El sueño americano

MLS

Este pasado fin de semana daba inicio la Major League Soccer norteamericana. Mi atención se centraba en un Citrus Bowl Stadium de Orlando abarrotado con 62.000 espectadores que teñían de violeta las gradas para presenciar el debut de su equipo en la competición. Mi interés en ese encuentro no se producía por el debut oficial de Kaká con Orlando City, ni tampoco porque enfrente se estrenaba el New York City de David Villa, el equipo que el Manchester City ha creado y al que también se incorporará Frank Lampard cuando finalice su temporada en la Premier. Más allá de lo atractivo que pudiera resultar el propio partido o el debut de esas dos leyendas del fútbol mundial, mi gran curiosidad sobre lo que iba a ocurrir en la ciudad de Disneyworld tenía su origen algo más lejos aún y algunos años atrás en el tiempo.

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Febrero de 2008, Austin, Texas. Es mediodía y suena el móvil en mi habitación de la Co-op -una especie de residencia de estudiantes-. La conversación apenas dura unos minutos, en los que apenas soy consciente de lo que está sucediendo. Tras colgar, se me empieza a hacer un nudo en el estómago, se me eriza la piel, casi se me saltan las lágrimas, quiero gritar de emoción. Me miro a los ojos en el espejo y cierro los puños celebrando conmigo mismo a lo Rafa Nadal lo que me acaba de suceder.

AustinDowntown Skyline, Austin, Texas. Foto: Austin Aglow.

Mat Prewett, el entrenador del UT Soccer Club -equipo de fútbol en el que estaba jugando mientras estudiaba en la University of Texas at Austin mi último año de carrera- es quien me da la noticia en esa conversación que me cambió la vida. Meses antes nos habíamos proclamado campeones de la liga regular universitaria del norte y centro de Texas y campeones de la Region IV South Championship -algo así como unos play-offs de la conferencia sur del país- que se disputó en el área metropolitana de San Antonio, lo que nos dio acceso a disputar el campeonato nacional en Pensacola, Florida -la ciudad situada más al oeste del estado de los cocodrilos y famosa por su base portuaria militar-.

Foto UT2UT Soccer Club. Foto: Carles Vicens.

De modo que a finales de noviembre de 2007 -la competición universitaria transcurre en su totalidad entre finales de agosto y finales de noviembre-, tras un largo viaje en autocar -que tuvimos que compartir con el equipo femenino que también se había clasificado- en el que cruzamos medio estado de Texas, el estado de Louisiana y el estado de Mississippi, nos encontramos realizando una suave sesión de entrenamiento previa al inicio del campeonato al día siguiente. La aventura fue breve pero intensa. Todo el play-off se disputaba en un fin de semana largo, de jueves a domingo, de forma que disputamos los dos primeros encuentros de la fase de grupos el mismo jueves y el último el viernes por la mañana, clasificándonos para los octavos de final que jugaríamos por la tarde contra un equipo universitario de Michigan. El partido -que fue de absoluto dominio nuestro- terminó 1-1 tras los noventa minutos reglamentarios y la prórroga, y se tuvo que decidir en una fatídica tanda de penaltis -en la que lancé fuera un tercer penalti con el que soñaría durante meses– que nos dejó fuera del campeonato antes de tiempo -acabó siendo campeón el otro equipo que se había clasificado en Texas, de la universidad de Lubbock, que en la liga regular había quedado por detrás de nosotros-.

El entrenador que nos condujo a vivir todo aquello, que me ayudó a integrarme y a entender la idiosincrasia de una sociedad que cree en el sueño americano y en la meritocracia, que me permitió vivir desde dentro un equipo genuínamente americanizado, tal como si formáramos parte de un elenco de jóvenes protagonistas de una típica película de deporte universitario estadounidense, fue quien me dio la noticia y pese a su pose de tío duro, a su habitual semblante serio, supe que se sentía profundamente orgulloso.

Phil Rawlins, un directivo del Stoke City con negocios de éxito en Estados Unidos y con residencia en Austin, había decidido crear una franquicia directamente vinculada al club de Stoke-on-trent, que pocos meses más tarde iba a concluir una exitosa temporada en la League Championship que le conduciría a la Premier League.

Esa nueva franquicia, los Austin Aztex, se iba a convertir en el primer club profesional de fútbol en la capital de Texas desde hacía más de una década. Compró su plaza -así es como funciona el deporte profesional en Norteamérica, donde no hay ascensos ni descensos- en la USL-1, que era la división de mayor nivel de todas las ligas que organizaba la federación de fútbol norteamericana y que se desarrollaban al margen de la famosa Major League Soccer; de modo que iba a ser un equipo de algo así como una segunda división americana. No obstante, la franquicia no se inscribiría en dicha competición hasta la temporada 2009. Mientras, iba a crear un filial que iba a competir esa temporada de 2008 en una liga denominada PDL -Premier Development League- que se situaba dos divisiones por debajo de la mencionada USL-1.

foto contracteContrato Austin Aztex. Foto: Carles Vicens.

