Los descendientes de ‘Clavel negro’

Miiko Albornoz (Foto: Diego Flores)

Una mujer rubia, rubísima, alta y de ojos claros, charlando con un apuesto hombretón que luce una frondosa barba recortada y una mata de pelo claro repeinada a la perfección. Ambos cruzan sus miradas de color gélido mientras se intercambian saludos y cumplidos tan cordialmente como su condición de escandinavos se lo permite.

– Hej, hur är det?

– Bara bra, tack. Och du?

– Mycket bra, tack tack!

Esta imagen un tanto tópica y mitificada parece imposible de desterrar de todo aquel que pisa Suecia por primera vez. Centenares de turistas recorren las calles de Estocolmo y Göteborg en busca del ejemplar nórdico perfecto, aquel que encaje al milímetro con el prototipo de “Las Suecas” que nos dejaron como legado Esteso y Pajares. Debo confesar que yo era uno de ellos, y que me llevé una gran decepción la primera vez que entré en una cafetería de Malmö (un poco más al sur) y me encontré a un numeroso grupo juvenil de facciones latinas, intercalando el sueco y el español en sus conversaciones. La escena se repitió unas cuantas veces más en distintos lugares del país: jóvenes nativos de piel morena que no sólo identificaban mi deje extranjero sino que me contestaban en un perfecto español con acento sudamericano. Todo ello resquebrajó mis esquemas mentales pero nunca me atreví a preguntar; no fue hasta muchos meses más tarde que el fútbol me ayudó a entender una historia increíble.

El 22 de enero de 2014 un tímido Miiko Albornoz comparecía en zona mixta tras la victoria de Chile en un amistoso ante Costa Rica (4-0). Con evidentes dificultades para expresarse en español, el por aquel entonces jugador del Malmö FF explicaba cómo había cumplido un sueño marcando en el día de su debut con la ‘Roja’. Meses más tarde, el 1 de junio, Jorge Sampaoli confirmaría al lateral de 24 años nacido en Estocolmo como uno de los 23 en la lista para disputar el Mundial de Brasil.

Miiko Albornoz (FOto: Malmö FF)Miiko Albornoz, internacional chileno (Foto: Malmö FF)

Pese a haber jugado toda su vida en las categorías inferiores de la selección sueca, el actual jugador del Hannover 96 no dudó en escoger el combinado nacional de un país en el que apenas pasó unas vacaciones de verano en toda su vida. Hay quien podría pensar que fue la posibilidad de disputar esta competición la que sedujo a Albornoz. Sin embargo, el mismo jugador y su familia (su hermano Mauricio milita en el IF Brommapojkarna de la Superettan, la segunda división sueca) han confesado en varias ocasiones un verdadero y sentido arraigo por el país sudamericano. Aunque sorprenda a muchos, Chile y Suecia son dos naciones que comparten una estrechísima relación.

Pablo Piñones-Arce (Hammarby IF), Sebastián Castro-Tello (Degefors IK) o Stefan Silva (IK Sirius) entre muchos otros.

Se calcula que unas 45.000 personas de nacionalidad chilena viven en el país escandinavo; de hecho, el reino de Suecia es el tercer estado con más inmigrantes chilenos por detrás de Argentina y Estados Unidos, aunque comparándolo con su demografía (9 millones y medio de habitantes) es el país con más inmigración chilena del mundo respecto al total de su población. El proceso de adaptación de esta comunidad al modo de vida nórdico no ha sido fácil, incluso hoy en día los chilenos aún luchan contra el estigma de pícaros y holgazanes que les persigue dentro de la sociedad sueca. El caso de Miiko no es ni mucho menos único: el mestizaje cultural también hace tiempo que llegó al fútbol sueco y cada vez es más habitual encontrarse nombres como Pablo Piñones-Arce (Hammarby IF), Sebastián Castro-Tello (Degefors IK) o Stefan Silva (IK Sirius) entre muchos otros.

Resulta enormemente curioso el fuerte vínculo entre estos dos países separados por 13.000 kilómetros de distancia, con rasgos culturales tan aparentemente antagónicos y sin ningún pasado colonial en común. Pero es más llamativo aún si tenemos en cuenta que en 1970 los chilenos censados en Suecia no llegaban a un centenar. ¿Cómo se explica entonces tan exótica y repentina relación? Un hombre tiene gran parte de responsabilidad: Harald Edelstam, ‘el Clavel negro’.

