Agonía olímpica

Neymar abrió la lata desde el punto de penalti. Foto: Focus Images Ltd.

Decenas de fantasmas sobrevolaban Maracaná en el momento en el que, después de 120 minutos de partido, el árbitro indicó que el oro olímpico se decidiría en la tanda de penaltis. Los anfitriones recordaron entonces las tres finales perdidas: la primera decepción contra Francia en 1984, la derrota en la prórroga contra la Unión Soviética en Seúl y el doloroso gol de Oribe Peralta a los 28 segundos en Wembley. Brasil, el país del fútbol, no podía olvidar su urgencia por lograr la primera medalla de oro tras doce intentos fallidos. Cómo podía ser que ellos no lo hubiesen logrado todavía. Además, enfrente de la Canarinha estaba, otra vez en territorio brasileño, Alemania. El rival que protagonizó la derrota más humillante de la historia de la verde-amarela. Sin embargo, toda la presión quedaba reducida a los lanzamientos desde los once metros. Poco importaba que la final hubiese sido un espectáculo precioso, que Neymar adelantara a Brasil con un trallazo de falta o que ambos hubiesen perdonado una segunda diana definitiva en la prórroga. Se trataba de discernir entre ser uno más que fracasaba o el equipo que ganó el oro dependía de una tanda de penales. A pesar de tratarse de un torneo sub-23 (con las 3 excepciones de rigor de futbolistas mayores de edad), nadie afrontó los Juegos Olímpicos como Brasil. El despliegue mediático, la trascendencia de cada partido, la presión por lograr ante tu afición lo que nadie pudo. Todos estos ingredientes fueron especialmente indigestos para la Canarinha en sus primeros partidos, pues se les atragantó la presión en un inicio, aunque poco a poco las piezas encajaron y el equipo se soltó con la semifinal contra Honduras como punto álgido del torneo. Ahora se podía esfumar todo de un plumazo.

Neymar transformó el penalti decisivo. Foto: calciostreaming.
Neymar transformó el penalti decisivo. Foto: calciostreaming.

Se impuso Brasil gracias a la parada de Weverton en el quinto lanzamiento alemán y la posterior finalización de Neymar, que capitaneó a su selección hacia un triunfo histórico. El “10” asumió la responsabilidad en los momentos más delicados del partido, inscribió su nombre en la lista de goleadores de las finales y registró en el cerebro de todos los espectadores la increíble trayectoria del esférico en su tiro de falta directa. El azulgrana pidió la pelota en todo momento y fue el elemento más desequilibrante. Cumplió con la expectativa que le obligaba a ejercer de líder, aunque Alemania no se lo puso fácil. La buena colocación de los hermanos Bender permitió a los teutones que casi siempre saltaran dos futbolistas a achicar los espacios del “10”, que tuvo pocas recepciones cómodas a lo largo del partido.

Alemania trabajó muy bien a nivel defensivo, fue solidaria y anuló el vendaval ofensivo que venían siendo los atacantes brasileños. Klostermann secó a Gabigol y Toljan minimizó el impacto de Gabriel Jesus en su banda a costa de incorporarse algo menos en ataque, mientras la movilidad de Luan no causó estragos ante la sobriedad de Süle y Ginter, que cuajaron un encuentro formidable. De esta forma, la Mannschaft encorsetó a los futbolistas más talentosos de Brasil, si bien tuvo más problemas para controlar el despliegue de Renato Augusto en la medular. El “5” completó una actuación estratosférica en todos los niveles: cortó y recuperó infinidad de balones en el centro del campo, fue agresivo sin la pelota y luego la movió con criterio. Renato Augusto fue el nexo que permitió conectar con Neymar cuando se producía algún desajuste y también pisó el área rival en cuanto tuvo ocasión.

Klostermann. Foto: MarcadorInt.
Klostermann jugó un gran partido como lateral izquierdo. Foto: MarcadorInt (Todos los derechos reservados).

