Empate a cero

FIL BLACKBURN HUDDLESFIELD 01

Tardé en ver un gol en Inglaterra lo mismo que habría tardado en resolver una integral, un año y dos meses, y encima fue en un amistoso. He tenido muy mala suerte con los 0-0 en mi vida. Ahora cada vez que voy a un estadio británico y se van sin goles al descanso empiezo a sufrir como lo hacía resolviendo problemas de Matemáticas: supe que iba a suspender Selectividad desde el día en que comencé Primaria. Lo bueno es que ese 3 que me pusieron no me pilló por sorpresa. En el historial ya llevo cuatro empates sin goles y, bueno, ni tan mal. Uno se acostumbra a no ver ocasiones y comprende que de la misma forma que los disparos a veces entran y los aficionados los celebran eufóricos, otros van fuera, poniendo el mejor caso de que los hay, con tan mala suerte de que de esos yo no me pierdo ni uno.

Compré mi primer billete a las islas para ver un partido en Anfield a mediados de enero de 2012, a modo de regalo de Navidad. Todavía hoy pienso que el remate de cabeza de Kuyt en el área pequeña entra en la portería del Stoke, celebro un gol y estas líneas no tienen ningún sentido. Pero lo mandó fuera. Ni siquiera jugó Lucas porque un mes antes se había destrozado los ligamentos de la rodilla y yo me puse su camiseta con el 21 a la espalda porque tenía que estrenarla. Aquella tarde comenzó mi sentimiento de rechazo hacia Adam y su tripita y como señal de protesta aún no he vuelto a entrar a un McDonalds. Cogí el avión de vuelta pensando en lo desgraciado que era: primer partido en la Premier League, 0-0 y clase el lunes.

Más o menos un año después, en febrero de 2013, me propuse romper el maleficio. Viajé a Blackburn para probar el olor a Championship, segunda división, y casi me matan del disgusto, pues yo pensaba que eran malos pero no tanto. Ewood Park resultó ser una nevera y el mejor de los disparos se estrelló contra el lateral de la red: la afición lo celebró pensando que era gol por el efecto visual. Ojalá el árbitro hubiese estado igual de ciego. La realidad es que fue un 0-0 contra el Leeds y tocó regresar al hotel con una mano delante y otra detrás, con lluvia, cielo gris, cabeza alta y con la advertencia de elegir muy bien mi próximo partido.

Blackburn Rovers v Bolton Wanderers Sky Bet ChampionshipEwood Park, estadio del Blackburn Rovers. (Foto: Focus Images Ltd)

Iba a ser cuestión de tiempo, o eso me gustaba pensar cuando me mudé unos meses a vivir a Brighton. Si suponemos que el Whitehawk-Carshalton Athletic de la séptima división no cuenta como partido porque lo único que tenía nivel eran las patatas con queso del descanso, mi primer gol en territorio británico lo marcó Jonjo Shelvey en un amistoso. ¡Un amistoso! Inglaterra-Austria de categoría Sub 21, jugado en el Amex, estadio del Brighton, que terminó 4-0. Un partido del que he olvidado casi todo lo que vi. Reconozco que luego atravesé una racha goleadora muy buena y hasta vi al Wigan ganar la FA Cup en Wembley, algo que nivelaba la balanza de penas anteriores, justo antes de las vacaciones de verano.

“Esas historias de las que no quieres saber el final porque… ¿Cómo van a acabar bien? Pero al final todo es pasajero, como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón porque tienen mucho sentido aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Creo, señor Frodo, que ya lo entiendo, ahora lo entiendo: los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran. Pero no lo hacen. Siguen adelante porque todos luchan por algo”. Samsagaz Gamyi, El Señor de los Anillos.

Tampoco pretendo crear un drama, pero en agosto volví a Inglaterra y mi primer destino fue Goodison Park. Me comí un 0-0 de manual entre el Everton y el West Brom que casi me hace llorar de pena y mala suerte. Hace unas semanas vino a visitarme un amigo y como hoja de ruta le dije que iríamos a Blackburn para matar dos pájaros de un tiro: él veía su primer partido en tierras inglesas y yo me tomaba la revancha por la vez anterior. Se fueron al descanso sin goles y me eché a temblar, aunque no hacía frío. Cuando se acabaron los noventa minutos el marcador mostraba un 0-0 bien clarito entre el Blackburn y el Huddersfield, el cuarto de mi vida. Mi amigo volvió a España con su ceroacero. Ahora me lo tomo con gracia porque un día después pude ver en directo el 4-1 que le endosó el City al United y, bueno, quizás es que lo que tengo es suerte por poder ver tantos partidos, aunque muchos acaben sin goles.

Y un saludo a Kuyt.

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