Un julio distinto en Grecia

El último Europeo sub-19 se disputó en Grecia.

Se acercó el miembro de seguridad al banco de madera donde los fotógrafos habían dejado sus utensilios. Mochilas, fundas y algún que otro objetivo descansaban sobre ese banco, sin nadie que los vigilara aparte del steward de turno. El hombre se aproxima a uno de los fotógrafos, perfectamente reconocibles por los chalecos que reparten en la entrada del campo y te obligan a ponerte para bajar a ras de césped, lo mira con cara seria y lo interpela mientras señala el banco. El fotógrafo quizás teme una reprimenda, por lo estricta que suele ser la organización de este tipo de eventos y más en el día de la final. Quizás no estaba permitido dejar nada allí. Lo que escucha, sin embargo, es algo muy distinto: Excuse me, this bank is closed.

Este comentario, que generó una risotada de complicidad entre los griegos más cercanos, seguramente no hubiese provocado la misma reacción el día que aterricé en Grecia. Porque en casi tres semanas en el país heleno ha habido tiempo para que Grecia virase de rumbo en múltiples ocasiones y pasara por estados de ánimo muy diversos que culminaron con la reapertura de los bancos el día posterior a la final de Katerini, motivo de la broma del miembro de seguridad. Antes, no obstante, el mes de julio dio de sí para convocar y votar un referéndum sobre las medidas de austeridad impuestas por los acreedores europeos, una negociación infructuosa pese al respaldo del OXI, cambios de ministros, protestas de todo tipo en Atenas y relativa (y aparente) calma en el resto del país. Me lo contaba una periodista griega de la organización en relación con la selección de fútbol, en unas palabras también aplicables al estado de ánimo de una sociedad con un carácter marcadamente mediterráneo: “Un día todo es blanco y al siguiente es negro, pasamos de lo maravilloso al drama en un instante”.

Carteles Grereferendum - MarcadorInt

El Grereferendum fue uno de los momentos más destacados del mes de julio en Grecia.

Con la excepción de Tesalónica, donde sí se vivió el ambiente previo al Greferendum, en los demás lugares visitados durante el Europeo sub-19 los movimientos eran algo más sutiles. Sin ir más lejos, en Katerini, sede principal y campamento base de MI, eran las constantes colas en los cajeros de las oficinas bancarias las que recordaban el estado en el que se encontraba sumido el país. Persianas bajadas y al menos una docena de personas delante de los cajeros automáticos, salvo en las horas de máximas temperaturas, para extraer los 60 euros diarios, por seguridad propia o por si se encontraban con algún gasto imprevisto. Por lo contrario, cerca de medianoche era cuando en ocasiones se juntaban cuarenta personas para hacer cola, quizás para sacar el dinero dos veces seguidas. Al final, me acostumbré a contarlas de forma automática para comparar hábitos y tendencias, desde los lugares más frecuentados hasta la forma de las colas, distintas según la hora del día. Del mismo modo, el domingo del referéndum la ciudad de Katerini vivió la tarde de mayor concentración de población paseando por la calle, con una diferencia sideral respecto a los dos domingos posteriores, lo que indicaba que mucha gente regresó a su pueblo natal para votar en una fecha tan señalada (no era posible hacerlo por correo), por mucho que no abundaran los carteles en favor del sí o del no, a diferencia del activismo vivido en Tesalónica.

Por otra parte, otro aspecto verdaderamente llamativo aunque no sorprendente ni de menor importancia por conocido era la imposibilidad de pagar con tarjeta de crédito, algo que se sabía de antemano pero que no deja de ser verdad y palpable sobre el terreno. Si no se pueden sacar más de 60 euros al día del cajero (los griegos, porque la restricción no se aplica a los extranjeros), las tarjetas y transferencias sirven de bien poco. Ni siquiera en los hoteles o zonas más turísticas del país, a priori los establecimientos más preparados, donde amagar con sacar una tarjeta de crédito parecía más peligroso que desenfundar una pistola. Como muestra de agradecimiento tras pagar el hotel en efectivo el recepcionista me regaló dos aguas, se ofreció para llamar a un taxi que me viniese a buscar y me hubiese pegado un abrazo de no habernos separado el mostrador. También es habitual toparse con puntuales problemas para devolver el cambio, pues en ocasiones las personas encargadas de realizar los cobros sacaban su propio billetero para completarlo o se acercan al quiosco más cercano. Pero sin llegar a ver supermercados desabastecidos, ni muchísimo menos. Detalles visibles, pero pequeños y a veces discretos fuera de las grandes ciudades, que son parte de los efectos secundarios de las decisiones que se toman en las altas esferas.

Katerini cajero colas - MarcadorInt

Las colas en los cajeros, una constante en las últimas semanas.

El estado de Grecia también se notó en el apartado deportivo, con elementos como la gratuidad de las entradas a lo largo del Europeo (por eso las gradas presentaron un buen aspecto en todos los partidos) o una inmensa pitada en Larissa al equipo alemán en la presentación y los primeros compases del himno teutón en el día del debut en el estadio más grande de la competición, una animadversión que se prolongó a lo largo del partido, donde el público animó a la selección española casi tanto como a Grecia en los partidos que ejercía de local. Pero detalles, al fin y al cabo, con los que uno se acostumbra a vivir hasta el punto de asumir como naturales una vez pasan los días. Lo mismo en Larissa o Veria, que como Katerini exhibían una sorprendente vida en bares y restaurantes, con la población volcada en la calle en todo momento. Tanto de día como de noche, los cafés casi siempre están abarrotados de griegos en una estampa que de primeras sorprende. Pero, como reflexionaba el camarero de uno de mis establecimientos favoritos, por un lado está la realidad cotidiana y por otra la supranacional, que se percibe por los medios de comunicación y que está más presente en las grandes ciudades, como Atenas y en menor medida Tesalónica, donde se concentra la mayor parte de población y posiblemente las escenas más duras de miseria, porque Grecia sufre por mucho que algunos se lo tomen con humor. Porque no todo es blanco o negro; hay muchos matices y la percepción es que la Grecia más interior está llena de grises. Incluso en las zonas turísticas, donde se mezclan edificios cuidados con otros semiabandonados, y como se percibe por todo tipo de pintadas presentes en las paredes de los edificios oficiales, vía por donde se canaliza parte de la indignación que vive un sector importante de la sociedad helena. Aunque el camarero en cuestión era más contundente: “La televisión solo infunde miedo, la realidad es diferente”. Sin conexión a internet ni conocimiento del griego para entender las tertulias televisivas, las idas y venidas de las cúpulas no se perciben de forma inmediata en muchos puntos del país.

La diferencia es tal que en algunas zonas la vida parecía transcurrir de forma paralela, casi en una burbuja. Sería el caso de los pueblos de costa más turísticos, como Paralia o Platamona. Playas llenas de turistas de todo tipo de nacionalidades en el caso de Paralia o de griegos en Platamona, donde el tiempo transcurre a menor velocidad bajo la brisa del mar y con el romper de las olas de fondo. Ahí la actividad jamás se detiene a lo largo del verano, frenética, constante, repleta de gente que llega y se va con voluntad de consumir parte de los ahorros destinados a pasar unos días de descanso cerca de la playa, bajo un sol que el clima de su lugar de procedencia no les garantiza y que obliga a los restaurantes a ofrecer cartas en todo tipo de idiomas, a diferencia de lo que me encontré en el resto del país. Aunque, por supuesto, ni siquiera allí se paga con tarjeta de crédito.

Grecia Contrastes Tesalónica - MarcadorInt

Grecia, país de contrastes.
Fotografías: MarcadorInt

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