El Lincoln City un año después

Luke Waterfall of Lincoln City (L) lifts the Checkatrade Trophy after beating Shrewsbury Town 1-0 in the final at Wembley Stadium, London
Picture by Alex Burstow/Focus Images Ltd 07814032530
08/04/2018

Dicen que este domingo las calles de la histórica Lincoln estaban desiertas. Un cuarto de su población había desparecido. En coche, tren o bus, alrededor de 27.000 aficionados del Lincoln City habían puesto rumbo a Londres, donde su equipo iba a jugar la final del EFL Trophy (competición que disputan equipos de League One y League Two y filiales de Premier League y Championship). Hace un año también visitaron la capital inglesa, aunque en cifras más modestas, para otro encuentro muy especial: se enfrentaron al Arsenal en los cuartos de final de la FA Cup. Era la primera vez en más de un siglo que un equipo de non-league llegaba tan lejos en la competición copera por excelencia. Entonces era imposible imaginarse que poco más de 12 meses después el Lincoln City iba a vivir algo a la altura de esa inolvidable participación en la FA Cup. “Esto es incluso más importante”, afirmaba de forma rotunda un aficionado en la previa del partido. Por primera vez en sus 134 años de historia, el Lincoln iba a jugar en el emblemático Estadio de Wembley.

Eliminaron al Altricham y al Oldham en las dos primeras rondas. Hasta ahí todo normal; interesante progreso, pero nada del otro mundo. Después fulminaron al Ipswich en la tercera ronda y comenzó el murmullo. Las sospechas aumentaron cuando derrotaron al Brighton y ya pasaron a ser clamorosas cuando también superaron al Burnley. El Lincoln, por aquel entonces un equipo de quinta división, se había convertido en el mata-gigantes de la FA Cup 2016/17. Su sueño terminó en cuanto el Arsenal se cruzó en su camino. Pero esta memorable campaña dejó huella. Ningún equipo por debajo del cuarto escalón del fútbol inglés (ese que delimita el profesionalismo) había logrado algo así en 103 años. Y las alegrías no terminaron ahí. A final de temporada se consolidaron como club profesional: al ganar el título de Conference National (quinta división) ascendieron por tanto a League Two, categoría que habían abandonado seis años antes.

La histórica participación del Lincoln City en la FA Cup de la temporada pasada acabó cuando perdieron ante el Arsenal en cuartos de final. Foto: Alan Stanford/Focus Images Ltd.
La histórica participación del Lincoln City en la FA Cup de la temporada pasada acabó cuando perdieron ante el Arsenal en cuartos de final. Foto: Alan Stanford/Focus Images Ltd.

El Lincoln ya tenía una estructura prácticamente profesional, pero el ascenso y el dinero obtenido gracias a la FA Cup le dieron un impulso importante al proyecto. Un proyecto que tiene algo en común con Fargo y El Gran Lebowski: lleva el sello de dos hermanos. Los Ethan y Joel Coen del Lincoln son Danny y Nicky Cowley. Danny, de 39 años, ocupa el cargo de primer entrenador y Nicky, de 34 años, el de asistente. Aunque en palabras de Danny, sus cargos son ‘irrelevantes’; ambos hermanos dirigen al equipo codo con codo. La temporada pasada ya contamos su historia .Se podría resumir así: Danny dejó el fútbol de forma prematura a los 29 años por una lesión y pronto empezó a entrenar al equipo amateur en el que jugaba su hermano Nicky, el Concord Rangers; allí lograron tres ascensos (hazaña que Danny todavía considera uno de los mayores logros de su carrera) y entonces los fichó un equipo de quinta división, el Braintree, donde combinaron su trabajo en el banquillo con su empleo como profesores de educación física en un colegio; tras alcanzar el playoff contra todo pronóstico con el Braintree, el Lincoln City fue a por ellos. Y el resto ya es historia. La asistencia media cuando llegaron al Lincoln era de 2.000 aficionados y ahora ronda los 9.000. Los hermanos Cowley no han cumplido ni dos años en el club y ya han dejado un legado imborrable.

Unión fraternal en el banquillo del Lincoln

Lo del año pasado no fue una mera buena racha de resultados, sino que ha tenido continuidad en el presente curso. El Lincoln está en puestos de playoff y sueña con un segundo ascenso consecutivo. En la FA Cup y la EFL Cup cayeron a las primeras de cambio, pero en el EFL Trophy fueron superando rondas hasta plantarse en la final. El EFL Trophy, llamado Checkatrade Trophy por motivos de patrocinio, es un torneo creado a principios de los 80 en el que participan equipos de tercera y cuarta división. El formato de la competición ha tenido algunas variaciones con el paso de los años. El cambio más polémico se introdujo en la pasada edición, cuando la Football League decidió incluir a filiales de equipos de Premier League y Championship. La intención era aumentar el nivel de los futbolistas ingleses al exponerles a partidos exigentes desde una temprana edad. Pero la respuesta por parte de muchas aficiones fue negativa, pues lo consideraron una falta de respeto. El EFL Trophy fue y sigue siendo boicoteado por algunas hinchadas.

