Partido Polish Boyfriend: el vecino del PSG, dispuesto a plantar cara

Red Star FC

París puede tener derbi en Primera por primera vez en más de 25 años, cuando el Racing se quedó sin el apoyo de su patrocinador, Matra, y perdió su lugar en Primera, acabando en el pozo de las ligas amateurs. Esta temporada, el Red Star ocupa zona de ascenso a la máxima categoría y sueña con recuperar la posición que disfrutó por última vez en la temporada 1974-75. El Red Star es tercero en la tabla por detrás del Dijon (fundado en 1998 después de la fusión de dos equipos de la ciudad) y el histórico Nancy, que aspira a su segundo ascenso consecutivo. Y sería una gran sorpresa si se enfrenta con el PSG. Sería un derbi, aunque con un matiz: el Red Star juega en Saint-Ouen, una ciudad que parece un barrio más de la capital, más o menos como sucede con Saint-Denis, la localidad vecina de Saint-Ouen.

El Red Star tiene muchos hinchas en París. Es más, se fundó en París. En un bar al lado de la Torre Eiffel, justo cuando el monumento no existía y se empezaba a construir. El impulsor del club fue precisamente el fundador de la FIFA, Jules Rimet. Rimet, su hermano y unos amigos lo constituyeron en la capital y sus primeros partidos se organizaron precisamente en el Campo de Marte, a los pies de una Torre Eiffel inaugurada pocos años antes. El Red Star, bautizado así, con nombre inglés, ganó 5 copas y jugó 19 años en Primera. Existen dudas sobre el origen del nombre –parece ser que la idea fue sugerida por una institutriz británica de la familia Rimet, que les comentó la existencia de una compañía naval llamada Red Star–, aunque tenemos claro que optar por una estrella roja no tenía tintes políticos. No, los Rimet y los fundadores del club eran chicos conservadores, muy católicos. Y durante sus primeros años así fue este club. Después, todo cambio. Ahora muchos hinchas viven la estrella roja como símbolo de la entidad. Y de la política.

En 1909 el equipo buscó un espacio para construir su estadio y acabó en Saint-Ouen, donde encontró hinchas más populares. El papel de algunos de sus jugadores en la resistencia contra los nazis, como el jugador Rino della Negra, un chico de origen italiano fusilado en 1944 por formar parte de un grupo armado de izquierdas, marcó la personalidad de un club con un apoyo modesto y fiel. El Red Star ha sido refundado en tres ocasiones desde que perdió la categoria en 1975, como casi todos los clubes modestos parisinos. Lo ha pasado mal y ahora está de vuelta gracias al presidente Patrice Haddad, responsable de dotar cierta estabilidad económica a la entidad.

Con Haddad, el Red Star aspira a ser el sexto equipo en las últimas siete temporadas capaz de subir de Tercera a Primera División en solamente dos años, como hicieron Arles-Avignon, Evian TG, Bastia, Metz y Gazelec de Ajaccio. La idea del Red Star era mantener la categoría, aunque los resultados han acompañado y el club se ilusiona con el ascenso. Con poder ser el vecino pequeño gritón que revindica un fútbol más popular al lado de un PSG cada vez más rico y más grande. El presidente tomó este verano alguna decisión importante, como no renovar al entrenador del ascenso, Stéphane Robert, y fichar al portugués Rui Almeida. La plantilla también sufrió muchas altas y bajas, aunque el presupuesto del club es de los más pequeños de la categoría. Ha sido clave para confeccionar la plantilla la presencia como director deportivo de Steve Marlet, delantero internacional con Francia que vistió la camiseta de clubes como el Fulham, el Olympique de Marsella o el Wolfsburgo. Marlet se formó en el club y se retiró aquí. Y volvió para trabajar en los mismos despachos que Haddad y Pauline Gamerre, una de las pocas mujeres con el cargo de directora general de un club. Y quizás la más joven, con solo 33 años.

El Red Star ha jugado estos años delante de una media de 5.000 hinchas. Pocos y muy fieles. Aunque de ellos tienen la culpa las obras de remodelación de su estadio. El Red Star disputa sus partidos en Beauvais, ciudad a 80 kilómetros de Saint-Ouen. Si asciende, tocará seguir jugando en el exilio pues las obras en su campo van por largo, así que el club ya ha preguntado por si podría hacerlo más cerca: en el Stade de France de Saint-Denis. A lo grande. Cómo no, el campo no lo llenaría nunca. Aunque con más hinchas visitantes, ganaría más dinero.

