Una pelota en el campo de batalla

(Mike J Chapman)

Un grupo de militares británicos, en uniforme, entraban al estadio del Aldershot, en el sur de Londres. Animados, buscaron su sitio en la grada y esperaron la salida de los equipos. Unos de rojo, otros de azul oscuro. Antes del partido, una cantante entonó en alemán el villancico “Stille nacht”. Los militares aplaudieron y se pusieron a animar a sus chicos. La selección del ejército del Reino Unido derrotó por 1-0 a la selección del ejército alemán.

FIL ALDERSHOT PLYMOUTHEl estadio del Aldershot en la actualidad (Foto: Focus Images Ltd)

El amistoso fue uno de los numerosos actos organizados en motivo del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. Y por ende, el centenario de la tregua de Navidad. Cuentan los libros de historia que en algunos puntos del frente, durante la Navidad de 1914, soldados alemanes y británicos se pusieron de acuerdo, pese a ser enemigos, e improvisaron una tregua durante estas fiestas. Desgraciadamente, los generales y políticos, en sus despachos de Berlín o Londres, montaron en cólera al descubrir que sus chicos confraternizaban con el enemigo. ¿Que se habían creído, esos mocosos? ¿Cómo podían fumar, bromear y jugar al fútbol con el enemigo? Durante los siguientes meses se emitieron órdenes, proclamas y amenazas con el objetivo de evitar más relaciones con el enemigo. Algunos de los soldados que participaron en la tregua acabaron en el calabozo y juzgados por un tribunal de guerra. Las amenazas surgieron efecto y en las siguientes Navidades, nadie improvisó una tregua. En la Navidad de 1915 centenares de soldados siguieron falleciendo.

La tregua de Navidad de 1914 fue un momento de sensatez en medio de una carnicería. Esos mismos chicos que salieron de sus trincheras en el campo de batalla de Bélgica, y tomaron unas copas con el enemigo, eran los mismos que meses antes habían desfilado por sus ciudades, besando chicas bajo una lluvia de flores, proclamando que antes de Navidad estarían de vuelta, ganadores. Pero llegaron las fiestas y nadie era capaz de derrotar a nadie. Las nuevas armas provocaban una carnicera. La guerra, si en algún momento había sido romántica, se había convertido en una cadena industrial de producción de muerte. De esa guerra podías salir de muchas formas. Tanto muerto como vivo. O lisiado. Muchos volvían a casa locos o enfermos por los gases. La guerra instaló el odio en el cuerpo de los que volvieron buscando aún más pelea. Y otros estaban tan cansados de disparos, que se volvieron pacifistas. Fueron ellos los que mitificaron la tregua de Navidad, con relatos en libros, crónicas periodísticas y poemas que exageraron un poco los hechos. En algunos puntos del frente, los soldados sólo pactaron poder salir de la trinchera para recuperar los cuerpos de sus camaradas. Los enterraron al lado del enemigo, se saludaron fríamente y se volvieron a su agujero.

Pero en muchos puntos del frente, los soldados decidieron pasar la Navidad juntos. Y eso no es una leyenda. Está lleno de cartas, de documentos y crónicas periodísticas publicadas en los siguientes días. Algunos veteranos lo contaron antes de cerrar los ojos. La historia era tan jodidamente bonita que ha seguido inspirado a mucha gente. Paul McCartney o el grupo ‘The Farm’, con su maravilloso ‘All together now’, se inspiraron en esa tregua. Escritores, periodistas e historiadores han documentado esas horas de la Navidad de 1914. Aunque 100 años después, quedan muchas dudas sobre que sucedió. Por ejemplo… ¿Realmente se organizó un partido entre soldados ingleses y alemanes que ganaron los alemanes por 3-2?

La UEFA y la FIFA han asumido que sí, que se jugó. Y han inaugurado un monumento en el sitio dónde se cree que se jugó el partido. Han producido vídeos, han organizado un partido en el lugar y han aprovechado el centenario de la tregua para crear una campaña muy vistosa. La Premier ha cuidado el producto con una campaña que pedía a los equipos de fútbol sacarse una foto con el rival antes de jugar, ya fuera en Old Trafford o el gimnasio de un colegio. Miles de equipos han colgados las fotos en una página web. Y eso, pese a que la mayor parte de historiadores cree que se jugó ningún partido de 90 minutos que ganaron los alemanes por 3-2. Aunque eso no aleja la pelota de fútbol del escenario. No, la pelota tuvo su peso, en ese día de Navidad.

