El cambio de Blanc: la base del éxito

Laurent Blanc Press Conference

El Paris Saint-Germain se proclamó campeón de la Ligue 1 2013-14 antes de iniciar su partido de hoy ante el Rennes, con el empate entre AS Monaco y EA Guingamp (1-1) en el Stade Louis II. Es el segundo título liguero consecutivo, el segundo de la era Al-Khelaïfi y el cuarto de la historia de la entidad capitalina. La superioridad a nivel estatal del PSG ha sido manifiesta y mucho más evidente que la pasada campaña. Los pupilos de Laurent Blanc accedieron al liderato en la 10ª jornada y, desde entonces, solo han aumentado la distancia con el AS Monaco, un megaproyecto en desarrollo que el año pasado no era rival. La escuadra capitalina comenzó la temporada ganando la Supercopa y se ha hecho recientemente con la Coupe de la Ligue. Además, a nivel continental, el PSG ha intimidado a Europa y ha dado auténticas exhibiciones en partidos de la UEFA Champions League. Es en parte por esto por lo que dolió tanto en el seno de la entidad parisina la remontada de Stamford Bridge. Quedaron apeados en unos Cuartos de Final que ahora saben a poco pero que, hasta el año pasado, el PSG solo había disputado una vez en su historia (1994-95).

Es evidente, pues, que el PSG de Laurent Blanc ha avanzado con respecto al de Carlo Ancelotti, el primer PSG post inversión catarí. Esta actualización del equipo ha registrado mejores sensaciones y ha dado pasos para incorporarse a la élite del fútbol europeo. Toda esa mejoría se gestó con un cambio muy concreto y muy significativo de Blanc. Una decisión táctica que, a la postre, iba a condicionar el desarrollo del curso futbolístico: el cambio al 4-3-3 como esquema base.

Corregir un defecto heredado

Verano de 2013. Carlo Ancelotti firmó por el Real Madrid y el elegido para sustituirlo fue Laurent Blanc, un técnico de renombre y nivel que venía de dirigir a un gran Girondins de Bordeaux y a la selección francesa. El PSG empezó el curso en Gabón, ganando sin alardes la Supercopa ante el propio Girondins (2-1). Después, las sensaciones empeoraron con el arranque de la Ligue 1. 2 puntos de 6 posibles en las dos primeras jornadas, con empates en Montpellier (1-1) y como local ante el hoy descendido AJ Ajaccio (1-1). En esos encuentros, Blanc apenas tocó lo que recibió en herencia: sistema de 4-4-2 asimétrico, con Javier Pastore incrustado a la fuerza en la banda izquierda, con delanteros móviles que se hipotecaban cayendo a ese perfil para acomodar al argentino y con Zlatan Ibrahimović moviéndose por el área.

En la tercera jornada de liga, en Nantes, Blanc cambió el dibujo para arreglar ese defecto estructural que Ancelotti toleró. Centró a Pastore, lo colocó como interior derecho a la altura de Blaise Matuidi y situó como protector y encargado único de la salida de balón en raso a Thiago Motta. Fijó en una banda al delantero móvil (Ezequiel Lavezzi), sacrificó al recién llegado Edinson Cavani escorándolo a la otra banda y dejó a Ibrahimović como delantero centro. Es el 4-3-3 de Blanc, con el que se consiguió la victoria en Nantes, y en casa ante el EA Guingamp (sobre la bocina), y en Burdeos, y en El Pireo… y así hasta hoy.

Cavani legitima el cambio

Cavani FocusEdinson Cavani ayudando en faceta defensiva. Foto: Focus Images Ltd.

El esquema de Laurent Blanc tiene a un jugador sacrificado, como le ocurría al de Ancelotti. No obstante, ese sacrificio no es un destierro como el de Pastore, sino que es una medida legitimada de facto por el propio futbolista desplazado: Edinson Cavani. Esa aprobación indirecta la dio en la Semifinal de la Copa Confederaciones Brasil-Uruguay. Es cierto que Cavani llevaba tiempo escorado a una banda con la selección charrúa pese a ser el ‘9’ de sus clubes. Sin embargo, en esa Semifinal realizó un trabajo defensivo pocas veces visto en él. Una labor de ayuda impresionante ante Neymar y Marcelo, impropia de un delantero y más bien cercana a la de un carrilero. Su encomiable solidaridad no le impidió generar peligro en campo brasileño, lo cual demostró que Cavani podía llegar a ser uno de los delanteros más solidarios del mundo sin perder la etiqueta de delantero.

Con ese precedente en la memoria, Blanc lo escoró a la derecha en Nantes y Cavani respondió con un gol. El uruguayo se sintió cómodo pronto jugando en la banda parisina como “delantero-volante”. Su cultura defensiva no contrarrestaba su talento goleador o sus cualidades ofensivas. Simplemente, le hacían (y le hacen) mejor que otros delanteros. Con el avance de los partidos, Blanc probó incluso a cambiarle de banda para dar cabida a Lucas Moura, algo eclipsado por el cambio de sistema. Y Cavani respondió en la izquierda, cumpliendo tanto en campo rival como en campo propio. El sacrificio de escorarlo a un costado era y es, pues, una cuestión puramente nominal y anecdótica. No suponía un problema para el 4-3-3 sino que más bien beneficiaba al colectivo.

