Un día casi perfecto

NEl Girona ha estado muy cerca de firmar el día perfecto. A las 11h se enfrentaba al FC Barcelona en Sant Feliu de Guíxols i consiguió sorprender al conjunto azulgrana. Le complicó más de la cuenta en un partido cerrado y con muy pocas ocasiones para ambos equipos. Al final, empate a cero, tanda de penaltis y el Girona en semifinales.

Allí esperaba un reto todavía más difícil, Aspire Football Dreams, cuyo físico y técnica individual es superior a la mayoría de equipos. Partiendo desde esa supuesta inferioridad, el Girona planteó una defensa de 5 para cerrar espacios por dentro y, sobre todo, por fuera. De este modo evitaba que los futbolistas de banda tuviesen la oportunidad de encarar a un único defensor (misma idea que el Baix Ter) pero metiendo a todavía más gente por dentro. Eso permitía que uno de los centrales pudiese tomar ciertos riesgos, normalmente Mario Jiménez, y perseguir al delantero buscando la anticipación.

Esto provocó algunos robos en buenas posiciones que permitieron que el equipo saliera de su campo. Así el Girona evitaba acabar ahogado en su propia mitad de la cancha, como ha ocurrido con muchos equipos al enfrentarse a Aspire FD. Además fue clave en el primer tiempo la figura del capitán, Pol Tarrenchs, que estuvo a un nivel impresionante. Recibía el balón cerca de la banda derecha, conducía, lo aguantaba y lo soltaba o forzaba una falta que le daba aire a su equipo. Así aguantó el Girona durante muchos minutos.

No obstante, el Aspire se acabó adelantando. Ya habían tenido varias ocasiones en el segundo tiempo, sobre todo remates bloqueados a última hora por alguno de los rivales, y en una jugada de fuerza y relativa fortuna su insistencia tuvo premio. Esto obligó al Girona a jugar de otro modo, exponiéndose un poco más atrás y buscando constantemente las segundas jugadas en ataque, pues el gol de Aspire llegó cuando faltaban pocos minutos.

Con el apoyo de la afición de Hostalric el Girona empujó y metió al Aspire más atrás que ningún otro equipo durante el torneo. El ejemplo más claro de su sufrimiento es la expulsión del espigado portero Babacar Niasse, que vio dos amarillas en el tramo final de partido, ambas por pérdida de tiempo. El equipo catalán empató en la última jugada, en un balón colgado al área, y forzó la tanda de penaltis. Entonces emergió la figura del portero suplente de Aspire, que detuvo tres de los cuarto penaltis que le lanzaron.

Aspire jugará la final contra el Espanyol, pero el Girona se marchará orgulloso a su casa, como nos explicó su entrenador Alex Marçal tras el partido.

Declaraciones Alex Marçal

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