El nuevo formato del EFL Trophy

Algunos equipos de League One y League Two suelen introducir rotaciones en el EFL Trophy porque es el torneo menos prestigioso de los cuatro que disputan y porque el ritmo competitivo de estas dos ligas ya es muy alto de por sí. La temprana eliminación de las otras dos copas hicieron que los Cowley se centraran en la liga. Pero también se tomaron el EFL Trophy muy en serio y pronto lo identificaron como un torneo en el que tenían opciones de llegar lejos. “Días como el de este domingo crean aficionados para toda la vida y por eso nos hemos centrado tanto en esta competición”, explicaba Danny en una entrevista con la BBC. El míster del Lincoln puso énfasis en lo importante que es crear un recuerdo que le acompañe a la afición durante muchos años.

Tras vencer al Mansfield Town, el filial del Everton, el Notts County, el Accrington Stanley, el Rochdale y el Peterborough, el Lincoln se plantó en semifinales invicto, donde se midió al filial del Chelsea. El encuentro terminó en empate a uno y se decidió desde los once metros: 5-4 para el Lincoln. En la final les esperaba el Shrewsbury Town, un equipo de una división superior. El Shrewsbury terminó 18º en League One la temporada pasada pero este año está en puestos de ascenso directo. Detrás de esta formidable mejora se encuentra otro técnico joven y muy curtido en non-league, Paul Hurst. Los caminos de Hurst y los Cowley ya se habían cruzado antes. Cuando Danny entrenaba al Braintree en Conference, Hurst estaba al frente de otro conjunto de la misma liga, el Grimsby Town. Hurst contaba con más experiencia y su equipo tenía más nivel que el Braintree, así que Danny quiso aprender de él. Cuando se conocieron, Danny le pidió el número a Hurst y a partir de ahí comenzó a llamarle con frecuencia para pedirle consejos y preguntarle por rivales. Las llamadas cesaron unos meses después. El motivo fue el progreso del Braintree de los Cowley. “Le dije algo como ‘creo que deberíamos parar ya con esto porque lo estáis haciendo muy bien y ahora somos rivales directos’”, explicó Hurst en el periódico local de Shrewsbury, el Shropshire Star. A final de temporada se vieron las caras en las semifinales del playoff. El Grimsby de Hurst ganó la eliminatoria. Dos años después, Hurt y los Cowley se reencontraban en Wembley.

Paul Hurst (derecha) solía darle consejos a Danny Cowley (izquierda). Foto: Alex Burstow/Focus Images Ltd.
Paul Hurst (derecha) solía darle consejos a Danny Cowley (izquierda). Foto: Alex Burstow/Focus Images Ltd.

“Ha sido un larga espera para llegar hasta Wembley”, decía Danny Cowley en rueda de prensa, “134 años”. Todo el mundo o bien repetía esa cifra o mencionaba el número de años que llevaba apoyando al equipo. “He sido aficionando del Lincoln durante 55 años; 55 años esperando un día como este”, decía un padre de familia, que no lograba decidirse entre esta experiencia y la de la FA Cup la temporada pasada. Su mujer intervino: “Para mí esta sin duda”. Muchos otros aficionados respondían lo mismo. No sin antes mencionar lo increíble que fue lo del año pasado, la mayoría afirmaban que ir a Wembley es algo único.

“No todos los días te despiertas sabiendo que puede que hagas algo que recuerdes el resto de tu vida”, palabras de Danny Cowley. Hoy ese era el caso. Llovía en Londres. Los aficionados del Lincoln se habían propuesto teñir de rojiblanco este día gris. Desde la estación de King’s Cross, a la que llegaban los trenes procedentes del norte, hasta la parada de metro de Wembley Park, y después por el camino al estadio, la famosa Wembley Way. Desfilaban familias al completo y grupos de amigos. “Me he encontrado a mucha gente que conozco”, comentaba un aficionado de toda la vida que había venido con otros dos amigos, “pero es que es normal, ¡somos 27.000!”. El mal tiempo no evitó que la gente se reuniera a tomar unas cervezas en la fan zone antes del partido.