Este escenario de partido se tradujo en un dominio alterno de ambas escuadras, que enlazaron tramos de superioridad con otros en los que debían esperar agazapados para salir al contragolpe. Abrió la lata Neymar a balón parado, pero Alemania tampoco renunció al ataque y a los 35 minutos de encuentro ya se había topado en tres ocasiones con el larguero. Fue especialmente peligroso el combinado teutón en las acciones de estrategia, que se convirtieron en un suplicio para la defensa brasileña. Así pues, Alemania no se achantó tras encajar el tanto, sino que respondió y poco a poco ganó metros gracias a su calidad asociativa.

Brandt disparó al larguero a los 10 minutos. Foto: Edu Ferrer Alcover (Todos los derechos reservados).
Brandt disparó al larguero a los 10 minutos. Foto: Edu Ferrer Alcover (Todos los derechos reservados).

Empató Max Meyer en el segundo tiempo, en una acción que iniciada por Lars Bender con una recuperación en campo contrario que Alemania castigó sin piedad. Apareció Toljan por la banda derecha y puso un centro medido para que el futbolista del Schalke rematara a placer libre de marca. El tanto vino acompañado por la lesión del propio Lars Bender, que mermó el potencial alemán. El rendimiento del gemelo del Bayer Leverkusen era una de las claves que explicaba tanto la buena circulación de balón en los mejores tramos de la Mannschaft como su solidez defensiva para impedir el despliegue de los talentosos atacantes brasileños.

El 1-1 y la lesión de Lars Bender rompieron el encuentro, que entró en una fase de cierto descontrol. Brasil aceleró en busca de la victoria y se convirtió en un equipo mucho más vertical, que descolgaba a muchos futbolistas en cada ataque y quedaba expuesta atrás asumiendo el riesgo de un posible contragolpe. Neymar empezó a pedir la pelota en cada jugada y tanto él como Luan fueron especialmente productivos recibiendo entre líneas y filtrando buenos pases, pero la zaga alemana se mantuvo firme en todo momento para despejar centros y bloquear disparos sobre la bocina. Es aquí cuando merece detenerse en la actuación de Niklas Süle, central del Hoffenheim. Su corpulencia puede hacernos pensar que se trata de un defensor muy pesado y lento, pero sin embargo siempre supo contener las embestidas de los futbolistas brasileños. Aguantó a la perfección la mayoría de duelos individuales, incluso cuando lo encaraban rivales más veloces, y ofreció un recital de despejes en su propio área. Brasil se volcó, pero Alemania resistió en los minutos de mayor sufrimiento (75-90′).

Los cambios de Rogerio Micale permitieron a Brasil ganar algo de control en la recta final. El técnico brasileño introdujo a Felipe Anderson y Rafinha (ya en la prórroga) por unos desdibujados Gabigol y Gabriel Jesus, lo que supuso una mejoría para su equipo. La entrada de dos centrocampistas para jugar por fuera dotó de mayor tranquilidad a la Canarinha, en especial a partir de la prórroga, pues Brasil se partió menos, dejó de precipitarse y atacó con cierto sentido. Sin embargo, ni brasileños ni alemanes aprovecharon sus pocas oportunidades en el suplemento para evitar una tanda de penaltis en la que se impuso el arquero Weverton, que demostró que es un especialista al intuir cuatro de los cinco lanzamientos para terminar deteniendo el disparo de Nils Petersen. Segundos después Neymar fue el encargado de batir a Horn para hacer historia. Abundaban las caras de felicidad en la celebración de la victoria, pero, sobre todo, eran también rostros aliviados después de lograr, por fin, el tan ansiado oro olímpico.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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3 comments

Entre otras cosas, el torneo sirvió para demostrar que Neymar es un jugador de otra categoría (muy por encima del resto de cualquier otro jugador brasileño) y que Gabriel Jesus y Gabigol no son en absoluto lo que la prensa vende. Un partido malo lo tiene cualquiera, pero en ocasiones fallaban hasta los controles. Lejos de ser “los nuevos Ronaldo”.

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