Valley Floyd Road

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Many miles have I travelled,
many games have I seen,
following Charlton,
my favorite team

(Muchas millas he recorrido, muchos partidos he visto, siguiendo al Charlton, mi equipo favorito).

Este cántico del Charlton Athletic, con la melodía del Mull of Kintyre de McCartney, lleva sonando fuerte en mi cabeza desde que fui a verles jugar hace un par de semanas.

Many hours have I spent in the Covered End Choir,
singing Valley Floyd Road,
my only desire,
Valley Floyd Road

(Muchas horas he pasado en el Covered End Choir, cantando por Valley Floyd Road, mi único anhelo, Valley Floyd Road).

Cantan sobre un rincón de Londres que siempre han sentido como suyo, pero que tuvieron que abandonar hace 32 años.

The mist rolling in from the Thames,
my desire,
is always to be found at Valley Floyd Road

(La bruma bajando por el Támesis, mi anhelo es ser siempre encontrado en Valley Floyd Road).

El Charlton fue fundado a escasos metros de la orilla del Támesis en el sudeste de Londres. Deambularon por varios campos hasta que después de la Gran Guerra se adueñaron de un pantano abandonado y prácticamente vacío. Los miembros del club, aficionados inclusive, trabajaron para allanar la arena de la cuenca con el fin de que pudiese valer como terreno de juego. De ahí el nombre. Era como un valle: el campo, un espacio plano en la parte más baja, estaba rodeado por grandes montones de tierra. Aún a día de hoy la vista desde el graderío de varias casas y árboles por encima del nivel del estadio hace honor al nombre.

En ese ‘valle’ echó raíces el Charlton. La tierra que rodeaba al campo se convirtió en gradas de cemento y madera y así se alzó un estadio que durante un tiempo llegó a ser de los más grandes del país (un partido de FA Cup en 1938 fue su cúspide de asistencia: 75.000 espectadores presenciaron aquella eliminatoria ante el Aston Villa). En primera, segunda y tercera, los Addicks (atención con este apodo, que es rebuscado: en los primeros años del club, un pescadero llamado Arthur Bryan le daba fish and chips a los jugadores después de los partidos. El pescado que utilizaba era eglefino, haddock en inglés. El acento de esa zona de Londres machacó el nombre del pescado a su gusto y de haddock and chips se pasó a addick and chips, y de ahí surgió lo de Addicks) siempre vivieron en Floyd Road. Hasta que a mediados de los 80 llegó un cambio.

Las escaleras que bajan a The Valley. Foto: Andrew Tobin/Focus Images Ltd.
Las escaleras que bajan a The Valley. Foto: Andrew Tobin/Focus Images Ltd.

El club arrastraba serios problemas económicos que lo llevaron a la bancarrota. Su desaparición parecía inminente. La Football League les había puesto una fecha límite para encontrar nuevo capital, pero este no llegaba. Fue casi sobre la bocina, a falta de 25 minutos para que se cerrara el plazo, cuando el Charlton finalmente dio con nuevos dueños. Ese rescate in extremis les permitió sobrevivir. Pero en el acuerdo de compra no se incluyó la propiedad del estadio. Como pronto se demostró que el club seguía sin tener dinero para permanecer en The Valley, en 1985 se tuvieron que marchar. Dolida, la afición se pasó los siguientes años sintiendo que todos los partidos los jugaban fuera de casa. Tuvieron que acudir a regañadientes a Selhurst Park, estadio que compartieron con su rival del sur de la capital, el Crystal Palace. Y The Valley quedó dejado de la mano del fútbol.

La afición no dio su casa por perdida. Su deseo de volver era tan fuerte que, cuando el club anunció que tenía la intención de regresar a The Valley, muchos voluntarios acudieron a limpiar el abandonado estadio para que la reforma pudiese comenzar lo antes posible. No obstante, había un impedimento: el ayuntamiento no daba luz verde al plan. En respuesta al inexistente interés de las autoridades por facilitar el regreso del Charlton a The Valley, la afición formó un partido político. El partido, llamado Valley Party, llegó a sumar 15.000 votos. Su mensaje era claro: para un sector importante de la comunidad local, el Charlton y The Valley lo eran todo. La presión sobre el ayuntamiento fue efectiva: este acabó aprobando el proyecto de reconstrucción del estadio, que por aquel entonces estaba más arreglado pero todavía se encontraba en estado de decadencia. El Charlton dejó Selhurst Park y se mudó a Upton Park mientras se trabajaba para que su verdadero hogar volviese a ser habitable. La afición se movilizó y recaudó más de un millón de libras y el club vendió jugadores de peso. De este modo reunieron el capital necesario para financiar su ansiado retorno.

