final de Copa de Oro de su historia tras ganarle a México en un partido bastante plano hasta su tramo final. Si en Cuartos de Final ante un rival menor como Cuba supieron ganar proponiendo y controlando el partido pese a encajar primero, en Semifinales han demostrado saber ganar sin llevar la iniciativa y cediendo la posesión, intuyendo que su rival no sabría aprovecharla. El cambio de registro en equipos que no prefieren de forma explícita una u otra cosa tiene de por sí un mérito importante, digno de ser subrayado.

Más allá de ello, el choque fue extraño en lo que a su desarrollo se refiere. México, con el mismo once y el mismo esquema que en Cuartos de Final, no lograba imponerse a una peleona Panamá, que también repetía once y esquema –con Alberto Quintero y Marcos Sánchez cambiados de banda–. En parte se debió al buen repliegue canalero, pero tuvo mucho peso la incapacidad de generar jugadas de ataque de México. El Tri no fue capaz de elaborar cualquier tipo de jugada en el centro del campo. La incapacidad de Carlos Peña para llevar las riendas en la medular propició que los del Chepo de la Torre solo fuesen capaces de aparecer colgando balones a los delanteros o por bandas. En la izquierda, el adaptado mediapunta Marco Fabián intentaba tirar del equipo con sus apariciones en el carril central y sus centros. En la derecha, Luis Montes intentaba imitarlo, aunque con menos trascendencia y menos efectividad. El doble ‘9’ quedó aislado progresivamente y Panamá encontraba espacios para contragolpear e incluso proponer en sus periodos más largos de posesión.

No obstante, Panamá no estuvo tan lúcida como en momentos anteriores de la Copa y no lograba hacer daño. Solo simples acercamientos. El partido estaba condenado a ser un pulso entre ambos por ver quién imponía su propuesta y quién fallaba menos. No fue un partido de ocasiones o de mucha ida y vuelta sino de errores puntuales. Ambos equipos se hicieron muy previsibles y solo un error grave permitiría la apertura del marcador. Un error como el de Adrián Aldrete, lateral izquierdo mexicano, que intentando salir por banda perdió la pelota ante un Alberto Quintero que no tuvo que pensar mucho para asistir a Blas Pérez y generar el 1-0. También en derecha el volante del Chorrillo da muestras de calidad.

Tan solo habían transcurrido 13 minutos y México no cambió en exceso como reacción a ese gol en contra. No perdió los nervios, pero tampoco resolvió sus problemas de juego. Siguió intentando aparecer por las bandas, confiando en que Marco Fabián se sacase algo de la chistera. Mediado el primer tiempo, México encontró un fallo de Panamá para igualar la contienda. Centro de Marco Fabián al segundo palo y gol de Montes aprovechando la basculación excesiva del lateral Carlos Rodríguez y el despiste en la vigilancia defensiva de Gabriel Gómez.

El empate tampoco cambió nada. Panamá se acercaba cuando podía y defendía, ya sin fisura alguna, a una México que solo llegaba con sus hombres de banda. La espesura y la previsibilidad propiciaron que el ritmo bajase poco a poco y que los únicos acercamientos, en la mayoría de casos disparos lejanos, no fuesen lo suficientemente relevantes como para contarlos como un highlight. De la Torre no quiso esperar a que Peña apareciese y en el descanso lo sentó por Jorge Enríquez. La decisión acabaría teniendo efectos positivos, pues el interior de las Chivas de Guadalajara sí generaría peligro por el centro.

Cuando México estaba mejorando, el balón parado volvió a marcar diferencias. Ese tipo de jugadas no atienden ni a libretos de partidos ni a méritos. En un córner servido desde la banda izquierda un error en el marcaje del capitán de México, Joel Huiqui, sirvió para que Panamá avanzase a la Final con el remate de cabeza del central Román Torres. Se había alcanzado el minuto 61 en ese momento, y como es evidente, México empezó a tener prisa. Excesiva, quizá. Panamá se retiró claramente a campo propio para intentar aguantar las embestidas de un Tri algo aturdido que había instalado su defensa en la medular. Tenían que empujar, y con Marco Fabián, Enríquez y Montes no bastaba. Los laterales Layún y Aldrete se quedaron casi fijos en el ataque, desplegados como si de extremos se tratase, forzando a que por dentro se juntasen hasta 5 efectivos.

5 minutos después del gol, De la Torre metió en el campo a un tercer ‘9’, Javier Orozco, para acabar de volcarse en el área panameña. Esa especie de 4-1-5 era en sí misma un riesgo necesario. México tuvo buenas ocasiones, algunas realmente difíciles de fallar. Rafa Márquez Lugo, Raúl Alonso Jiménez, Enríquez, Montes, Marco Fabián… todos tuvieron al menos una ocasión clara de gol, pero o bien demostraron falta de definición o bien se toparon con el veterano Jaime Penedo en el arco, que hizo varias paradas impresionantes. La adelantada zaga mexicana propició algún contragolpe suelto de Panamá, pero ninguno peligroso toda vez que el equipo se había echado atrás para defender.

México se iba frustrando poco a poco y cada vez creía menos en sí mismo. Julio Dely Valdés optó por meter al central Harold Cummings para defender con 5 efectivos durante el tramo final. La contención de los centrales y el cierre de Carlos Rodríguez por la banda de Montes fueron fundamentales para mantener el 2-1, al igual que las ayudas de Godoy y de los atacantes de banda. Pese a llevar a un equipo B, el favoritismo en este encuentro recaía en el equipo de México. Han caído eliminados y se vuelve a cuestionar mucho a José Manuel de la Torre. México no jugará una 4ª Final consecutiva ante Estados Unidos. La última vez que no se dio esta Final fue en 2005, donde se cruzaron, como harán el domingo, Estados Unidos y Panamá.

Foto de portada: Nicolas Raymond.

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