Un inesperado café en Nor∂ragøta

geza-ok-3

Lo confieso, a diferencia de los grandes amantes de la cultura futbolística que suelen correr por estos lares, un estadio de fútbol vacío no me dice mucho. Tal y como me parece una experiencia maravillosa el poder asistir a un partido de un equipo que no es el tuyo, entiendo que hay mejores maneras de invertir unos días de turismo que ir a ver una estructura vacía de jugadores y aficionados, que son los que al final dan sentido a la construcción. La sensación de visitar un gran estadio vacío me parece algo insulsa, como visitar una sala de conciertos sin cantantes o un cine sin películas en proyección.

Debo admitir que he roto esta norma no escrita cuando he estado de visita en Islandia y las Islas Feroe. ¿Por qué? Primero por la singular ubicación que suelen tener los campos en estos países, ya sea al pie de increíbles montañas, compartiendo espacio con cascadas o en prados llenos de ovejas. También porque son lugares que representan el fútbol que me gusta, abiertos al público, en los que puedes entrar para dar unos toques de balón, probar unos disparos a portería y acabar en las oficinas del club probándote una camiseta del equipo en cuestión.

geza-ok-6
Para la vuelta de la segunda ronda de previa de Champions, el Vikíngur Gøta no podrá jugar en su estadio. Su idílico campo no reúne las mínimas condiciones UEFA. Foto: marcadorint.com

Así, nada más enfilar la curva que precede a la entrada de Nor∂ragøta, se hace casi imposible hasta para los más ateos en esta devoción no detenerse a admirar las vistas del Sarpuger∂i con la colina al fondo tras la que se sitúa Leirvík, el último pueblo antes de coger el túnel submarino que conecta con la isla de Bor∂oy. De hecho este estadio y el supermercado -muy importante también, más tarde veremos por qué- son casi los únicos puntos de interés que el pueblo puede ofrecer al visitante extranjero. Como no había nada mejor que hacer por ahí, nos acercamos a ver a unos chicos que estaban entrenando. Camisetas del Barça, Real Madrid, Manchester United… resultó ser el entreno del sub-18 del Vikíngur Gøta, club cuya primera plantilla se encontraba en Islandia para jugar la ida de la segunda ronda de la previa de la Champions League contra el FH de Hafnarfjördur. ¡Qué alegría! Aquel era el campo del Vikíngur Gøta, el campeón de las Islas Feroe al cual le guardaba una especial simpatía desde que unos meses atrás le dedicara un artículo a su portero, Géza Turi Tamás, el jugador más veterano -42 años entonces- en ganar un campeonato en Europa. En enero pude hablar con él para que me explicara cómo un jugador húngaro podía llevar 11 años en un sitio tan remoto como las Feroe y para que me contara también historias de cuando tuvo que salir a jugar 28 minutos de una previa europea en Old Trafford para medirse a Van Nistelrooy, Giggs y compañía.

geza-ok-2
Ya retirado, Géza Turi Tamás colabora con los equipos formativos del Vikíngur Gøta y de la selección nacional. Pese a ello, ni él ni sus hijos han pensado en nacionalizarse para jugar con las Islas Feroe. Foto: marcadorint.com

Sorpresas te da la vida, en una de las áreas, apartados de los juegos de posesión, había dos porteros demasiado talluditos como para ser miembros del filial. Alucinante, uno de ellos era sin duda el mitiquísimo Géza Turi Tamás, el hombre cuya historia me había fascinado unos meses antes y no estaba en Islandia, no, estaba ahí en carne y hueso delante de mí. Me acerqué por los alrededores del campo hasta el arco donde estaban ensayando una ronda de disparos y aproveché un momento de tregua para lanzarle: “Excuse me. Are you Géza?” Como es obvio, el hombre reaccionó con una evidente sorpresa. “Yes, what are you doing here? The boys are in Iceland now”. Le expliqué lo más rápidamente que pude que era aquel periodista con el que había hablado hacía unos meses y que aprovechando que estaba de turismo por la zona, le había visto desde la grada.

geza-ok-4
Fanni llegó a las Islas Feroe cuando tenía ocho meses y siempre ha soñado con volver algún día a Hungría. Foto: marcadorint.com

La tanda de disparos se reinició, lo que dio por concluida nuestra conversación de forma muy precipitada. No obstante, en el rato que seguimos el entrenamiento desde la lejanía me percaté de que a cada ejercicio que hacía Géza, tenía pegada detrás de la portería a una niña de unos diez u once años que sólo desviaba la atención de sus movimientos cuando tenía que salir a coger las pelotas que se habían ido fuera del campo. Recordé entonces que en la entrevista Géza comentó que su hija quería seguir sus pasos bajo los palos. Me acerqué a ella, le pedí si Géza era su padre y le pregunté cómo es que no estaba jugando la Champions. La sonrisita burlona de Fanni fue una de las cosas más bonitas de esa tarde: “My father is not playing anymore, he is too old”.

geza-ok-5
Pese a haber vivido siempre en Nordgøta, Fanni habla cuatro idiomas: feroés, húngaro, danés e inglés. Foto: marcadorint.com

Hasta aquí pensaba que llegaría la historia con los Turi, una divertida anécdota en la que me encontré a un entrevistado entrenar con un grupo de chavales. Sin embargo, cuando ya enfilábamos con el coche hacia la salida del parking, vi que desde el campo Géza solapaba la atención del partido que estaba disputando con la nuestra y nos levantaba los brazos para que nos detuviéramos. Al mismo tiempo Fanni se acercaba corriendo a nuestro encuentro: a su padre le haría gracia, si pudiéramos esperar media hora, invitarnos a un café en su casa.

