Alemania-Francia, cuarto acto

España 82 Sailko

Corazón de la Europa Continental, Francia y Alemania no se pueden entender el uno sin el otro. Se han admirado sin admitirlo abiertamente, se han odiado. Se han aliado en ocasiones, cierto, pero les suele costar ponerse de acuerdo. Como un viejo matrimonio que no se soporta, alemanes y franceses tienen una historia común. Estrasburgo no deja de ser esa ciudad donde se imprimieron los primeros textos en alemán, prueba tangible de lo difícil que se ha sido gestionar las zonas de frontera entre estos dos gigantes. En 1949, el Saarbrücken alemán jugaba en la segunda división francesa. En 1941, el Metz y el Estrasburgo jugaban en la liga alemana.

Los cuartos de final de este Mundial aparecen como la oportunidad de oro para los franceses de devolver el golpe de esas dos dolorosas derrotas en los 80. Hace más de treinta años, la entonces República Federal de Alemania ganó las semifinales de los Mundiales de 1982 y 1986 contra una Francia elegante y alegre. La Batalla de Sevilla aún perdura en la memoria de todos como uno de los partidos más alocados visto en una fase final.

Alemania y Francia nunca se han enfrentado en la fase final de una Eurocopa. En los Mundiales, esta será la cuarta ocasión. Antes, tres episodios claves para entender una de las rivalidades deportivas más fuertes de Europa. Rivalidad forjada también en episodios como la presión, insultos e intimidación de la hinchada francesa contra los jugadores alemanes en el Mundial del 1938. La hinchada francesa apoyó sin reparos a los suizos en su partido contra los alemanes, pues Alemania salió al campo con una esvástica en el pecho, saludo a lo nazi y representaba a un estado que había ocupado ya Austria. Los franceses celebraron como suyos los goles helvéticos.

España 82 Sailko

El Francia-Alemania del Mundial de 1982 es considerado uno de los mejores partidos de la historia de los Mundiales. Foto: Sailko

Suecia 1958

El primer duelo en un Mundial entre estos dos equipos fue en 1958. Alemania defendía el título de campeona conquistado en 1954. Con una generación más competitiva que brillante, el equipo alemán perdió las semifinales contra los suecos. Los franceses, por su parte, eran embriagadores como un vino de Burdeos. Marcaban más goles que nadie, se gustaban y sólo la Brasil de Pelé y Garrincha derrotó a ese equipo explosivo en ataque: Kopa, Piantoni y un Just Fontaine que marcó más que nadie en una fase final: 13 goles.

En el partido por el tercer lugar, Just Fontaine le metió cuatro goles a los alemanes en el primer partido oficial desde el final de la Segunda Guerra Mundial. 13 años después de la rendición de Berlín, 14 después de la liberación de París, el equipo galo se comió a los alemanes. Raymond Kopa e Yvon Douis marcaron los otros goles de una Francia que se impuso por 6-3  Ciesclarczyk, Schaefer y el eterno Rahn marcaron los goles alemanes.

España 1982

24 años después el Sánchez Pizjuán fue sede del reencuentro. Todo era diferente. Una Europa más o menos unida, dos países con una rivalidad sana, fronteras estables y chicos jóvenes que viajaron a España para disfrutar. A nivel deportivo, los tópicos de 1958 eran casi iguales. Francia había seguido apostando por un estilo alegre, ofensivo, como el del Saint-Étienne de los años 70. En el Mundial de España, Francia fue, con Brasil, el equipo más divertido. Platini ya mandaba y tenía escuderos.

Alemania, pese al talento de Breitner y la irrupción de los jóvenes Littbarski y Rummenigge, era un todoterreno. Un bloque duro, una piedra. Un equipo arrollador, físico, agresivo, ordenado, frío. Littbarski marcó el 0-1 y Platini empató, así que el partido se decidió en una prórroga increíble.

Francia salió a morder para vengar la agresión de Schumacher, portero alemán, a Battiston, al que dejó desmayado con un golpe criminal. Tresor, de media volea, y Giresse, marcaron dos goles y Francia se puso 1-3. Parecía todo resuelto, pero Rummenigge y Fischer empataron antes de unos penaltis que dejaron a Francia con el corazón roto. Schumacher, el tipo que merecía una roja, acabó como héroe del partido más caliente jugado jamás entre estos dos equipos.

México 1986

Cuatro años después los dos rivales se vieron las caras de nuevo. Francia, campeona de la Eurocopa de 1984, llegaba con un Platini en plena madurez. Eran incluso más equipo que en 1982, aunque un poco más cauto. Alemania, con Beckenbauer, evolucionaba poco a poco, se modernizaba. Los franceses, después de eliminar a los brasileños, sentían que era su gran ocasión de llegar a una final y devolver el golpe de Sevilla. Pero en los primeros minutos del partido Bats se comió un disparo de Brehme por el centro de la portería. Cansados por la altura y el esfuerzo contra Brasil, los galos sólo consiguieron un gol, de Platini, y fue anulado por fuera de juego. En el último minuto, Völler marcó el 2-0 rompiendo otra vez el corazón de esa maravillosa Francia que nunca llegó a una final mundialista.

Platini Klearchos Kapoutsis

Michel Platini, actual presidente de la UEFA, participó en los duelos de 1982 y 1986. Foto: Klearchos Kapoutsis

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4 comments

Es un privilegio poder leerte y escucharte en los podcasts cada noche en la cama ante de dormir. Muchas gracias por todo lo que escribes y hablas también sobre África. Soy un enamorado de aquella hermosa tierra a la que le exigen tanto sin saber lo que acontece fuera del fútbol. Como dijiste en el último audio, mencionando a Asia y su verdadero fracaso. He disfrutado mucho con cada "Waka waka". Te mando un saludo cordial y un eterno agradecimiento por tus palabras.

Estas historias que la mayoría desconocemos, por juventud y desconocimiento de causa, y que tú sacas a relucir aquí. Muchas gracias por esta maravilla de sección, Toni!

Coincido con los dos comentaristas anteriores en el gustazo que supone leerte y oírte, Toni. Cuando unes la historia, el fútbol y la historia del fútbol disfrutamos y aprendemos muchísimo. Un placer y gracias 🙂

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