Svalbard Turn, el último club antes de la nada

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Los compendios de las excentricidades futbolísticas indican que el club profesional donde se disputan partidos en latitudes más norteñas es el Tromsø Idrettslag. Este famoso club, en el que el actual seleccionador noruego Per-Mathias Høgmo vivió sus mejores días como jugador, parece ser el límite septentrional del planeta fútbol. Muy probablemente esto debe de ser cierto, como también lo es que siguen existiendo núcleos de población más allá del paralelo 69; lugares recónditos, aislados y peculiares donde la vida humana germinó pese al frío y al ostracismo. Uno de estos singulares enclaves es el archipiélago de Svalbard, un conjunto de islas en el que cerca de unas 2.000 personas residen repartidas en las tres principales ínsulas –Spitsbergen, Bjørnøya y Hopen formando así la comunidad con vida familiar que existe más al norte. Y claro está, si hay vida en Svalbard, hay fútbol -aunque no profesional- en el Océano Glaciar Ártico. 

Las particularidades de Ultramar

Como en todo territorio de tales características, las millas náuticas que separan el archipiélago de Svalbard de tierra firme han propiciado la creación de un ecosistema social, político y económico que da lugar a situaciones ciertamente excéntricas. Amparadas bajo la soberanía noruega desde 1925, este conjunto de islas estuvo históricamente habitado por balleneros, mercantes y pescadores de distintas procedencias. Pero al ser también un importante centro para la explotación minera, la Unión Soviética se garantizó una parte del pastel por lo que es habitual hoy en día encontrar un alto porcentaje de trabajadores rusos y ucranianos en las minas de carbón.

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Explotación minera abandonada en Colesbukta. Foto: Kitty Terwolbeck, bajo licencia CC.

Este limbo político es gestionado por un gobernador nombrado por el Ministerio de Justícia y Policía noruego, al más puro estilo de los Virreyes criollos del siglo XVI. Y es que, como se encargan de recordar todas las guías turística y páginas web de aventuras, hay más kilómetros de distancia entre Oslo y Svalbard que entre la capital noruega y África. Recientemente -el pasado 1 de octubre- doña Kjerstin Askholt tomó la responsabilidad de gobernar en nombre de la autoridad noruega desde Longbyearbyen, el asentamiento más poblado de todo Svalbard. El puesto que ostenta la señora Askholt no es baladí, pues algunos gobernadores han tenido que tomar medidas drásticas en el último siglo. Una de las más llamativas sin duda es la prohibición, aún regente, de enterrar a personas muertas. El motivo de esta negativa iniciada hace 70 años es que las temperaturas gélidas de las islas impedían que los cuerpos se llegaran a descomponer. Además, el permafrost (fenómeno geológico propio de la tierra congelada que tiende a expulsar los elementos escarbados en ella) devolvía los cuerpos sin vida a la superficie, causando un impacto lógicamente desagradable en sus habitantes. Desde entonces, uno sabe que puede nacer, que puede vivir en Svalbard (los tratados de la ley Schengen no funcionan aquí, no existen ni visados ni permisos de residencia, para favorecer la inmigración) pero lo que tiene claro es que no va a morir en ninguna de sus islas. Está prohibido.

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Las señales de advertencia con los osos polares son ya una insignia de la región. No es para menos, cada año suele haber más de un herido por el ataque de estos animales. Foto: Kitty Terwolbeck, bajo licencia CC.

Ésta no es la única pintoresca pero necesaria medida tomada por los gobernadores noruegos de este archipiélago. Otra de ellas es la obligatoriedad de poseer un arma y recibir un cursillo de instrucción de tiro. No, las escopetas no son para defenderse de los bandidos ni malhechores, pues su presencia no es habitual en Svalbard; los rifles son para protegerse de los esporádicos ataques de los osos polares que a menudo se pasean por los núcleos urbanizados.

