69 puntos

Paris St-Germain manager Laurent Blanc pictured ahead of the Coupe de la Ligue Final at Stade de France, Paris
Picture by Ian Wadkins/Focus Images Ltd +44 7877 568959
11/04/2015

34 encuentros consecutivos sin perder en la Ligue 1 encumbran al París Saint-Germain como un equipo histórico dentro del fútbol francés. La diferencia abismal entre el presupuesto de la entidad parisina y el de sus rivales, unido al expolio del mercado nacional por parte de los clubes ingleses, ha decantado la balanza a favor del cuadro dirigido por Laurent Blanc desde el inicio. No han encontrado oposición real. Sin embargo, tan necesario es analizar los factores colaterales al desempeño en el campo como loar el gran trabajo de su míster: Blanc ha conseguido evolucionar con acierto su propuesta de fútbol ofensivo mientras manejaba un vestuario con caracteres complicados y tenía que sobreponerse a las numerosas lesiones sufridas desde el comienzo de la competición. Pese a caminar por la cuerda floja en no pocos momentos desde que accedió al puesto en 2013, su gestión de la tremenda presión con la que carga sobre la espalda ha sido impecable y ha mantenido implicado a casi todo el bloque gracias a sus continuas rotaciones.

 

En Marsella, en medio de un ambiente hostil hasta el extremo, el PSG dio un golpe sobre la mesa adelantándose en el marcador en los primeros compases del juego (3′): un balón a la espalda de la defensa en el perfil izquierdo del ataque acabó en los pies de Maxwell y el lateral colocó un balón tenso entre los centrales que Zlatan Ibrahimovic empujó a placer al fondo de la red. Sin despeinarse, los visitantes dieron el primer zarpazo de la noche y a partir de ahí se dedicaron a mover la pelota con parsimonia en la parcela central hasta que la velocidad de Lucas Moura y Ángel Di María invitaba a jugar en vertical. Ambos dispusieron de dos manos a mano frente a Mandanda que pudieron sentenciar Le Classique: pero el disparo del ex del Manchester United lamió el poste izquierdo y el del internacional brasileño salió mordido y tampoco encontró portería. Tras perdonarle la vida a un OM un tanto descompuesto, los de Míchel se vinieron arriba gracias al descaro de Rémy Cabella. Una acción individual del mediapunta, que dribló a Motta antes de esquivar a Thiago Silva para armar la pierna derecha, finalizó con un disparo seco que se coló en la portería de Kevin Trapp e incendió el Vélodrome.

9ª victoria consecutiva del PSG sobre el OM

Las pérdidas en la salida de balón de Motta y sobre todo de Rabiot dieron alas a los marselleses, que en la segunda mitad salieron con una marcha más. Pese al buen hacer de Lass Diarra, omnipresente en el robo y la distribución, los locales no crearon ocasiones claras y Michy Batshuayi apenas entró en contacto con la pelota. Sin un control claro del ritmo del partido, el PSG exprimió sus armas con espacios por delante: Zlatan pudo anotar el 1-2 y finalmente Di María adelantaría a los suyos tras un pase atrás del propio Ibra. La inmensa calidad de los parisinos resultó determinante, como tantas otras veces. Aunque en este caso es de justicia reconocer que el Olympique de Marsella lo intentó de todas las maneras posibles y nunca bajó los brazos. Los del sur de Francia no conocen la victoria en casa desde el 13 de septiembre de 2015.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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