A escasos 20 metros

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Llegaba pronto y ella, evidentemente, ya estaba allí. A escasos 20 metros. Se sentó en el mismo sitio de siempre y la miró fijamente: era casi un ritual. Se veían aproximadamente cada quincena -antes la fecha era más fácil de concretar, pero en los últimos años todo había cambiado demasiado y ahora elementos ajenos marcaban aleatoriamente el día y la hora de sus encuentros-. Estaba quieta, erguida, y él la contemplaba ensimismado, ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor. Le transmitía frialdad, claro. Pero sabía que era cuestión de tiempo que ese sentimiento agudo de soledad se convirtiera en desenfreno, para bien o para mal, como tantas otras veces.

FIL NORWICH TOTTENHAM 08

Él. Foto: Focus Images Ltd.

Juntos habían vivido momentos buenos y otros no tan agradables. A veces pensó en no volver a estar tan cerca de ella: no se sentía con las fuerzas necesarias para superar tanta amargura cuando todo se truncaba. Y a menudo se truncaba. Ella, lógicamente, callaba. Nunca decía nada. Todo lo tenía que decir él. Su relación era un tanto extraña porque durante más de 35 años él la sentía como una parte importante de su vida: había sido cómplice silenciosa de instantes de felicidad suprema que jamás sería capaz de olvidar. Sí, esas sensaciones eran insuperables. Almacenaba algunas de sus mejores vivencias con orden en su mente y siempre, en el último momento, en un flash, aparecía ella. Alguna vez pensó que algo o alguien la había cambiado, que ella ya no era la misma, pero no le dio demasiada importancia a un hecho que para él era absolutamente superfluo: “el desgaste del paso del tiempo nos cambia a todos, también a mí”, reflexionaba él a veces. Al fin y al cabo esos 20 metros de distancia marcaban un punto de encuentro, no de separación. Nunca quiso acercarse más porque en el fondo era un poco supersticioso: “lo que está bien, o al menos lo que no está mal, mejor no tocarlo”. Alejarse tampoco. Eso nunca. Abandonarla sí y sin embargo siempre supo que su cercanía le daba calor en invierno y un soplo de aire fresco en verano. Un cúmulo de emociones que él identificaba como únicas: ese era su mundo.

Viéndola ahí, observando esa distancia mínima que los separaba, él se sentía feliz. Y eso era más, mucho más, que cualquier instante puntual de desesperación por el que tuviera que volver a pasar. Sí, estaba convencido que que por propia voluntad no la dejaría sola nunca, al fin y al cabo… ¿por qué iba a hacerlo? Y si en algún momento le entraban dudas, pensaba en cómo sería su vida sin esa relación de connivencia que ambos -decía él- tenían desde hace décadas.

Agachó la cabeza, sacó de su bolsa de plástico la revista del club y se puso a leerla por la última página que tenía marcada. Había entrado con tiempo en el estadio pero el barullo en los alrededores se hacía cada vez más intenso. Levantó la vista de nuevo y con semblante serio murmuró: “Hoy no me falles, amiga, hoy tenemos que volver a ganar”. Y acto seguido sonrió inconscientemente. A escasos 20 metros, sin inmutarse, se encontraba ella: su portería.

 Foto de portada: Focus Images Ltd

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17 comments

Que alegría poder encontrar verdadera literatura vinculado al mundo del fútbol. Yo soy un gran aficionado que cada vez está perdiendo más y más interés por el deporte rey debido a los tediosos, soeces y altisonantes debates en televisiones, radios, periódicos… Pero gracias a esta página y a vosotros recupero el interés por las verdaderas historias del fútbol (desde todas las alineaciones del Liverpool de la temporada pasada hasta este artículo).
Gracias y seguid así!

Muy amable, César. Te lo agradezco en nombre de todos. ¡Que guste es una de las cosas que da sentido a animarse a escribir este tipo de textos que generalmente tienen menos repercusión!

Después de Papá y la futbolista, sabe a poco. Aún con todo, una delicia leerlo. Salen con cuentagotas, pero es que son muy buenos.

Me siento identificado, estoy ubicado detrás de la portería en el estadio de mi equipo y no siempre, pero de vez en cuando me gusta llegar pronto, sentarme a leer o simplemente a observar como poco a poco el estadio va llenándose de vida al paso de los minutos, gran sensación…

De hecho ya e empezaba a imaginar a una mujer igual de viaje que el protagonista, pero cuando se acercaba el tramo final pensé: ¡qué poco de texto para el desenlace! Me has seducido. Gracias

Gracias por contar historias relacionadas con el fútbol. Y por crearlas. Difícil no sonreir al final del texto 😉

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