Una perspectiva diferente

Perspectiva editado

La Semana Santa se ha convertido en uno de mis momentos favoritos del año. Desde 2013 estas fechas se han convertido en sinónimo de MIC, el torneo de categorías inferiores al que siempre quería acercarme hasta que me sumergí de lleno una primavera a modo de conejillo de indias para terminar absolutamente enganchado a él. El año pasado estuvo marcado por un Málaga juvenil brillante, la aparición del Alboraya y la consolidación de Aspire Football Dreams como dominador de la categoría cadete, pero también por un suceso personal que empezó en una cena celebrada pocos días antes del arranque del último torneo.

En un repaso a los planes de esas fechas con varios colegas universitarios, salió mi intención de acudir por enésima vez al MIC, competición plagada de anécdotas que van desde pasar una semana entera con la ventanilla del coche estropeada (ya bajada) a que el árbitro te pregunte si ha perdido la cuenta en una tanda de penaltis de toda una semifinal para no hacerte caso y terminar metiendo la pata hasta el fondo pitando el final antes de tiempo. Aunque la novedad en esa edición era que disponía de una cámara fotográfica que me iba a servir para hacer pruebas. Como la web requiere de fotografías y nunca sabemos dónde terminarán los chicos que participan, el año anterior me pareció extremadamente patético ejercer de competencia de la prensa gráfica con un teléfono móvil que fotografiaba todo lo que se movía a ras de césped. Así que aproveché la ocasión para preguntar por algunos consejos a las que saben, que es a quienes más hay que escuchar. Una amiga me soltó: “Oye, yo iré a Andalucía y me llevaré mi cámara, pero no necesito el teleobjetivo. Te lo puedo dejar. ¿Te apetece?”

Así que cerré el contrato de cesión del teleobjetivo 55-250mm por dos semanas, emulando a los equipos ingleses que se refuerzan en primavera con cesiones efímeras para cubrir una urgencia de última hora. Compatible con mi modelo, se ajustaba a la perfección a lo que necesitaba, por lo que disfrutar de sus nuevas prestaciones se asemejó a cambiar un Minardi por un Ferrari. Básicamente, podría fotografiar a la mayoría de jugadores sin tener que estar pegado a la línea de cal.

Unas tres semanas más tarde, terminé de entender por qué a Edu Ferrer Alcover le gusta tanto este aparato y acabé buscando un sustituto de un perfil similar para el Europeo sub-19 de Grecia. Desde abajo el fútbol se ve desde mucho más cerca, tanto que casi se puede tocar, y crece la importancia de los detalles. Un control, un choque entre delantero y defensa central, una protesta, una pugna por un balón aéreo. Todo se reduce a pequeñas escenas que se encadenan para formar parte de una bella obra. Aunque hay que vigilar para que el cambio de perspectiva no deforme el juicio.

Banderin editado

Fotografías: MarcadorInt.

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