El arca de Noé de las plantas

Hemos hablado de pesca y minería pero falta la otra gran pata -además del turismo- que sostiene la actividad de la comunidad más norteña del mundo: la investigación. Por sus particularidades geológicas, su meteorología y su fauna, Svalbard es un centro de interés para la investigación. Así pues, no es de extrañar que distintos países hayan establecido allí sus bases. Como la República Popular China, que mantiene desde 2003 su asentamiento ‘Río Amarillo’. Pero si se trata de la industria científica y del conocimiento, por lo que se conoce mundialmente a este recóndito lugar es por albergar desde 2008 el Arca o la Bóveda Global de las semillas. Este ambicioso proyecto nació con la intención de preservar semillas de todos los ejemplares de flora que existieran bajo el manto de la Tierra, en un lugar resguardado de catástrofes naturales o guerras nucleares. Esta idea se llevó a cabo gracias a la financiación del gobierno estadounidense, las fundaciones de Bill GatesDonald Trump y recientemente fue noticia porque tuvo que ser abierta por primera vez en 7 años para trasladar una partida de semillas hasta Alepo (Siria), para abastecer zonas totalmente arrasadas tras 4 años de conflicto.

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Excavada en la roca, el Arca de las semillas está diseñada para aguantar terremotos, augmentos del nivel del mar o radiación nuclear. Además, el frío de la zona actuaría como conservante en caso que el sistema de refrigeración fallara. Foto: Wikimedia Commons, bajo licencia CC.

Jugar al fútbol donde viven los muertos

Entre muertos vivientes, osos polares y proyectos para salvar al mundo del apocalipsis tienen que practicar su pasión los miembros de la sección de fútbol del Svalbard Turn, un club polideportivo que nació en 1930 con la intención de dar la oportunidad de practicar deporte a los hijos y a los propios trabajadores de los mineros o miembros de otras explotaciones de la zona. Esta entidad deportiva asentada en Longyearbyen cuenta con más de una veintena de disciplinas, pero como nos interesaba especialmente la de fútbol, hablamos con su coordinador: Vidar Arnesen, quien por cierto además de gestionar el fútbol en Svalbard es el Inspector Jefe del cuerpo de Policía del archipiélago -suponemos que tendrá bastante tiempo libre-.

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El campo principal del Svalbard Turn suele estar cubierto por nieve y hielo durante la mayor parte del año. Foto: Departamento de Turismo de Svalbard, bajo licencia CC.

El señor Arnesen nos contó que intentan hacer de la práctica del fútbol una actividad lo más regular posible, dentro de las dificultades de planificación que conlleva el tipo de vida que se lleva en las islas. “Piensa que muchas familias vienen y se van, con proyectos de investigación o explotaciones, pero no suelen durar menos de un año ni más de 6 o 7”. Aun así, comenta que intentan formar el máximo número posible de equipos. “Somos unas 80 personas en el grupo de fútbol y los intentamos dividir en grupos de edades para que lo practiquen al menos un par de veces por semana. Una vez están entrenados, viajamos para jugar dos torneos durante el año, la copa Julestjerna en Tromsø en Noviembre y la Copa de Noruega durante el mes de Agosto en Oslo”.

El Inspector de Policía Arnesen también explica que últimamente no se ha podido formar un equipo sénior de fútbol pero que cuando lo hay se intenta montar un torneo con cuatro partidos contra los trabajadores del asentamiento de Barentsburg. Preguntado por las dificultades que implica el clima polar, Vidar responde: “Obviamente jugamos en un campo indoor que hay junto a la escuela durante la mayor parte del año. Sin embargo, a poco que podamos intentamos salir al campo descubierto durante los meses de verano. Cuando la nieve se deshace, los niños y los mayores agradecen mucho el poder practicar fútbol al aire libre”.

Seguramente las sesiones de fútbol no serán ni las más tecnificadas ni las mejor planeadas. Tampoco ha salido un jugador decente de Svalbard, como reconoce Vidar Arnesen. Pero a uno le ilusiona ver cómo la pasión por el cuero sigue viva en campos congelados, en tierras casi desconocidas en el albor de un gran muro de hielo. Hay fútbol cerca de la nada.

Foto de portada: Kitty Terwolbeck, bajo licencia CC.

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