A los cinco minutos de juego, Bryn Morris del Shrewsbury aprovechó un rechace para disparar de primeras con la zurda desde las inmediaciones del área y le dio al larguero. El miedo entró en el cuerpo del aficionado del Lincoln pero pronto lo expulsó a grito de gol. Diez minutos después de ese larguero que pudo haber puesto al Shrewsbury por delante, Elliot Whitehouse del Lincoln marcó en un córner. Las celebraciones en la parte del estadio ocupada por la afición de Lincolnshire se prolongaron durante varios minutos. En un momento dado, todos extendieron los brazos y comenzaron a balancearse de un lado a otro. Simulaban el vuelo de un Lancaster Bomber. Esas aeronaves usadas por la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial son un símbolo adoptado por el Lincoln City. El escuadrón de bombarderos 617 Squadron, también conocido como los Dambusters, se formaron cerca de Lincoln y tuvieron un peso importante en la Batalla del Ruhr. Los Dambusters protagonizaron la Operación Chastise, un bombardeo estratégico de presas en el Valle del Ruhr con el fin de causar inundaciones en una zona en la que los alemanes fabricaban armamento y tenían centrales eléctricas y minas. Era la icónica catedral gótica de Lincoln, el edifico más alto del mundo entre 1311 y 1549, el punto de referencia que le confirmaba a los pilotos de los bombardeos que habían regresado sanos y salvos a casa. A día de hoy, el grupo de aficionados más ruidosos del Lincoln City se llama 617 Squadron y sus mosaicos y banderas recuerdan a los Dambusters.

El instant en el que Elliott Whitehouse (izquierda) marcaba el gol que le daría el título a su equipo. Foto: Alex Burstow/Focus Images Ltd.
El instante en el que Elliott Whitehouse (rubio, dorsal 4) marcaba el gol que le daría el título a su equipo. Foto: Alex Burstow/Focus Images Ltd.

El otro símbolo del Lincoln es el imp, que le da tanto su apodo como su escudo al equipo. La leyenda de los imps (diablillos) es algo en las líneas de: Satán estaba aburrido y quería ajetreo, así que mandó a un par de pequeñas criaturas diabólicas a causar jaleo por iglesias del norte de Inglaterra, hasta que en la catedral de Lincoln un ángel hizo acto de presencia saliendo de la Biblia del altar, pero los imps no hicieron caso y siguieron a lo suyo, y entonces el ángel tiró de petrificación. La leyenda cuenta que algunos imps lograron escapar mas uno quedó atrapado para siempre en forma de piedra en la Catedral de Lincoln. Esa figura de pequeño diablo con una pierna cruzada sobre la otra y una sonrisa perversa conforma el escudo del los Imps.

Al Lincoln no se le hizo grande el escenario y logró defender el marcador durante el resto de la final. Danny Cowley reconoció que la experiencia de la temporada pasada en la FA Cup les permitió estar más preparados a nivel mental. Y por supuesto, se acordó de su afición. “27.000 aficionados para un equipo de cuarta división”, el dato más repetido del día junto con ‘134 años’, “es increíble, ¿eh?”, decía en rueda de prensa con una sonrisa. Después quiso subrayar la palabra ‘aficionados’ con una pequeña reflexión: “Hay una gran diferencia entre aficionados y espectadores”, comenzó. “Cuando veo partidos de la Premier League, suelo ver espectadores. La diferencia entre los espectadores y los aficionados es que los aficionados aportan algo al equipo, mientras que los espectadores solo observan y como mucho critican o se quejan. Pero los aficionados apoyan al equipo en todo momento. El otro día jugamos contra el Crewe Alexandra un partido horrible (el Lincoln perdió 1-4) y aún así la gente seguía animándonos hasta el final. Esa es la diferencia entre ellos, los de la Premier League, y nosotros, los de League Two. Y me siento muy orgulloso de formar parte de esto”.

El Lincoln City se adelantó al cuarto de hora de partido y el marcador no volvió a moverse. Foto: Alex Burstow/Focus Images Ltd.
El Lincoln City se adelantó al cuarto de hora de partido y el marcador no volvió a moverse. Foto: Alex Burstow/Focus Images Ltd.

Cayó la noche y Lincoln recuperó al 25% de su población, que regresaba de Wembley con un trofeo como souvenir. Era un día de celebración. Pero Danny Cowley tampoco iba a dejarse llevar. “Esta noche me pondré a ver al Port Vale, que jugamos contra ellos la semana que viene”, aseguraba, para después bromear diciendo “mi vida es aburrida y triste”. Se dice que varios clubes andan detrás de los hermanos Cowley. “Seríamos muy afortunados si pudiésemos tenerlos con nosotros la temporada que viene”, afirmaba ese padre de familia del Lincoln, y su hijo de unos 6 años añadía “son los mejores”. La afición de los Imps respira tranquila al escuchar declaraciones como las que Danny le dejó el otro día en la BBC, en una entrevista en la que decía que su intención era traerse a su familia a Lincoln (los dos hermanos son del condado de Essex, al este de Londres, y sus mujeres e hijos todavía viven allí). Se entiende que su objetivo es llevar al club a Championship. Por ahora ya le han dado un ascenso, una participación histórica en la FA Cup, un título en Wembley, y esta temporada, impulsados por la confianza que aportan todos estos logros, quizás consigan un nuevo ascenso.

Foto de portada: Alex Burstow/Focus Images Ltd

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