Música contra la adversidad

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Lo fugaz y caprichoso del destino es algo tan pegado a nuestras vidas que demasiado a menudo nos permitimos el lujo de ignorar. Sólo cuando echamos la vista atrás e intentamos poner un poco de distancia con la realidad que nos ha tocado vivir, comprendemos que muchos de los caminos que nos ha tocado emprender han sido fruto del azar, la pura casualidad. Y eso no es ni bueno ni malo, simplemente es. Tampoco quiere decir que el que no se haya tomado una senda implique que la otra tenga menos valor que el primer objetivo marcado. ‘Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana’ dicen y eso muy bien lo sabe el venezolano Nikolai Schiskin, un chico al que un accidente de tráfico le privó del sueño de una carrera como futbolista profesional pero le hizo descubrir y desarrollar un talento musical que llevaba 20 años olvidado.

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Abajo a la izquierda, Nikolai en las filas del American Heritage. Foto cedida por Nikolai Schiskin.

Una historia tan singular como la de Nikolai sólo podía tener un origen en una mezcla curiosísima como es el linaje de este natural de Caracas. La marcada sonoridad eslava de su nombre proviene de Voronezh, antigua población ucraniana -actualmente forma parte de Rusia- desde donde su abuelo emigró a causa de la guerra para alistarse en la sección de paracaidistas del ejército norteamericano y estudiar en la universidad de Berkeley, donde conoció a una mujer venezolana. Por parte materna, Nikolai también cuenta con ascendencia cántabra y así es como esta amalgama sentó poso en Caracas.

En la capital de Venezuela, Nikolai empezó a jugar al fútbol en el colegio San Ignacio de Loyola y entabló amistad con Bernardo (1988) y su hermano menor Juanpi Añor (1994), ambos futbolistas profesionales –uno milita en el Minnesota United de la NASL americana y a Juanpi ya le conocemos todos como uno de los valores a seguir del Málaga-. Junto al mayor de los Añor, Nikolai empezó a destacar en los equipos de fútbol formativo en los que se enfrentaba a chicos como Salomón Rondón o Roberto Rosales, que luego han demostrado tener una excelente carrera futbolística.

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Con el American Heritage, el venezolano consiguió erigirse como campeón estatal. Foto cedida por Nikolai Schiskin.

A los 16 años, conoció al ex entrenador de la sub-17 vinotinto, Dani de Oliveira, y éste le recomendó seguir con su carrera en los Estados Unidos, así que Schiskin cursó el último año colegial antes de la universidad en el American Heritage de Miami, donde siguió jugando al fútbol y consiguió ganar el torneo colegial ante jugadores como Jozy Altidore, actual miembro del Toronto FC, o el internacional estadounidense Alejandro Bedoya.

El duro sueño americano

Nikolai cumplió con el objetivo y recibió ofertas de distintas universidades americanas para jugar como becado. Finalmente optó por la Facultad de Comunicación de West Virgina, con la que firmó un acuerdo de dos temporadas. Tras superar un exigente primer año en la NCAA en el estado más pobre de los Estados Unidos, Schiskin vivió un desafortunado percance que le cambiaría la vida para siempre.

“Fuimos a pasar un fin de semana fuera para celebrar el fin de curso y alquilamos un coche. A la vuelta estábamos todos muy cansados, es lo único que recuerdo, paramos a comer algo en el Taco Bell y a los cinco minutos de salir ya no recuerdo nada más, sólo despertarme en el hospital”. El conductor se quedó dormido, se salió del carril y al intentar hacer la maniobra para enderezar el vehículo, Nikolai salió despedido por el vidrio trasero del coche.

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La relación con los Añor sigue siendo cercana, y más desde que Juanpi milita en las filas del Málaga. Foto cedida por Nikolai Schiskin.