La presión en las pequeñas comunidades puede ser difícil de soportar.

Ahí estábamos, en casa de Géza Turi Tamas, que con voz de bonachón nos explicaba que había dejado el fútbol ya a sus 43 años porque estaba harto de compaginarlo con su actividad como carpintero de aluminio. A lo que apostilló su mujer, Zsuzanna: “Nadie más que yo duerme con él, ahora le noto mucho más relajado por las noches. Ya no tiene jaquecas, se ha quitado una presión que no era buena. Además, que iba a trabajar por las mañanas, comía en una hora y luego entreno hasta las ocho y media”. Claro, la crisis económica también llegó al fútbol feroés y aunque los tres primeros años Géza gozó del régimen de profesional, sus ingresos fueron disminuyendo hasta que tuvo que buscarse un trabajo.

geza-ok-7
Fanni, Géza y Zsuzsanna, tres de los cuatro integrantes de la família Turi en las Islas Feroe. Foto: Marcadorint.com

Cuando se le interpela sobre la relativa presión que pueda haber en un sitio como Nor∂gøta sorprende con un elemento en el que nunca había caído: Soy la jefa del supermercado del pueblo, ¿tú sabes lo engorroso que resulta que te venga un lunes por la mañana un señor a hacer la compra y te recuerde el fallo del partido del fin de semana de tu marido? Sí, es cierto que en esta cultura la gente es muy educada a primera vista. Pero después hablan y hablan y, claro, aquí te acabas enterando de todo, ya sea en el campo o en el súper. Antes resultaba que mi marido era demasiado viejo ya, ahora tienen a uno de 20 años y le piden a Géza que vuelva”.

La cruda visión no exenta de ironía de su día a día en un entorno que de tan reducido puede llegar a ser agobiante produjo un gran impacto en mí, demasiadas veces empecinado en idealizar este tipo de sociedades. Qué mujer, qué fuerza. La claridad con la que expresaba sus ideas ante unos desconocidos me llenaba de admiración y cierta vergüenza, pues por primera vez me percaté de que, detrás de la pintoresca o exótica de un jugador húngaro en las Islas Feroe, existía una mujer que había tenido que criar a sus dos hijos, desde muy pequeños, en un país lejano y totalmente distinto al suyo: “Siempre me acordaré de lo que me pasó cuando llegamos, allá en el mes de abril. El principio de la primavera es lo peor de todo en este lugar, porque ahora lo ves verde y bonito y en invierno con la nieve también es pintoresco. Pero en abril todo es marrón, hay una masa uniforme marrón muy deprimente. Recuerdo que la cocina de nuestra antigua casa daba directamente a la montaña y cuando miré por la ventana y vi esa inmensa masa marrón no pude parar de llorar.

Cuando hay caza de ballenas, la carne se reparte entre los habitantes del pueblo.

Lo superó y 11 años después lo cuenta con una sonrisa. Sin embargo, ahora que Géza se ha retirado del fútbol, Fanni y Zsuzsanna intentan convencerle para volver a instalarse en su Hungría natal. De momento, sólo irán como cada año de vacaciones y volverán para que Fanni y su hermano sigan el curso escolar. Mientras, seguirán aprendiendo de experiencias únicas como la de qué hacer con la carne de ballena que te toca por ley. Así lo explica Géza: “cuando los pescadores cazan la única especie que está permitida cazar, la llevan a un sitio donde se despieza en una ceremonia casi de acto público. La verdad es que nunca lo hemos ido a ver, no nos gusta. Después, la carne se reparte entre los habitantes del pueblo y te viene un policía para que apuntes en un papel una serie de datos. En función de este papel te tocan más o menos kilos. Como a nosotros no nos gusta, lo que hacemos es cambiarlo por pescado o por favores con los vecinos”.

Estas fueron algunas de las anécdotas que sacamos de la casa de los Turi, una tarde en que la casualidad quiso que nos tomáramos aquel café en Nor∂gøta. Un café divertido y reconfortante que, precisamente en tiempo de vacaciones, me reconcilia con este oficio y me recuerda que no hay otra excusa más divertida que el fútbol para conocer historias fascinantes.

Foto de Portada: Propiedad de marcadorint.com

Related posts

5 comments

Ya que pasabas por Feroe podrías haber visitado al único español que juega allí, Pedro Tarancón, que ésta es su segunda temporada.

Deja un comentario

*