Un surcoreano en el lugar más insospechado

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De golpe, en un equipo de una academia inglesa que mantenía a raya al juvenil del Shakhtar Donetsk, apareció un talentoso mediapunta surcoreano. En el entorno más insospechado, en un equipo que jugaba sin dorsal en la espalda, emergió Won-Gil Son, un chico escurridizo con el balón en los pies, de fantástica calidad técnica y capacidad de improvisación. Internacional en categorías inferiores con su selección, atesoraba un nivel superior al del resto de sus compañeros. No solo todas las jugadas de ataque nacían en sus botas, tanto la izquierda como la derecha, que usaba indistintamente, sino que su presencia despertaba aún más preguntas. ¿Cómo había terminado un surcoreano jugando un torneo de primavera en la Costa Brava con un club británico? ¿De dónde salía?

La experiencia en la Buckswood Academy no era la primera de Son en el fútbol europeo, pues la temporada pasada jugó en Austria. Enrolado en las filas del Kapfenberg, de la segunda división austriaca, el atacante surcoreano disputó sus primeros minutos entre profesionales lejos del continente asiático. Le bastó para asomar la cabeza, aunque con 17 años apenas participó en unos pocos encuentros, por lo que no se lo pensó dos veces cuando una escuela inglesa le ofreció viajar a Guestling, una localidad donde viven unas 1.500 personas, a la orilla del Canal de la Mancha. Allí se encontraba la escuela privada de Buckswood, que al estilo americano le ofreció compaginar el deporte, casi a tiempo completo, con una buena propuesta académica para su formación como estudiante.

Won-Gil Son.
Won-Gil Son.

Quizás la presencia de unos 250 estudiantes extranjeros -de cerca de 50 países- ha abierto los horizontes de los entrenadores de Buckswood. El técnico que dirige al equipo juvenil, Daryl Willard, ha trabajado en Azerbaiyán como director deportivo de su federación y en las academias de dos de los clubes más poderosos de la capital inglesa, como son Tottenham y Chelsea. Y precisamente de spurs y blues ha imitado un sistema de juego que ha puesto en práctica en el MIC, con tres centrales y dos carrileros largos, un módulo cada vez más habitual en la élite del fútbol europeo. “Es la evolución del fútbol, todavía no es muy común en Inglaterra, pero queremos seguir el ejemplo italiano”, explicaba Willard cuando se le planteaba por qué no usaba el 4-4-2 tan característico del fútbol británico y que han desplegado la mayoría de conjuntos anglosajones que han participado en el MIC en los últimos años..

Con su particular esquema, el Buckswood Academy logró quedar primero en su grupo, manteniendo la portería a cero en los tres encuentros de la primera fase del campeonato. Superó la primera ronda eliminatoria y, en el quinto partido, encajó los primeros goles. Fue la primera derrota, frente a la UE Sant Andreu, equipo de División Honor en el grupo catalán. Resulta difícil creer que varios de sus futbolistas puedan alcanzar el fútbol profesional, la élite absoluta, porque al fin y al cabo están jugando en un equipo prácticamente universitario mientras los jóvenes más prometedores de sus países asoman la cabeza en clubes de primera división, pero quién sabe si métodos como los de la Buckswood Academy se irán extendiendo a través de más entidades que formen a futbolistas, que apuesten por entrenadores que no se limiten a gritar a sus jugadores que miren hacia delante, sino que les pidan que se paren a pensar, que busquen la mejor opción de pase, que se organicen sobre el césped con sentido para ocupar los espacios de forma óptima. Alguien que, al fin y al cabo, se empape de ideas en el extranjero y las aplique para mejorar el fútbol de su país.

Willard.
Willard.

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