“Tenía toda la cara llena de vidrio y asfalto, en carne viva y unos dolores de cabeza extremos, además no podía mover bien las piernas”. En el hospital de West Virginia, a Nikolai Schiskin le diagnosticaron una hemorragia cerebral y le dieron de alta con la promesa que, con el tiempo, su situación mejoraría. Pero lo cierto es que la situación fue a peor y Nikolai vivió un episodio crítico en Atlanta, ciudad donde hacía escala tras un periodo de infructuosa recuperación en Miami. Colapsé, perdí el conocimiento en el avión y tuvieron que ingresarme otra vez. Ahí lo que me encontraron es que realmente tenía un edema cerebral, es decir, que tenía la cavidad cerebral llena de agua”. Tras una operación de drenaje, la situación mejoró pero Nikolai se encontró ya con una prohibición que arrastraría para el resto de su vida: “Me dijeron que no podía jugar más al fútbol, si recibía un golpe o de un pelotazo mismo podía tener muchísimas complicaciones”.

El sueño de ser futbolista profesional se desvaneció sin ningún tiempo de luto: “Cuando estaba en el hospital, vino el entrenador y tras decirme que lo sentía mucho me informó que no se podían arriesgar conmigo y que el dinero de mi beca iría destinado a fichar a otro jugador”. Así es el sistema americano, tan racional como cruel con un chaval de 19 años.

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Shiskin se enfrentó varias veces con Salomón Rondón en su etapa de formación. Foto: Ederik Palencia

La guitarra inició un nuevo camino

Tras ver cómo el trabajo de años se había ido al traste e inmerso en un proceso lento y duro de recuperación de las secuelas físicas y psicológicas del accidente, Nikolai encontró de casualidad una vía crucial que le ayudaría a salir de todo aquello: “Andaba un domingo por la tarde aburrido en la habitación y encontré una guitarra que se había dejado mi hermano. Empecé probando un par de acordes y a partir de ahí me quedé totalmente enganchado”.

Pese al tardío interés, la relación de Nikolai con la música tiene también un origen familiar: “Cuando surgió el chavismo en Venezuela, nació un movimiento muy potente de nuevos grupos de música independiente con mucha incidencia en el panorama cultural y un reconocimiento internacional. Artistas como La Vida Boheme, Los Mesoneros, Rawayana, Viniloversus empezaron a tener gran éxito; mi hermano, músico, era miembro de otra banda importante como Telegrama”.

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Con Puntos, el ex jugador de la NCAA está a punto de iniciar una carrera musical. Foto cedida por Nikolai Schiskin.

La facilidad con la que el ex jugador de West Virginia mejoraba de forma autodidacta era algo inusual, y más teniendo en cuenta que no había tocado un instrumento en sus 20 años de vida; él tiene una explicación: “Creo que a parte de las cosas malas que me sucedieron, el accidente me dio una nueva sensibilidad musical que me hizo distinguir sonidos de forma más nítida que antes. Progresé tanto que decidí meterme en una Escuela de Música”.

La aventura continúa con un Barça-Arsenal

Nikolai compaginó los estudios musicales con la carrera de comunicación en Miami. Ya como periodista deportivo, el venezolano fue enviado por una revista especializada a cubrir la famosa eliminatoria de Champions entre Barça y Arsenal de 2011, en la que Leo Messi le hizo un sombrero a Almunia para definir el uno contra uno.

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El FCB-Arsenal de 2011 dio un nuevo giro de guión a esta historia. Foto cedia por Nikolai Schiskin.

Quizá fue esta definición casi melódica del argentino la que le recordó las partituras que con tanto ahínco practicaba, el caso es que Schiskin se quedó totalmente prendado: Me enamoré de la ciudad, decidí que tenía que aventurarme y seguir aquí con mi carrera”. Tardó un tiempo en decidirse, pero finalmente en 2014 Nikolai se atrevió a dar el salto y se estableció en la capital catalana. Tras un paso por la cadena Direct TV, desde hace ya meses el venezolano de 28 años prosigue con su carrera de periodista deportivo en BeIN Sports España y va a por más: dentro de nada sacará su primer single “En mi piel” dentro de su primer proyecto musical en solitario Puntos.

Así es como este intrépido joven venezolano ha sabido reponerse del fuerte golpe que supuso un terrible mazazo para reinventarse e intentar triunfar en otras facetas y en otros lugares que difícilmente se hubiera imaginado años atrás en su Caracas natal. Como le gusta recordar a él, esta no es una historia trágica sino un relato de superación en el que la vida le regaló a Nikolai una música que había perdido con su sueño de ser futbolista.

Foto Portada: Propiedad Nikolai Schiskin

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