En PDL cada equipo podía inscribir a un total de 6 jugadores por encima de los 23 años y el club quería que yo -entonces con 25 recién cumplidos- ocupara una de ellas con vistas a formar parte de la plantilla del primer equipo en la temporada siguiente. Así que, de repente, me vi tramitando un nuevo visado para deportistas profesionales con el abogado del presidente -un señor al que le caí muy bien y que me contrató para enseñar a jugar a fútbol a su hijo de 11 años en mis tardes libres- y empezando a entrenar con un equipo nuevo, totalmente profesionalizado -teníamos compromisos institucionales con el club, debíamos atender a la prensa, estábamos obligados a acercarnos a la grada a firmar autógrafos y estar cerca de los fans durante cinco minutos tras cada encuentro en casa; el trabajo de márketing que se hizo fue extraordinario para que pronto la ciudad se identificara con el equipo-, con jugadores que provenían de todos los rincones del país y con un cuerpo técnico compuesto por Bobby Murphy -un entrenador estadounidense, director de una de las academias de fútbol base más prestigiosas del país, que desarrollaría las funciones de segundo entrenador, fan incondicional del estilo del Arsenal de Arsène Wenger y del que aprendí mucho- y Wolfgang Sühnholz -un entrenador alemán que había sido seleccionador estadounidense sub-20, que me convirtió en el cerebro del equipo y me dio toda la confianza que necesitaba, afincado en Estados Unidos desde que se retiró como futbolista en los California Surf tras jugar con varios equipos de la liga profesional norteamericana en los años setenta, después de que una lesión le impidiera seguir en lo más alto tras haber despuntado como joven promesa en el Bayern de Münich de Beckenbauer entre 1971 y 1973-.

Wolfgang SuhnholzWolfgang Suhnholz (Foto: austinchronicle)

Además, Adrian Heath -entrenador inglés que llegó a dirgir al Sheffield United y fue asistente en equipos como el Sunderland, Leeds United y Coventry City, y que como jugador se le considera una leyenda del Everton y llegó a jugar también con el Manchester City, el Stoke City, el Aston Villa y el Espanyol entre otros equipos en la década de los ochenta-, que iba a ser el entrenador del primer equipo la temporada siguiente, ya se encontraba en Austin para seguir de cerca la evolución del equipo y valorar qué jugadores iban a ser seleccionados para formar parte de la plantilla de su equipo, y desarrollaba las sesiones de entrenamiento matinales -entrenábamos en doble sesión cada día- para familiarizarse con las características de cada jugador.

De esta forma la presión era enorme. Por una parte había una competencia feroz por un puesto en el equipo, llegaban jugadores nuevos cada semana porque el club quería probar y ver a muchos. Por otra parte queríamos agradar a Adrian, que iba a tener un papel capital en la confección de la plantilla del primer equipo y eso provocaba que cada sesión de entrenamiento tuviera una intensidad absoluta. También necesitábamos obtener buenos resultados para que el club estuviera contento con nosotros y confiara en que el mayor número posible de jugadores pudiera tener un contrato profesional la temporada siguiente. Con todo ello el equipo -jugando con un 4-3-3 en el que jugué de medio centro organizador y que desarrollaba un juego ofensivo basado en la posesión del balón y radicalmente opuesto al estilo físico y de muchísimo ritmo de la mayoría de los equipos, muy influenciados por un estilo de juego británico debido en gran parte a que la Premier League es la competición futbolística de mayor seguimiento en el país, y a que otras ligas como la española son más difíciles de seguir por televisión- consiguió alzarse con el primer puesto en la liga regular de la sub-conferencia que englobaba los estados de Texas, Louisiana y Mississippi -Mid South Division-, y además estuvo a punto de pasar a segunda ronda de la Open Cup -una competición al estilo de la FA Cup inglesa-, al perder en la tanda de penaltis contra los Atlanta Silverbacks, que competían precisamente en USL-1.

aztex 2008 2El equipo (2008). Foto: Carles Vicens.

De este modo, tan solo siete meses más tarde, a finales de julio y con otro título de liga regular, me encontraba de nuevo en Florida, esta vez en Orlando, para disputar las finales de la Southern Conference -semifinales y, si ganábamos, final- cuyo vencedor accedería a la fase final nacional -una especie de final four a la que accedían los campeones de cada una de las cuatro conferencias del país-. La semifinal se convirtió en el partido más largo que he jugado jamás, ya que tuvo que detenerse durante más de una hora debido a una alarma de tormenta -a pesar de lo mucho que me sorprendió aquello, parecía ser que era algo habitual en Florida-. Vencimos precisamente contra el filial de los Atlanta Silverbacks y anoté mi único gol con los Austin Aztex aquella tarde, con un tiro a bote pronto desde la frontal, a un balón que me llegó caído del cielo tras un centro desde el sector derecho rechazado por un defensor. El balón se coló por toda la escuadra e hizo que la espera para marcar mi primer gol valiera la pena.

Austin ChronicleAficionados del club. Foto: Austin Chronicle.