No se jugó ningún partido organizado, pero se jugaron multitud de pachangas. Los historiadores del Museo de la guerra británico organizaron una exposición en que afirmaban que “el fútbol era casi el único idioma que compartían los soldados. Más allá de algunos alemanes que habían trabajado de camareros en Londres, esos chicos no se podían comunicar bien. Así que todo fueron gestos: dar un cigarrillo, enseñar una foto de la novia y patear un balón”. Se crearon porterías con abrigos o sacos, y los chicos marcaron goles. Aunque no era fácil organizar un partido de 90 minutos y por eso fueron juegos, más que partidos serios. En primer lugar, por el espacio: un campo lleno de barro, nieve y agujeros de las bomba: No podías crear un campo de fútbol en un terreno barrido por los bombardeos. En segundo lugar, por los jugadores: todo el mundo quería patear el balón y las cartas hablan de “200 soldados jugando con la pelota”. Otro factor era el cansancio y las ropas, que permitían los juegos, no los partidos, ya que después de correr 10 minutos con abrigos y botas, con temperaturas muy frías, no podías más. El primer documento que habla de un partido ganado por “los sajones por 3-2” fue publicado en el ‘The Times’ y era una carta anónima. En la prensa alemana de la época se cita el mismo  resultado, aunque hablando de una zona del frente a 100 quilómetros. Así que quizás se jugaron más de un partido de 90 minutos. O ninguno. Los historiadores creen que es una casualidad y fueron juegos informales entre chicos que luego se exageraron.

Las cartas que han llegado a nuestros días son emocionantes. El soldado alemán Kurt Zehmisch escribió a los suyos contando que  “gracias al fútbol y la Navidad, celebramos la festividad del amor como amigos”. El inglés Ernie Williams recordaba que “alguien pateó una pelota en nuestra trinchera y de repente, 200 chicos la perseguíamos”. Incluso una carta alemana del lugarteniente Johannes Niemann habla de un partido contra escoceses, que jugaron con faldas y como no, sin nada debajo. En esta carta se habla de unas fotos que se tomaron juntos los chicos que jugaban al fútbol en medio de la tierra de nadie. Esa foto y esta carta sería el principal documento que podría defender la tesis de un partido más o menos serio, pues se cita dos equipos formando para una foto. ¿Eran 11 jugadores o 20? ¿Jugaron 90 minutos o 45? Desafortunadamente, la foto se ha perdido, aunque si se conservan otras fotos de soldados enemigos juntos, en medio del campo de batalla, ese frío día de Navidad en Bélgica. Fotos que superaron la censura.

(Mike J Chapman)Ploegsteert (Foto: Mike J Chapman)

La tregua de Navidad, como tantas cosas, se ha convertido en un producto ideal para promocionar el turismo a la zona de Ypres, en Bélgica. Para la UEFA, la FIFA y la Premier, que han vendido sus mensajes. Algunos historiadores creen que se ha exagerado, pues desgraciadamente, fueron muy pocos los soldados que improvisaron esa tregua. En otras partes del frente, la guerra no se paró ese día. Pero por una vez, no se exagera la importancia de esa tregua, aunque algunos se llenen los bolsillos. La tregua de Navidad fue un momento sorprendentemente poético en medio del infierno. Soldados alemanes que reciben árboles de Navidad de sus superiores, cantan villancicos y provocan, sin imaginarlo, la solidaridad de su enemigo, que contesta con otras canciones. Y de aquí, al intercambio de regalos y partidos de fútbol. ¿Fue maravilloso, no?

La Primera Guerra Mundial destrozó el Mundo. Entre civiles y soldados, más de 30 millones de muertos. Centenares de futbolistas fallecieron y clubes como el Hearts escocés o el Bradford inglés fueron célebres por la muerte de sus jugadores. Sus hinchas aún visitan los cementerios de guerra honrando esos chicos. Las cifras se disparan en el caso de clubes belgas, pues la guerra les pasó por encima.

La Primera Guerra Mundial y sus secuelas ha dejado páginas y páginas de magnifica literatura. Del pacifista Remarque al belicoso Jünger, unidos después en una charla imposible por el talento de Günter Grass. Las terribles crónicas italianas de la batalla del Carso de Curzio Malaparte o Emilio Lussu. Del humor de Jaroslav Hasek y su eterno soldado Svejk a la crudeza de Henri Barbusse. De la nostalgia del mundo que desaparecía de Joseph Roth a la alegría por el nuevo de Isaac Bábel. De las crónicas periodísticas de Hemingway a la imaginación de Bulgakov. Esa Guerra lo cambió todo. Todo. Y el momento más bello que nos dejó seguirá siendo esos alemanes e ingleses saltando por cráteres persiguiendo una pelota, sonriendo como chiquillos.

Vale la pena recordar esa tregua. Vale la pena amar este deporte cuando une.

Feliz Navidad.

Related posts

3 comments

Deja un comentario

*