Trenes y copas

Estadio Jean-Jacques Delmas de Mende, donde se disputó el AFL-Le Havre

Adoro los trenes. En general, son más cómodos y veloces que los autobuses y rebosan mayor actividad que los aviones. Es entretenido viajar en tren porque uno se puede fijar en muchas cosas. Un tipo observador se puede percatar de multitud de detalles y, cuando coge un mismo tren con regularidad, también de las manías y hábitos de cada individuo. Excepto cuando apenas hay espacio y peligra su integridad física, que entonces el tren puede llegar a ser un medio de transporte especialmente angustioso. Pero ese es otro tema. La cuestión es que la rutina ferroviaria tiene sus aspectos positivos. En algunos casos otorga seguridad. Por ejemplo, hay gente que llega siempre a la estación a la misma hora, espera siempre en un mismo punto exacto del andén y se sienta siempre en el mismo lugar del vagón. En otros casos, encontramos personas que se encuentran en el mismo lugar, a la misma hora, para compartir el mismo rato de trayecto en compañía. Y, aunque resulte increíble, a partir de esos ratos que empiezan como una pura coincidencia se entablan relaciones humanas y sociales bastante profundas. Unas son mejores y otras son peores. Unas se esfuman cuando desaparece la rutina ferroviaria y otras permanecen.

Las competiciones coperas tienen su punto rutinario. Año tras año llegan las primeras rondas en las mismas fechas. Y siempre empiezan igual: equipos de Segunda B que juegan contra los que compiten en Europa; conjuntos de pequeñísima entidad que reciben a clubes históricos de Primera División; y sorteos puros que deparan duelos entre transatlánticos en la primera ronda. Al mismo tiempo, las Copas son competiciones de corta y media distancia, que se diferencian de la liga porque son más propicias a albergar sorpresas. Es más fácil jugar a un buen nivel durante 4 o 5 partidos puntuales que ganar una treintena de encuentros a lo largo de nueve meses. Es más fácil que los favoritos se crucen y se eliminen entre ellos. Y, como siempre, si observamos las Copas con atención, apreciaremos las tendencias que se suelen dar. Entre ellas, clubes que sufren en liga y que no quieren cargarse con una cantidad de partidos todavía mayor superando rondas coperas o instituciones relevantes que, ante rivales a priori asequibles, plantan una alineación plagada de rotaciones. Y están los Cupsets. Vivimos las copas para ver esas pequeñas sorpresas. Esos triunfos inesperados. Ese equipo de Séptima división que supera diez rondas, ese club modesto que gana el primer título de su historia pese a bajar a Segunda (por primera vez, también) y tener a media defensa lastimada. Algunas sorpresas son efímeras y se diluyen rápidamente mientras otras se prolongan y nos permiten disfrutar de un equipo de cuarta división en toda una final de la Coupe, o nos mantienen unidos a un club durante mucho tiempo. Pero nunca fallan a su cita anual. Siempre están ahí. Por esta razón adoro las competiciones coperas.

Foto de portada: marcadorint.com

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5 comments

Firmo punto por punto tu reflexión Tomás, eso si, lo firmo en las Copas de verdad, no en aquellas con sorteos dirigidos, partidos a doble vuelta y organizadas de tal manera que lleguen a la final los grandes del país…. me encanta la FA Cup, me encanta la Coupe con sus equipos de ultramar… y no, no me gusta nada la Copa patria, es mas, paso olímpicamente de nuestra Copa…

No es el modelo que más me gusta, pero aun así en los últimos años hemos tenido historias bonitas en la Copa del Rey como el Mirandés o el actual Racing de Santander, que pese a pasarlo mal en lo institucional está haciendo algo muy grande. Y aunque el sorteo esté dirigido y limite más las sorpresas de los equipos de Segunda B (o que se crucen entre ellos), pues suelen haber intrahistorias más que curiosas.

Sin ir más lejos, está la relación entre Miki Roqué, el Betis y el Lleida, o el Sant Andreu ganando en el Calderón durante una hora. Sí, el Atlético jugó con muchos suplentes ese día y la eliminatoria estaba sentenciada, pero ese 0-1 durante tanto tiempo (en el que la gente disfrutó mucho) tampoco se lo quita nadie. Aunque es muy mejorable, sin duda, y me gustan más las copas de Francia e Inglaterra.

Bueno… el Olímpic Xátiva consiguió la proeza de empatar a cero en su campo contra el Real Madrid, y en la vuelta se llevó un 2-0 del Bernabeu. Quizá si hubieran tenido que jugar un replay, de nuevo en Xátiva, hoy el RM estaría eliminado. A mí la Copa del Rey me parece un fraude, me interesa más para ver a los porteros suplentes que para otra cosa…

Creo que esas sorpresas agradables de las que hablas son posibles en Inglaterra, pero no en España. Aquí, con eliminatorias a doble partido, siempre llegan los mismos equipos a las rondas finales: Barcelona, Real Madrid, Atlético, Athletic, y otros como Valencia y Sevilla. Sobre todo los cuatro primeros que he citado se valen de la amplitud de sus plantillas y la calidad de sus filiales para ir pasando rondas sin que les suponga demasiado esfuerzo. En Inglaterra, jugando a partido único, puede pasar cualquier cosa, y rotar puede salir caro (como ejemplo, el aviso al City, que tuvo que jugar replay… aunque acabara goleando). Ganaríamos en emoción y justicia poética si en España se jugara un solo partido , y siempre en el campo del equipo de menor categoría.

Los que soñamos con días como los que describes en tu artículo seguiremos disfrutando y mirando con envidia la Coupe y la FA Cup. Los amantes de los sorteos dirigidos, las idas y vueltas y las ventajas para los más grandes ya tienen sus competiciones.

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