Una ciudad imprevisible

Panoramica Salónica petit

Me di cuenta de que me había mimetizado por completo con el ambiente griego cuando, bajo la protección de las delgadas ramas de un pequeño árbol, una mujer de unos 40 años me comentaba algo en su idioma mientras señalaba el sol que se escondía en el horizonte. No hacía falta conocer la lengua helena para entender que se estaba riendo por la irónica situación, pues habíamos encontrado cobijo ante el repentino diluvio –qué mediterráneo es esto de que se ponga a llover de golpe para compensar varias semanas de sequía- mientras el sol lucía entre unas livianas nubes. De golpe, me encontré resguardado como podía debajo de un árbol, mojándome menos que unos instantes antes pero empapándome igualmente, sin entender muy bien qué sucedía en Tesalónica.

Una mezcla de curiosidad y casualidad me había llevado hasta este punto. La tarde, cálida pero sin alcanzar el bochorno, era propicia para que me acercara por segunda vez al paseo marítimo de la segunda ciudad más grande de Grecia, que rápidamente se había convertido en mi lugar favorito de Tesalónica. La primera visita, al mediodía, me había relajado de forma inaudita, entre el sonido de las olas del golfo y la ligera brisa. Sin embargo, unas horas más tarde, el panorama era totalmente distinto. Gran parte de la ciudad había salido a la calle a pasear o a tomar algo en una de las múltiples terrazas de la zona, llenas a rebosar. Casi era un atasco. Hasta llegar a la ilustre Torre Blanca de Tesalónica, uno de los lugares más icónicos de la urbe. Allí se acumuló mucha gente, seguramente miles de personas, alrededor de un escenario. Casi no había sitio donde ponerse, pero logré enterarme de qué sucedía. Solo bastaba con echar un vistazo rápido y tomar consciencia: pegatinas, banderas, papeles propagandísticos arriba y abajo… todos con la marca del OXI: era un acto previo al referéndum del próximo domingo donde acudió mayoritariamente el público que rechaza las medidas de la Unión Europea.

TOrre Blanca Salonica - MarcadorInt

La Torre Blanca de Tesalónica, al fondo. Una multitud camina en esa dirección.

Hasta que empezó a llover, temí por la vida de mi cámara ­–imprudente de mí, había decidido sacarla para hacer algunas fotografías- y la muchedumbre se dispersó en busca de un refugio. Los árboles se convirtieron en una opción mayoritaria por proximidad, y allí me puse al día de la versión de los partidarios del OXI, que se lamentaban por la lluvia que les había aguado la fiesta. La presencia de un barcelonés animó al personal, así que se fueron sumando varios interlocutores. Y nadie, como tampoco me sorprendió, estaba al tanto de que se iba a jugar un Europeo juvenil en esa zona del país. Ni siquiera quien afirmaba residir en Katerini lo sabía. Aunque reconoció que debía ser “un gran evento para una ciudad como Katerini”, supongo que por el impacto de que alguien viaje a un país tan inestable en este momento como el heleno impulsado por este motivo.

Syriza manifestación OXI - MarcadorInt

Una mujer sostiene una bandera de Syriza, principal partido del gobierno griego.

Cuando el diluvio cesó, los manifestantes escondidos debajo del árbol reanudaron el reparto de propaganda y se despidieron con la esperanza de haberme convencido con su diagnóstico griego, aunque quizás mi mayor preocupación fuese encontrar un lugar donde cenar, comprobar el estado de la cámara y reflexionar sobre todo aquello que había visto. Tesalónica es imprevisible, al fin y al cabo, porque tiene rincones de todo tipo. Enormes contrastes. Por momentos parece una urbe plenamente mediterránea, con sus casas en la costa con balcones coquetos, colores claros (blanco y azul, sobre todo), múltiples terrazas y hasta con un clima que alterna el bochorno con repentinas lluvias torrenciales. Sin embargo, esta descripción corresponde a la zona más turística y cercana a la costa. Más allá, la ciudad entra en el caos, con un tráfico que recuerda al de Estambul en pequeña escala, con cuestas que serpentean por el casco antiguo hasta marear a los turistas que intentan alcanzar la parte más alta de la localidad para observarla desde el mirador. Tesalónica es una gran mezcla, una urbe multicultural por la herencia de los distintos pueblos que la han habitado. Aunque para mí, en una primera impresión de un día, fueron comercios con muchos productos expuestos en la calle, casi como si de un bazar turco se tratara, tiendas donde no hay casi nadie, y fachadas descuidadas a medio restaurar. Y, en estas fechas, también bancos con las persianas bajadas, con la excepción de los cajeros automáticos, donde siempre hay alguien sacando dinero (y entre dos y quince personas detrás), sea la hora que sea. Aunque como el fútbol nunca desaparece del todo, entre cartel de OXI (no) y cartel de NAI (sí), de vez en cuando se cuela alguna que otra pintada de Aris y PAOK en el rincón menos esperado de la ciudad.

Pintada Aris petita

El Aris, fundado en 1914, ha pasado la última temporada en la 3ª división griega.
Fotografías: MarcadorInt.

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4 comments

No he visto ninguno. Pero en Katerini me he topado con un perro que ha perseguido una furgoneta durante unos 300 metros, aunque no sé si por su temeraria conducción.

Pues si vas a Atenas, que imagino que así será, cerca de la plaza Sintagma deberían estar los perros guardianes. Al menos cuando estuve allí solo los vi por allí.

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