Y todo, en espera de poder tener listo su querido estadio, el Bauer, bautizado así en honor de Jean-Claude Bauer, un doctor miembro de la resistencia contra los nazis. El Red Star compró este campo en 1909, cuando buscaba un sitio para crecer. O sea, el club siempre ha vivido entre París y Saint-Ouen. El recinto se quedó viejo y en mayo de 2015 se jugó el último partido antes de empezar las obras. “El Bauer es el alma del club. Un estadio muy amado” dijo hace pocos meses el Presidente de la República Francesa, François Hollande, cuando eligió precisamente el Stade Bauer para presentar una campaña de promoción de “los valores republicanos franceses en el deporte”. Sí, el Presidente de Francia es hincha del Red Star, un club popular con aficionados a los dos lados de la autopista que separa Saint-Ouen y París. Aunque sea un club de Saint-Ouen, el Red Star no deja de ser un club parisino. No existe nada más parisino que haber jugado tu primer partido al lado de la Torre Eiffel, ¿verdad?

Sea como sea, el Red Star se enfrenta al FC París en su feudo esta jornada. El año pasado el Red Star y el FC Paris ascendieron juntos. Aunque el FC París es colista y descenderá.

La historia del FC París es curiosa, pues nació de la misma raíz que el PSG. Algo así como el hermano bastardo de la familia. O quizá el PSG es el bastardo, aunque se quedó el trono. Contamos la historia en su momento, aunque la recuperamos porque es llamativa: en 1969, la Federación Francesa encargó una encuesta titulada “Voulez-vous d’un grand club à Paris?” (¿desea un gran club en París?), cuando vieron que la ciudad se quedaba sin equipo en Primera. 66.000 parisinos votaron afirmativamente. El Ayuntamiento encargó al empresario Guy Crescent y a los directivos de la Federación Fernand Sastre y Henri Patrelle una comisión para crear un club con capital del ayuntamiento y diversas empresas. Fundado a finales de 1969 como París FC, la entidad nació con la idea de buscar rápidamente la fusión con un club con licencia profesional y evitar así comenzar en categorías inferiores. El elegido fue el Stade Saint-Germain de Saint-Germain-en-Laye, una ciudad de la región parisina. Así nació el París Saint-Germain. Por eso el club se llama “Saint-Germain”. Normalmente se piensa que se debe al famoso barrio parisino. Pues no, se debe a otra ciudad vecina.

Transcurría la temporada 1970-71 y el PSG jugó ese año en Segunda en la ciudad de Saint-Germain-en-Laye, y consiguió el ascenso a Primera. Pero el ayuntamiento parisino, principal accionista del club, puso como condición que el equipo jugara en el Parque de los Príncipes, recién remodelado. La presión provocó un debate interno que terminó con un divorcio: nació el París FC con plaza en Primera y el PSG volvió de nuevo en Tercera. Y, cosas de la vida, fue el equipo que jugó en Tercera el que se acabó ganando su espacio. De repente, muchos empresarios vieron el potencial de un equipo parisino. Y empezó una pugna entre los dos clubes. El París FC no aguantó el ritmo y en 1974, descendió a Segunda. Curiosamente, ese año el PSG ascendió a Primera. En la temporada 1978-79, los dos equipos se encontraron en Primera, y en su último duelo, empataron 1-1. Entonces no estaba claro qué equipo mandaría en París.

Hasta la irrupción en el PSG de los ‘chemises rosas’ (el clan de las camisas rosas), un grupo de empresarios liderado por Daniel Hechter, un modisto de poco más de 30 años, y sus amigos, como el actor Jean-Paul Belmondo. Hechter creó una imagen de club ganador con el apoyo del ayuntamiento, fichando jugadores internacionales, apostando por un escudo moderno con la Torre Eiffel y una camiseta llamativa que diseñó él mismo. Con Hechter, el club fue creciendo, a pesar de que en 1978 fue sancionado de por vida por un asunto de venta de entradas en el mercado negro. En su lugar subió al palco Francis Borelli, ex futbolista, editor y publicista, que continuó el trabajo de su amigo ganando los primeros títulos (el primero fue la final de Copa de 1982 contra el Saint-Étienne de Platini) y reuniendo cada vez más aficionados.

El París FC perdía la guerra. Descendió y el número de espectadores cayó. Así, en 1983, el empresario Jean-Luc Lagardère fusionó el París FC con el histórico Racing Club de France. El experimento duró un año y Lagardère fundó el Matra-Racing, equipo que se gastó mucho dinero fichando jugadores como Litssbarski, Olmetá, Madjer o Luis Fernández, hasta desaparecer en 1989. El París FC pasó a ser el tercer equipo de la ciudad, hundiéndose más. Aunque de forma sorprendente, ha sobrevivido. Ha cambiado de nombre algunas veces y ahora juega en la punta opuesta de la ciudad, al sur, en el estadio Charléty. Después de años perdido en los desiertos amateurs, ascendió a Segunda gracias al empresario Pierre Ferraci, un tipo curioso. Hijo de corsos, nació en una familia comunista. Su padre fue miembro del partido y de la resistencia contra los nazis. Su madre, sindicalista. Ferraci es de los pocos empresarios que milita en un sindicato, y aún hoy es asesor de políticos de izquierdas. Ferraci compró el club en 2012 y ahora no podrá mantener la categoría de plata. Soñaba con un derbi con el PSG y ahora lo jugará el Red Star. Quizá, claro.

 Foto de portada: Red Star FC.

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