Fin de fiesta en París

Edinson Cavani of Paris Saint-Germain during the UEFA Champions League match at the Estadio Santiago Bernabeu, Madrid
Picture by Marcos Calvo Mesa/Focus Images Ltd +34 654142934
03/11/2015

Siete goles le endosó el PSG al Mónaco para proclamarse campeón de la Ligue 1 por séptima vez en su historia. El conjunto capitalino recuperó el trono perdido en favor del elenco monegasco la pasada temporada y conquistó la liga francesa con una autoridad apabullante. Sin ni siquiera necesitar de la ayuda de Neymar, Verratti ni Mbappé, que vio todo el encuentro desde el banquillo, se permitió golear al segundo clasificado del campeonato galo en una noche que reflejó a la perfección la distancia existente este curso entre el PSG y el resto de competidores. Solo cinco equipos han logrado rascar algún punto ante el PSG: Estrasburgo y Lyon los derrotaron y Saint-Étienne, O. Marsella y Montpellier sumaron un punto ante su hinchada. Ningún equipo galo ha logrado siquiera empatar esta temporada en el Parc des Princes y únicamente el Angers perdió por un único gol de diferencia en un partido en el que el PSG jugó con diez efectivos desde el minuto 16 tras la expulsión de Thiago Motta.

El macroproyecto del PSG ha coincidido con una temporada en la que sus principales rivales han tenido que renovar profundamente la plantilla. El Mónaco fue desmantelado después de una campaña única, con el título de Ligue 1 y la presencia en las semifinales de Champions League. El O. Lyon traspasó a Lacazette, Gonalons y Tolisso, tres de los futbolistas que conformaron durante años la espina dorsal del equipo del Ródano, plagado de jóvenes promesas ilusionantes que todavía no están preparadas para competir por el título. Y el Olympique de Marsella reinició su proyecto con nombres contrastados que poco a poco han ido encajando, pero divide su atención entre la Ligue 1 y la Europa League. La liga francesa es un vivero de talento, pero a día de hoy no existe una oposición capaz de plantar cara al PSG en la carrera de 38 jornadas. Y tampoco es fácil apear al gigante capitalino en los torneos coperos: el PSG ha alzado las últimas cinco Copas de la Liga y va camino de ganar su cuarta Coupe de France consecutiva. La última eliminación en una Copa doméstica se remonta a enero de 2014, cuando el Montpellier sorprendió al PSG en París.

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Unai Emery, entrenador del PSG. Foto: Focus Images Ltd.

Sin embargo, el PSG arrastra algunos tics preocupantes a la hora de dar el salto a un nuevo nivel competitivo. Ha ganado la liga con una autoridad absoluta, pero sigue siendo una constelación de estrellas que no siempre logra jugar de la forma más coral y coherente posible. Son bien conocidos los problemas en la demarcación de mediocentro posicional, con Motta como único especialista pese a su edad y propensión a las lesiones, y también lo son las lagunas de concentración en algunas fases de los encuentros. Incluso en partidos en los que han bordado el juego de combinación en la parcela ofensiva, partidos en los que han generado decenas de ocasiones de gol, de vez en cuando el sistema defensivo desconecta, baja la guardia y permite ocasiones claras al adversario. El PSG sufre mucho si no tiene el control del balón, pues le falta orden defensivo y disciplina en el repliegue, lo que expone a sus laterales, eminentemente ofensivos. Y también pierde la pelota en zonas de riesgo por errores no forzados o pases sin tensión, producto de la relajación. Puede ser comprensible en un equipo que domina con tanta autoridad a sus rivales, pero luego le cuesta dar con el cambio de chip cuando le toca viajar por Europa. Porque por mucho que la exigencia de conquistar la Champions League pueda ser excesiva en un club sin cultura ganadora, pues no existe una relación directa y matemática entre millones invertidos y títulos, no deja de ser doloroso en la capital francesa ver cómo el club sigue sin alcanzar las semifinales de la máxima competición continental pese a los años de inversión. Y en cambio, el propio Mónaco sí logró plantarse entre los cuatro mejores el curso pasado. O la Roma esta temporada.

