Tarjeta roja directa

tarjeta roja

Justo antes de empezar, la árbitro llamó al capitán de cada equipo y les dijo que esperaba juego limpio, que se divirtiesen en el campo y que bajo ningún concepto iba a tolerar la palabra puta durante el partido. Esto era nuevo para nosotros, como es lógico, porque a saber la de bestialidades que uno ha escuchado jugando o sin jugar al fútbol. Mi capitán vino al vestuario y nos avisó de la amenaza y de la responsabilidad que tendríamos durante la próxima hora y media: “A ver. Nos arbitra una mujer y me ha dicho que si decimos puta nos va a expulsar con roja directa. No quiere que haya malentendidos con el término“. Era un reto: echar un partido sin decir la palabra mágica, como comer sopa sin usar cuchara.

Resultaba imposible que algo así saliese bien. Pusimos empeño, diré en nuestra defensa. Llegamos al segundo tiempo con once sobre el campo. No recuerdo el resultado.

FIL COVENTRY LEICESTERTarjeta roja directa (Foto: Focus Images Ltd)

Falta dura. Dos jugadores caen al suelo. Otros dos se encaran. Aumenta un poco la tensión y mi capitán, un enamorado de las tanganas por el simple hecho de vivirlas de cerca y no por entrar en ellas, que si le pillaba de paso pues también, decide acercarse a gritos. Habíamos pasado todos los minutos anteriores evitando improperios, utilizando sinónimos, inventando insultos… Todo lo posible para no salir mal parados de la nueva regla que se nos había impuesto. Hasta que fue inevitable: mi capitán, decía, vino desde un área hasta el centro del campo, cogió aire y dijo lo que le habían dicho que no tenía que decir.

Me. Cago. En. La.

Pu…

Y se calló. ¡Se calló! El tío se calló, lo juro, pudiendo haber cerrado la frase por todo lo alto. Se llevó la mano a la boca sabiendo que había cometido el error de su vida. Pero se había escuchado de sobra. “¿Qué has dicho?”, le preguntó la árbitro aunque sabía perfectamente sus palabras. “No lo he dicho… ¡No he terminado de decirlo!“, suplicó. “Nada, te lo dije, ¡te lo dije! Os avisé antes del partido y ni caso”. Tarjeta roja directa. De las muchísimas expulsiones que he visto en mi vida -por doble amarilla, por entradas duras, por darse de palos, por perder tiempo, por insultar…- en pocas acabamos de risas en el vestuario.

Foto de portada: Focus Images Ltd

4 comments

Pobrecillo, encima que se calló a lo justo… El cachondeo luego, en el vestuario, tuvo que ser bonito, jeje… Una entrada muy divertida, Álvaro, gracias 😉

Pues a mí me parece muy poca mano izquierda. Un árbitr@ debería de pitar con independencia de si es hombre o mujer, pero en este caso ha expulsado a un jugador por una especial sensibilidad en cuanto a una palabra respecto a su sexo.

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