Diciembre de 1992: En un renovado The Valley, el Charlton Athletic recibió la visita del Portsmouth. Vencieron por 1-0. Por fin los Addicks habían regresado a Floyd Road.

Diciembre de 2017: ‘¿Quieres venir hoy al Charlton-Portsmouth? Es el 25º aniversario del regreso a The Valley’, es lo primero que leo al mirar el teléfono una mañana de sábado. El mensaje me lo manda mi amigo Brandy, fiel seguidor del Charlton. Ese fin de semana me había propuesto quedarme en casa para ponerme al día con trabajo acumulado. Iba a ser un fin de semana sin ir a ver fútbol en directo. Hacía falta un poco de disciplina, y poca disciplina es lo que hubo. Ducha a toda prisa, desayuno móvil camino a la parada del bus y viaje de hora y pico hasta Floyd Road. Como decía Michale Corleone en el Padrino Parte III: “Justo cuando creía que estaba fuera… me vuelven a arrastrar dentro”. Justo cuando creía que por primera vez en la temporada iba a escapar de la tentación de ir al fútbol… regreso a The Valley.

Había ido a ver al Charlton por primera vez en octubre, cuando recibieron al AFC Wimbledon. Esta vez era diferente. Se notaba que era una ocasión especial: el tono era festivo y habían acudido más espectadores. Muchos de los presentes lucían orgullosos un pin que conmemoraba el aniversario. El Portsmouth, mismo rival que aquel día de 1992, se presentaba apoyado por más de 4.000 aficionados. Eran tantos que no entraban todos en el fondo visitante, así que también se les asignó un sector de la tribuna.

No llegábamos con mucho margen de tiempo, por lo que Brandy y yo tuvimos que omitir la visita a The Royal Oak, el pub por excelencia de los Addicks para la pinta previa al encuentro. Sí que tuvimos tiempo para meternos una pie con puré de patata entre pecho y espalda dentro del estadio. Estaba muy, muy buena, pero me pesó en la barriga durante todo el partido. En el descanso apuramos demasiado para coger una pinta y cuando volvimos al graderío la segunda parte ya estaba en marcha. No fue hasta el minuto 70 que me di cuenta de que en el marcador ponía que el Portsmouth ganaba por un gol. Me sorprendió porque no habíamos escuchado reacción alguna cuando estábamos comprando la cerveza, y deberíamos de haberla oído dado el número de aficionados visitantes. Lo que sí que habíamos visto fue una gran parada de penalti del portero del Charlton. Le pregunté a Brandy si se había dado cuenta del gol del Pompey y efectivamente, estaba en el mismo barco que yo. Llegamos a pensar que era un defecto del marcador. Entonces comprobé el resultado del partido en el móvil: Charlton 0-1 Portsmouth. El gol se había marcado justo tras el descanso. Y nosotros sorprendidos con lo mucho que estaba apretando el Charlton en la segunda parte. “Si no me llegas a decir nada soy capaz de irme a casa contento por haber sacado un punto, sobre todo teniendo en cuenta que ellos habían fallado un penalti”, me dijo Brandy, ahora de bajón. El aniversario se cerró con un mismo resultado que el partido de 1992 pero con distinto vencedor.

Mi momento preferido fue escuchar ese cántico sobre Valley Floyd Road. Estábamos de pie en el fondo del estadio donde más se anima y todo el mundo lo entonó a una voz. No tuvimos que fijarnos en si estábamos ocupando nuestro asiento porque en The Valley suele haber bastantes sitios vacíos. Aunque el Charlton es el tercer equipo de League One con la media de espectadores más alta (11.000), solo por detrás del propio Portsmouth (18.000) y el Bradford (20.000), a día de hoy es muy difícil que The Valley de la impresión de estar lleno hasta la bandera porque su aforo es de 27.000 personas. Sí que lo estaba hace diez años cuando el equipo jugaba en la Premier League. Al descender en 2008 pasaron dos años en Championship, después bajaron a League One, y tres temporadas después regresaron a segunda. Durante este tiempo la media había bajado con respecto a los años en la Premier pero se mantenía entre los 15.000-20.000. La gran caída llegó hace un año y medio con el último descenso a League One.

El renovado The Valley tiene un aforo de 27.000 espectadores. Foto: Alan Stanford/Focus Images Ltd.
El renovado The Valley tiene un aforo de 27.000 espectadores. Foto: Alan Stanford/Focus Images Ltd.