Por otro lado, huelga decir que el PSG cuenta con mimbres de sobra para avasallar a cualquier rival en una ráfaga de buen fútbol. Acumula talento y calidad como pocos clubes en Europa y cuando monopoliza la posesión es capaz de hacer trizas a cualquier defensa. A su elenco de atacantes se les caen los goles de los bolsillos, atesora talento para abrir partidos cerrados con un chispazo y disfruta de velocidad para castigar sin piedad al contragolpe. En el vértigo, el PSG es imparable. Le falta una dimensión más coral para mirar a los ojos al resto de potencias del continente. Y quizás una gran victoria que le libere tras los últimos reveses encajados ante Barcelona y Real Madrid en la Copa de Europa. En el mercado de verano tocará despejar nuevas incógnitas del proyecto parisino.

Los cuatro máximos goleadores del PSG:
Edinson Cavani: 36 goles
Neymar: 26 goles
Ángel Di María: 21 goles
Kylian Mbappé: 19 goles

Mbappé. Foto: www.rsca.be.
Mbappé. Foto: www.rsca.be.
Foto de portada: Focus Images Ltd.

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2 comments

Ha sido la propuesta de juego más entretenida de la temporada. Los fichajes de Mbappé y Neymar obligaban prácticamente a jugar un 4-3-3 ultraofensivo, sin mediocentro defensivo y con unos laterales, que como es típico en los equipos de Unai Emery, se incorporan constantemente al ataque. Poner un partido del PSG era una garantía de diversión. Ayer fue la guinda al pastel con una primera media hora primorosa, con 4 goles de bella factura producto de bonitas combinaciones. Y curiosamente sin ninguno de los dos fichajes estelares.

Evidentemente, en la Champions estas aventuras pueden tener un castigo y así sucedió en las visitas a Munich y Madrid, donde el PSG se vino con 3 goles en contra. Sigo pensando que no jugaron mal en el Bernabéu, con una propuesta aún más atrevida al colocar a LoCelso de 5 para primar la salida de balón. Al final, la eliminatoria se les escapó en 5 minutos de vorágine y luego la lesión de Neymar fue un hándicap demasiado grande para intentar remontar la vuelta, y además Zidane leyó bien el partido y cerró las entradas por banda de forma inteligente.

De cara a la próxima temporada será fundamental dotar de más equilibrio a la zona media. Rabiot sigue manifestando sus recelos a jugar en la posición de mediocentro, y realmente no es un jugador con el conocimiento posicional ni el rigor defensivo necesario para balancear un 4-3-3. No será fácil encontrar a alguien a buen precio con la amenaza del FPF y seguramente deberán vender a alguno(s) del combo Guedes-Pastore-Di María-Draxler para compensar. Quizás una opción sea sacrificar a una de las piezas del tridente, no en vano, estamos viendo cómo algunos equipos grandes han ido mutando sus esquemas hacia el 4-4-2 y variantes.

Incluso sin fichar demasiado, no descarto que el sistema derive en un 4-4-2 con Mbappé cerrando una banda y Neymar de mediapunta, con libertad, para que otro futbolista defienda su banda. Esta temporada hemos visto algo parecido con ese rol a medio camino entre interior y volante izquierdo de Julian Draxler. Si llega Tuchel, que es quien más suena, el abanico de opciones será interesante porque tiene imaginación y seguramente tocará varias teclas.

En el caso de la Champions, estoy de acuerdo en tu análisis. En la ida tiene 65 minutos bastante buenos para tratarse de la visita al campeón en las dos últimas ediciones, pero el partido pasa por encima de Lo Celso, con poca experiencia y bagaje para actuar de mediocentro en un escenario así. Y luego en el tramo final no saben volver a cambiar la dinámica. Al final es la Champions y pensarán en París que ya es mala suerte que por una vez que terminan el grupo como primeros les toca el Real Madrid. Si se cruzan con el Basilea y luego con Sevilla/Roma quizás la historia sería diferente, existe ese componente azaroso.

Pero le falta controlar mejor los detalles, eso es evidente. A su máximo nivel es un equipo muy divertido, pero necesita corregir varias de sus lagunas para competir con los mejores de forma regular.

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