Partido ‘Polish boyfriend’: Arde el Ródano

Afición St. Étienne (foto: manuel)

La rivalidad entre el Olympique de Lyon y el Saint-Étienne podría ocupar perfectamente un lugar destacado en un ranking de los duelos más calientes de Europa. Durante los últimos años los partidos se han parado por incidentes, por lanzamiento de gases y se ha visto la exhibición de algunas de las pancartas más originales y ofensivas que se recuerdan.

Lyon y Saint-Étienne son dos ciudades separadas sólo por unos 60 km, en la región francesa de Ródano-Alpes. El partido se conoce como el “derbi del Ródano”, aunque las dos villas se encuentran en la misma región, pero en departamentos diferentes. Lyon en la del Ródano y Saint-Étienne en la del Loira. Dos ríos claves en la historia de la industria francesa.

Durante muchas décadas esta rivalidad, en su aspecto deportivo, no fue demasiado importante. El Saint-Étienne fue durante los años 60 y 70 el equipo más amado de Francia. Un equipo maravilloso que casi ganó la Copa de Europa, perdiendo una final en 1976 contra el Bayern después de chutar dos veces contra los palos, con un fútbol estético que le llevó a jugar partidos de local en París porque por todos sitios tenía hinchas. La camiseta vintage del Saint-Étienne de los 70 se ha convertido en un tesoro, un símbolo de una época de sueños, de romanticismo. De melenas largas, de libertad. La vistieron hombres como Michel Platini, Rachid Mekhloufi, Salif Keita, Dominique Rocheteau, Bernard Lacombe o Patrick Battiston.

Aún hoy muchas encuestas afirman que los “verdes” son el equipo que cae más simpático en toda Francia. Mucha gente ama otro club y luego, en segundo lugar, simpatiza con este equipo, símbolo de otras épocas, de un fútbol aún romántico con camisetas preciosas y estadios llenos de gente que llegaba dos horas antes. Durante los años 70 el Lyon era un equipo que no podía competir con sus vecinos. Por eso había una pancarta de la hinchada del Saint-Étienne de los últimos años donde se podía leer: “En los 70, vuestros padres eran hinchas del Saint-Étienne”, dedicada a los lioneses. Raymond Domenech, que jugó en el Lyon (1969–1977) recordaba que los derbis entonces no tenían más color que el verde. “Aún hoy odio ese color”.

Pero en los años 80 el empresario Jean-Michel Aulas compró el Lyon e, inspirándose en las multinacionales extranjeras y los éxitos del Marsella de Bernard Tapie, convirtió al Lyon en un gigante que ganó todas las ligas entre los años 2002 y 2008. En 2010 el equipo llegó a las semifinales de la Champions League. Durante el mismo periodo de tiempo, el Saint-Étienne llegó a jugar en Segunda. Los “verdes” no ganan la liga desde 1981, cuando en su equipo jugaba un tal Michel Platini. Aún hoy mandan en el palmarés: 10 ligas contra 7.

Gomis fichó en 2009 por el Lyon... procedente del Saint Étienne (foto: manuel)
Gomis fichó en 2009 por el Lyon… procedente del Saint Étienne (foto: manuel)

Con el Lyon levantando un nuevo estadio y con más dinero que sus vecinos, los derbis han sido últimamente favorables a los lioneses, aunque el Saint-Étienne sueña de nuevo y en 2013 ganó la Copa de la Liga, su primer título desde 1981. El derbi es relativamente joven, pues no se jugó hasta 1951, un año después de la refundación del Lyon sobre la base de antiguos equipos. Una rivalidad joven pero terrible. En 1995, cuando en Francia se debatía si eran lícitas las pruebas nucleares del gobierno francés en el atolón de Mururoa, en la Polinesia, la hinchada del Lyon desplegó esta pancarta en un derbi: “Parad las pruebas en Mururoa. Que se hagan en Saint-Étienne”.

El derbi no deja de ser, como en el caso del derbi bretón que ya contamos en esta sección, una extensión de una rivalidad centenaria entre dos ciudades. Aquí el origen de la rivalidad se remonta más o menos al Renacimiento, cuando después de la guerra de los 100 años Francia vivió una época próspera. En el año 1536, la región se especializó en la producción de tejidos de lujo aprovechando el cauce de sus ríos y la proximidad con Italia, la tierra donde se producían telas y llegaba la seda asiática. La competencia entre las dos acabó con el rey Francisco I concediendo a Lyon el monopolio en la fabricación de telas y a Saint-Étienne, las cintas. Lyon salió beneficiada y se convirtió en unas de las ciudades más prósperas. De Italia llegaban las telas y de Alemania, la imprenta. Lyon fue el gran centro de producción de tejidos y de impresión de textos de la época.

Con el tiempo, Lyon no dejó de afianzar su posición convirtiéndose en una ciudad más importante, sede de instituciones. Un centro de poder. Saint-Étienne evolucionó hacia una villa más trabajadora. En el siglo XIX, Saint-Étienne creció mucho gracias a sus minas de carbón. En plena revolución industrial, el carbón pasó a ser un tesoro y Saint-Étienne ocupó su lugar en el mapa.

A partir de los años 80, con la crisis de la minería, Saint-Étienne no dejó de perder habitantes, a diferencia de Lyon, cada día más importante. Y su equipo de fútbol dejó de ser grande. Aún hoy, los ultras de los dos equipos parecen reflejar estos tópicos sobre una Lyon de señoritos y una Saint-Étienne de gente trabajadora. Los radicales del Lyon son de derechas, como los políticos que mandaron en la ciudad en el siglo XIX. Los del Saint-Étienne, más de izquierdas, como los sindicatos de las fábricas y minas del XIX. Un tópico que, como todo tópico, no refleja la pluralidad de todas las gradas. Aunque ayuda mucho para entender la rivalidad. Por ejemplo, una pancarta de los hinchas lioneses fue: “Mientras vuestros abuelos morían en las minas, los nuestros inventaron el cine”. Sí, el cine nació en Lyon. Una ciudad elegante, señorial, con grandes restaurantes.

Afición St. Étienne (foto: manuel)
Afición St. Étienne (foto: manuel)

El Saint-Étienne se siente el club con tradición, el auténtico. El club que tiene raíces, hinchada fiel en segunda y pasión. El club que permitió que una ciudad que durante años era modesta, con sus trabajadores con la cara manchada de hollín y los pulmones destrozados, pudiera derrotar a la ciudad que los lioneses, a los que ellos veían como gente que vivía en pisos preciosos y no se manchaba las manos. Así, en otro derbi, los “verdes” mostraron a los del Lyon una pancarta donde se podía leer “El Lyon es como el vino Beaujolais. Comercial y repugnante”, dejando claro que entienden que el Olympique de Lyon sólo es grande ahora gracias al dinero de Aulas. Que es una moda, sin tradición. En Saint-Étienne presumen por haber llenado el estadio en segunda, recordando que los lioneses no lo llenaron en sus temporadas en los infiernos, en los años 80. En 1987, por ejemplo, el presidente de los verdes André Laurent afirmó que “en el mundo del fútbol, Lyon no es más que un suburbio de Saint-Étienne”. La venganza lionesa llegó en 2002, con los ultras del “OL” mostrando una pancarta irónica: “Milan-Saint-Étienne. Sólo en la Playstation”.

Los últimos años los “verdes” han mejorado y el derbi se ha igualado un poco. Este año, los verdes llegan tres puntos por encima de los “gones”, el sobrenombre de los lioneses. Atentos a las gradas. Quizás tenemos más pancartas picantes.

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