La desilusión entró a The Valley como esa bruma que trae el Támesis. En 2014, el empresario belga Roland Duchâtelet, dueño del Alcorcón, Ujpest, Sint-Truidense y Carl Zeiss Jena, compró el club. También fue el máximo accionista del Standard de Lieja hasta que en 2015 abandonó la entidad empujado por la presión de tener a toda una afición en su contra. Algo similar sucedería en el sudeste de Londres. El descontento se iría cociendo a fuego lento. Una vez se llegó al punto de ebullición, que fue el despido del primer entrenador, no hubo paz. Los entrenadores entraban y salían, uno detrás del otro. La managers office del Charlton se parecía más a un bed and breakfast que al espacio de trabajo del míster: hubo nueve cambios en el banquillo en apenas dos años. Y entre medias un descenso a tercera. Solo con la llegada de Karl Robinson, un técnico que se ha ganado el respeto de Floyd Road, se encontró cierta estabilidad.

A la enésima fue la vencida. En Robinson el Charlton parece tener a un entrenador válido para pelear por el ascenso. Solo tiene 37 años y llegó en noviembre de 2016 procedente del MK Dons, donde había ocupado el cargo desde los 29. Con él se vieron los primeros brotes ilusión. Pero para la afición ya era demasiado tarde para el perdón: la grada estaba totalmente en contra de la propiedad del club. Cuando llegó Duchâtelet hubo gente que sí que vio con buenos ojos su inversión, pues podía ayudar a que el club y su comunidad crecieran. A pesar de esa inyección económica, en lugar de ir hacia arriba, el equipo acabó bajando un escalón con el descenso a League One. Entonces la paciencia general se quebró. Resulta complicado identificar cuál fue la gota que colmó el vaso, si fue uno de los muchos cambios de entrenador o si fue el descenso. Posiblemente ambos. El distanciamiento entre la afición y Duchâtelet no podía ser mayor.

“Estaría muy sorprendido si pudieses encontrar a algún aficionado del Charlton al que le guste Roland Duchâtelet. Un sector de la afición le detesta especialmente y ya no acude a los partidos en forma de protesta. Nadie tiene aprecio a este hombre que fue el claro responsable del descenso a League One”, me explica Brandy. “Han sido varios momentos los que han terminado de acabar con la paciencia de la gente. El descenso de Championship fue clave. En general, la falta de interés de Duchâtelet por el club y su poco conocimiento sobre fútbol han sido las causas subyacentes. Tampoco ayudó para nada la labor de Katrien Meire (la directora ejecutiva del club), que fue la marioneta de Duchâtelet y llegó a referirse a los aficionados como ‘clientes’”.

Fruto del enfado general se crearon asociaciones como la Coalición Contra Ronald Duchâtelet, que llegó a tomarse la molestia de viajar a Bélgica para transmitir su descontento al dueño, ya que este llevaba dos años sin acudir a los partidos. A Duchâtelet le pedían día sí y día también que se fuera. Las protestas cobraron muchas otras formas: una invasión de campo, innumerables pancartas, un funeral tras el descenso en el que se lloraba por el club, lanzamientos de pelotas de plástico, de cerdos de goma y de bengalas al campo, una sentada en el exterior el estadio, boycotts a los partidos en casa… La lista es larga. Para alegría de la afición del Charlton, parece que esta época gris va a llegar a su fin.

Así fueron las protestas de la afición del Charlton (fotos de Focus Images Ltd):

Charlton Athletic v MiddlesbroughSky Bet Championship

Charlton Athletic v BurnleySky Bet Championship

Charlton Athletic v MiddlesbroughSky Bet Championship

Charlton Athletic v BurnleySky Bet Championship

Charlton Athletic v BurnleySky Bet Championship

Charlton Athletic v Swindon TownSky Bet League 1

Charlton Athletic v Wolverhampton WanderersSky Bet Championship

Tal y como hicieron hace más de 25 años para poder volver a The Valley, los aficionados del Charlton se volvieron a unir para poder salvar a su club de la gestión de Duchâtelet. Su incesante activismo no hace sino demostrar lo fuerte que es la comunidad que rodea a este equipo. Ahora, tras todo el suplicio, han recibido como un regalo navideño la noticia de que el club busca nuevos propietarios. Duchâtelet venderá el club. No hay certeza alguno de que lo que llegue vaya a ser bueno, pero el mero hecho de cambiar de dueños ya es todo un alivio para los Addicks que cada dos semanas acuden a Floyd Road.

La afición del Charlton cantando Valley Floyd Road en Craven Cottage:

Foto de portada: Miguel Mosquera/MarcadorInt

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3 comments

Thank you Sir Mosquera y feliz año.
Apuntado queda… Hay que visitar Valley Floyd Road, pasando antes y sin prisa por The Royal Oak y ver insitu la Ligue One, Two o Championship, en la que estén, vamos… ¡¡Vamos!!

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