Con la victoria en las elecciones de 1970 de la coalición de izquierdas Unidad Popular, el gobierno sueco de Olof Palme creyó oportuno apoyar a su homónimo Salvador Allende en un intento por dar el mayor soporte posible a un gobierno muy próximo ideológicamente. Ante la asfixiante oposición de Estados Unidos y de buena parte de sus dictaduras satélite en el continente, el socialismo chileno encontró en la ayuda sueca un balón de oxígeno, no sólo de apoyo económico (el de la URSS fue más importante) sino sobre todo de respaldo y prestigio a ojos de la comunidad internacional. Sin ir más lejos, el Premio Nobel concedido al poeta Pablo Neruda en 1971 se interpretó también como un gesto de reconocimiento a ojos del mundo de la intelectualidad chilena cercana al gobierno de Allende. Se forjó así una primera afinidad entre las élites políticas y culturales de Chile y Suecia, dos sectores que compartían la misma incomodidad ante el escenario sumamente polarizado de la Guerra Fría.

2909261681_eaa2afc8a2_o“El clavel negro”, la película (Foto: movies_2008)

Aterrizaje de ‘Clavel Negro’

En medio de la creciente inestabilidad en el país andino llegó a Santiago de Chile Harald Edelstam, el hombre que sellaría para la historia la unión chileno-sueca. Este miembro de la nobleza sueca se ganó el misterioso apodo de ‘Clavel Negro’ en los inicios de su carrera diplomática, cuando siendo embajador en Oslo durante los años 40 emprendió una ardua tarea de protección de los colectivos judíos y en contra del régimen colaboracionista noruego. Acabada la Segunda Guerra Mundial, Edelstam siguió destacando en su labor a favor de los derechos humanos en varios países, erigiéndose como una figura mundial por sus labores humanitarias.

La designación, en 1972, de una figura tan respetada mundialmente para ejercer de embajador sueco en Chile era a priori una muestra más del apoyo simbólico al gobierno de Allende. Sin embargo, meses más tarde, tras el golpe militar del 11 de septiembre del 73, ‘Clavel Negro’ desempeñó un papel fundamental rescatando y protegiendo él mismo a centenares de disidentes políticos dándoles cobijo en la misma embajada escandinava. El diplomático sueco no escatimaba en ideas ni tampoco en valentía, como cuando decidió irrumpir en medio del asalto a la embajada de Cuba para anexionar el recinto diplomático al Reino de Suecia y salvar así a las 147 personas que había dentro. Cuentan que el mismo Edelstam vigilaba personalmente los convoyes de refugiados hasta la pista de despegue del aeropuerto de Pudahuel para asegurarse de que llegaran todos a Estocolmo.

Infiltrado en el Estadio Nacional

Pero, sin duda, el ‘golpe’ más sonado de ‘Clavel Negro’ fue el que protagonizó en el Estadio Nacional de Chile, convertido entonces en sede improvisada de interrogación, tortura y fusilamiento de las fuerzas de Augusto Pinochet. En una operación de la cual aún hoy se desconocen los detalles, el embajador sueco consiguió liberar con la ayuda del mayor Mario Lavanderos a 54 presos uruguayos de ser fusilados. Esta operación le costó la ejecución a Lavanderos y a partir de entonces Harald Edelstam fue proclamado persona non grata por la Junta Militar obligándolo a salir inmediatamente del país. Aun así, pese a su marcha, miles y miles de latinoamericanos (especialmente chilenos) siguieron huyendo de la represión y buscando cobijo en tierras escandinavas.

Algunos de ellos volvieron a su casa años más tarde, cuando la situación política se lo permitió; muchos otros decidieron quedarse y formar una familia en un nuevo hogar. Hoy, los hijos nacidos en Suecia de esos primeros exiliados viven la realidad de sus padres desde una perspectiva bien distinta: la que les da haber nacido y crecido en uno de los países con más bienestar de occidente. Muchos olvidan la tierra de sus orígenes, otros como Miiko Albornoz siempre quisieron mantener el vínculo con el país de sus padres. Se sientan de donde se sientan, hablen el idioma que hablen, todos y cada uno de ellos le deben una a Harald Edelstam. Ciudadanos suecos de tez morena, o nietos olvidados de una tierra patria en América, todos ellos son descendientes de ‘Clavel Negro’.

Foto de portada: Diego Flores

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6 comments

Excelente nota! Sin duda que muchas personas en toda América Latina le deben la vida a muchos héroes anónimos (y otros no tanto como Edelstam) que se jugaron la suya propia por darle una segunda chance en otro lugar (muchas veces recóndito) del mundo; y ademas a aquellos países que como Suecia dieron asilo y cobijo a todos ellos.

soy chileno y siento gran alegria de leer este articulo, es emocionante conocer detalles ocultos de las raices del pueblo chileno. muchisimas gracias por el articulo.

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