Hubo dos aspectos más de aquel encuentro que iban a cobrar vital importancia a muy corto plazo. Por una parte el partido terminó más tarde de lo esperado debido al parón y debíamos recuperarnos porque al día siguiente disputábamos la final frente al equipo fronterizo de Texas, Laredo Heat -que defendía campeonato nacional, había llegado a las dos últimas finales nacionales y había terminado segundo por detrás de nosotros en la liga regular de la Mid-South Division, donde les habíamos derrotado en los dos partidos disputados por 3-1 y 0-1-. Y por otra parte, perdíamos a Beto Papandrea -un central argentino de enorme clase y mucha veteranía, con quien entablé buena amistad y quien llegó a presentarme a su familia, entre ellos a su padre, Luis Papandrea, que había sido jugador profesional en Argentina en los años setenta jugando para Ferro Carril Oeste y Racing Club de Avellaneda entre otros, y que tras retirarse como jugador se convirtió en entrenador, llegando a ser asistente en Ferro Carril Oeste, y que había recibido y aceptado una oferta para entrenar en Estados Unidos y desde entonces tanto él como su familia habían residido en el país norteamericano- por ver dos amarillas en la semifinal.

La final empezó bien, dominábamos el partido y pronto AJ Goldbolt -que había formado parte de la plantilla de los Kansas City Wizards de la MLS en la temporada anterior- marcó de penalti cometido sobre Ezzual Lewis -al que llamábamos Ezzi y era uno de los dos jugadores jamaicanos que teníamos en la plantilla, junto al enorme central Kieron Bernard, y que habían jugado para la selección nacional de su país en categorías inferiores-. Sin embargo, al filo del descanso en un encontronazo con jugadores rivales, AJ cometió una irresponsabilidad imperdonable y reaccionó tal como esperaban los rivales que lo increparon tras la jugada, propinando un cabezazo que le costó la expulsión y nos dejaba en inferioridad numérica a falta de 50 minutos para finalizar el partido. La segunda parte fue un drama. En 10 minutos ya habíamos encajado dos goles y la magia que había envuelto al equipo durante todos aquellos meses pareció desvanecerse por completo aquella tarde-noche de humedad extrema en Orlando. El partido terminó 3-1 y con ello la temporada. El viaje de vuelta se hizo duro y estuvo lleno de especulaciones y rumores por parte de los propios jugadores acerca de qué sucedería de cara a la temporada siguiente. Los días posteriores fueron muy estresantes para mí. Primero debía esperar la llamada del club para saber si contaban conmigo de cara a la siguiente temporada y segundo debía comprar un billete de avión para regresar a Mallorca -hacía más de un año que estaba en Estados Unidos y unos ocho meses desde que había visto a mi familia por última vez- que no había podido adquirir antes ya que no sabía si llegaríamos a la ilusionante final four. Entre tanto estrés, se celebró la gala de final de temporada -que el club organizó en un tiempo récord debido a que muchos jugadores íbamos a abandonar la ciudad en breve- en un local de Austin y en ella fui galardonado como Clubman of the year 2008.

foto trofeoEl trofeo. Foto: Carlos Vicens.

Finalmente llegó la llamada, me ofrecieron un contrato por una temporada ampliable a otra y con él en la maleta, pendiente de mi firma, regresé a casa. Fue una decisión difícil pero la distancia temporal -la pretemporada no se iniciaba hasta enero de 2009- y el hecho de que no fuera una oferta económica que cambiara mi vida hicieron que acabara no regresando a Austin y con el contrato -que todavía conservo- para jugar en USL-1 y dedicarme profesionalmente al fútbol en un cajón. Se me escapaba una nueva oportunidad -esta ya definitiva- de convertirme en jugador profesional tras haber jugado en las categorías inferiores del RCD Mallorca entre los 15 y los 20 años y no haber superado el corte para llegar al filial, teniendo que conformarme con jugar a nivel de tercera división en otros equipos de la isla.

El destino -y los negocios, por supuesto- hizo que a las dos temporadas los Austin Aztex se mudaran precisamente a Orlando. Nuevos inversores entraron en el club y se llevaron la franquicia a la cuidad del famoso parque de atracciones, cambiando su nombre original por el de Orlando City Soccer Club. Los jugadores con contrato siguieron en la franquicia así como el propio Adrian Heath, que consiguió ganar la liga y convertirse en entrenador del año en sus dos primeras temporadas con el equipo en Florida. Tras estos grandes resultados, el club -que seguía presidido por Phil Rawlins- decidió aspirar a cotas más altas y compró una plaza para convertirse en ese renovado equipo al que este pasado domingo 8 de marzo observé debutar en la Major League Soccer, con sentimientos encontrados de profunda alegría y nostalgia al mismo tiempo.

Foto de portada: Joe Shlabotnik

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4 comments

Muy buena historia!!! Espero que en tu etapa como entrenador sigas progresando, ya que transmites mucho, a poco que a tus pupilos les transmitan la mitad en tus charlas técnicas que aquí, irás subiendo en el escalafón.

¿Hay tanta pasión por el futbol univesitario en Estados Unidos, como por el Fútbol Americano o Basket, o aun hay mucha diferencia?

Sensacional. Qué historia más preciosa y qué bien demuestra que una decisión presente no sabes qué deparará el futuro.

Una historia con mucho aroma MI.

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