Pastore se lesiona pero Verratti evoluciona

Javier Pastore, el hombre que motivó a Blanc a cambiar el dibujo en primera instancia, sufrió varias lesiones en los primeros días de vida del 4-3-3 que le impidieron aparecer con regularidad en las convocatorias. Con la llegada del otoño su presencia se redujo y Laurent Blanc tuvo que decidir si continuaba o no con su apuesta. El exseleccionador francés optó por mantener su nuevo sistema y le dio la titularidad a Marco Verratti en la demarcación de interior. Verratti, hasta ese momento, había jugado en el Paris Saint-Germain como mediocentro posicional. Había ejercido de mediocentro sólido, solvente y recuperador de balones merced a su gran talento para ir al suelo y robar con elegancia –a la par que con alevosía–. Empezó a jugar como interior e inició una evolución que lo ha llevado a la élite mundial. Sin perder ese talento defensivo empezó a marcar diferencias en el avance con balón hacia campo contrario. Ayuda a Thiago Motta, ofrece trabajo defensivo a una altura intermedia y, además, sirve notables pases verticales (tanto en raso como aéreos) para influir mucho en fase ofensiva.

Se convirtió en un generador de peligro; en el primer eslabón de las jugadas de ataque. Por momentos, incluso, eclipsó a un Blaise Matuidi que se había ganado el renombre con su profundidad de la pasada temporada. Los motivos eran la elegancia, la precisión y la visión de Verratti en su nuevo rol, mirando hacia portería rival. Pastore quedó en el olvido. Verratti, con una evolución similar y paralela en el tiempo a la de Nemanja Matić, aportaba más que él y mejoraba al equipo en la faceta defensiva.

EL CICLO DE 5 AÑOS DEL PARÍS SAINT-GERMAIN DE NASSER AL-KHELAÏFI

Fotor0427510281) Once ante el AJ Ajaccio (18 de agosto, 1-1); 2) Once en Nantes (25 de agosto, 1-2); 3) 4-3-3 tipo de la temporada.
Infografía: Footballuser. Edición: MarcadorInt. Haz click para ampliar.

Ibrahimović se acomoda y marca diferencias

El PSG del 4-3-3 llegó a su cénit muy deprisa y se mantuvo en su mejor momento de juego en tiempo durante meses. Era y es un PSG ofensivo y dominador de partidos, que tiene la posesión, que se adapta al rival cuando no la tiene y que empieza sus jugadas prácticamente como quiere: en raso con Motta y los interiores, en raso por bandas, con desplazamientos largos de Motta o Verratti (ambos con precisión de cirujano), colgándole un balón a Ibrahimović…

Ibrahimovic FocusZlatan Ibrahimović celebra un gol. Foto: Focus Images Ltd.

El futbolista sueco es el que hace que sean viables esos dos últimos mecanismos. Su movilidad se vio potenciada con la eliminación del rol de mediapunta. Zlatan Ibrahimović empezó a gozar de muchos espacios en campo rival y a retroceder mucho más de lo que se había visto con Ancelotti. Se coloca delante del doble pivote rival, baja balones largos, se gira y, por potencia, por físico, por cualidades futbolísticas, por confianza e incluso por autoestima, se va de los rivales que haya de ahí hasta la portería rival. Por muchos que sean. Tener una parcela tan amplia para actuar le hace disfrutar sobre el césped. Juega en unas condiciones idóneas para un tipo con sus habilidades e, incluso, con su personalidad: si lo desea, retrocede y puede tirar de todo un PSG hacia la portería contraria. A principios de otoño empezó a mostrarse a Matuidi y a Verratti en la línea divisoria –e incluso en campo propio– sin que esto le impidiera marcar y liderar la tabla de goleadores de la Ligue 1, como sigue haciendo hoy pese a su lesión (25 goles). Al equipo, además, le benefició que Ibrahimović se acomodase, pues cuando no se recurría a él como primera opción, el de Malmö ocupaba espacios y buscaba huecos para ofrecerse constantemente a Cavani, Lavezzi, Moura o los interiores (y marcar después). El 4-3-3 de Blanc mejoró y le dio más hambre Ibrahimović.

La progresiva adaptación de Lucas Moura y de Yohan Cabaye, la aparición de Adrien Rabiot y el aumento de la influencia de los laterales Maxwell y van der Wiel merecen también ser mencionados. El PSG de esta temporada estaba preparado para hacer grandes cosas en Francia y en Europa. Hizo lo primero, pero una mala noche le privó de lo segundo. La presión a la que se ha visto sometido Laurent Blanc desde la remontada del Chelsea es inherente a una visión resultadista del fútbol. A fin de cuentas, el PSG de Carlo Ancelotti ganó también la Ligue 1 y llegó a la antepenúltima ronda de Champions. Desde esta perspectiva, solo se diferencia del actual en la Supercopa y en la Copa de la Liga, dos títulos considerados menores. No obstante, desde un punto de vista futbolístico, este segundo PSG de la era Al-Khelaïfi es tremendamente superior a los últimos rescoldos del primero.

Y todo, por el cambio al 4-3-3. La base del éxito de esta temporada.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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