El abuelo que todos soñamos

Luis Aragonés portada- Doha Stadium Plus

Se pueden decir muchas cosas bonitas de Luis. Nos gusta pensar que le gustaría saber que un tipo de fútbol como era él, dejó de ser un personaje famoso de las páginas de información deportiva pues todo el mundo, incluso los que no siguen el deporte, lo acabaron conociendo. Y apreciando.

Luis Aragonés - Doha Stadium PlusLuis Aragonés comentando un partido para Al Jazeera. Foto: Doha Stadium Plus.

Sus años salvajes en el Atlético. Su manera de gritar y charlar con Samuel Eto’o o Reyes. Su duelo con Romario en el Valencia. La Eurocopa de Viena. En 2008 muchos dejaron de ver en Aragonés esa figura cómica, paternal, entrañable, y descubrieron lo que los futbolistas ya sabían: que era un buen entrenador de fútbol. Muchas veces gruñón, tenía ojos bondadosos. Los del abuelo que reprime al nieto y le duele. Pues lo que quiere es abrazarlo. Durante muchos años el carácter sincero de Luis lo convirtió en el objetivo de las cámaras. Un día se peleaba con un periodista, otro con un hincha grosero. Un día soltaba un taco, el otro te salía con un refrán vulgar y divertido. Luis era un sabio de la calle. No de las aulas.

Nació en Hortaleza, en Madrid, y se pateó todos los campos de los madriles. Sus primeros golpes a un balón fueron en la mejor escuela: la calle y el patio del colegio. Luego llegó Getafe y el Real Madrid lo fichó, aunque parecía destinado a no poder vivir jamás una relación amorosa con el Madrid. Durante muchos años perteneció al equipo blanco, aunque siempre se marchaba cedido. Recreativo, Hércules, Úbeda, Oviedo

Con los asturianos debutó en Primera. Luego llegó el Betis y la gente descubrió a un centrocampista de casta y talento. Lo llamaban ‘zapatones’ por su estilo. Con 26 años, el Atlético lo fichó. Era 1964 y nació una relación maravillosa. Fueron 10 años en el Manzanares, 10 años de gloria. Era esa época de patilla larga, pantalón de pata elefante y camisas con cuellos chillones. Luis jugaba de interior y mandaba en el césped. Era un jugador con llegada, de los que nunca se escondía. Metía muchos goles. Fueron 372 partidos marcando 172 goles. Se ganaron 3 ligas, 2 copas y en 1970 fue máximo goleador de Primera empatado con Gárate y Amancio.  Aragonés, ya veterano, se retiró en 1974.

Ese 1974. Las botas las colgó en noviembre. Unos meses después de esa herida que nunca cerró: la final de la Copa de Europa. El Atlético se metió en la final después de una batalla contra el Celtic épica. El rival era el Bayern, un club alemán que había ganado algunas ligas, pero nunca la Copa de Europa. Tenía internacionales, cierto. Pero ninguna Copa de Europa, como el Atlético. El partido se jugó en Bruselas. Acabó 0-0. En la prórroga, el Atlético sacó una falta en la frontal y Aragonés ni dudó: la tiraría él. Marcó. Y en el último minuto, Schwarzenbech disparó desde su casa y empató. Las normas dictaminaron que se jugaría un segundo partido y allí los bávaros arrasaron por 4-0. Nació la leyenda del Bayern. El Atlético se quedó en pupas, aunque luego ganaría la Intercontinental que el Bayern no quiso jugar contra Independiente. Esa Copa Intercontinental fue el primer título del sabio en el banquillo. En el Manzanares todo el mundo tenía claro que Luis mandaba y era listo. Así que colgó las botas y en la décima jornada de liga ya era el entrenador. Luego llegarían otros equipos como el Betis, el Barça (aquí vivió el famoso motín del Hesperia), Espanyol, Valencia, Sevilla, Oviedo y un Mallorca con él que soñó en Europa. Curiosamente, sólo ganó un título, una Copa con el Barça, que no fuera con ‘su’ Atlético. Con el ‘Atleti’ ganó una liga, tres copas, una Supercopa y logró el ascenso del 2002 abandonando el infierno.

Entre 2004 y 2009 fue seleccionador. Debutó contra Venezuela (3-2) y en el Mundial del 2006 no pasó de los octavos. En Alemania causó sensación. Los alemanes tenían al educado Klinsmann. Lippi, un señor italiano, ganó el torneo. España tenía a un tipo que dejaba fuera de juego siempre a los traductores con su ingenio. Cuando España fue eliminada en Hannover por Francia, Luis salió por la zona mixta con los ojos en llamas. “Con que jubilados y viejos, ¿eh? La puta madre que nos parió”, soltó en referencia al optimismo de la prensa española unos días antes, jubilando al bueno de Zidane antes de la hora. Entonces Aragonés decía que se largaría. Pero algo le pasó por la cabeza. Quizás la sensación que los jugadores no le fallaría. Y se quedó. El resto, es historia. En 2008 España ganó la Eurocopa en Viena y Luis se pudo jubilar con el deber cumplido. España inició una época de éxitos deportivos. Aragonés no fue el culpable, pero sí una pieza clave. Supo aprender con casi 70 años. Supo escuchar. Supo entender el fútbol. En una entrevista con la revista Panenka, Xavi recordaba esto:

“Él siempre nos repetía que las condiciones físicas no las teníamos, pero que técnicamente estábamos entre los cinco mejores del mundo. Pues vamos por ahí, dijimos. Subía a la habitación y hablábamos mucho. Que el estilo era clave, que los jugadores de talento debían estar en el campo…”.

Pese a una experiencia en el Fenerbahçe turco, no entrenó más. Se quedó en la grada, mirando partidos. Con su lugar destacado en la iconografia del fútbol español. Convertido en el tipo que unió la España de los que se largaban a Alemania en 1970 con los que se largan en 2014. Con las formas sinceras y divertidas de las pelis de los 70, con los métodos de trabajo modernos de los Mourinho y Guardiola. Convertido en un pedazo de historia.

Luis fue un sabio. De los de verdad. De los sabios que entienden de las cosas importantes: de la gente, de las personas, los sentimientos. Un sabio popular, de café y grada de estadio. No de los sabios que se autoproclaman así, vistiendo de forma elegante y despreciando con la mirada a los que no han leído tratados de filosofía. Luis era un sabio, pues le pusieron ese mote y lo aceptó resignado, mientras le gritaba a un crío de 19 años que conducía un Ferrari. Y abrazaba al niño de 12 que le pedía un autógrafo. Un sabio de verdad.

Luis fue el abuelo que muchos soñamos. Que todos soñamos. Bondadoso, divertido, cariñoso. Con mil batallas. El abuelo que te defiende, te tira de las orejas si toca y luego te cuida. El abuelo que te permitía sacar pecho con los amigos. El que lo veías en el sofá callado, con piel curtida y mirada serena…. y pensabas: lo que ha vivido. Lo que ha luchado. Lo que ha ganado.

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5 comments

Tremendo articulo!!!!!Vaya manera de resumir la vida de un hombre que le enseño al fútbol español el camino del exito.

Felicidades Toni.

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