Cristiano, cuando la luz se apagaba…

Cristiano, como ocurriera en Belfast en la fase de grupos, tiró del carro portugués (Foto: Focus Images Ltd).
Cristiano, como ocurriera en Belfast en la fase de grupos, tiró del carro portugués (Foto: Focus Images Ltd).
Cristiano, como en Belfast, tiró del carro portugués (Foto: Focus Images Ltd).

Se parecía tanto a los partidos anteriores que el mal humor del tabernero lisboeta que acudiera a Da Luz esperanzado estaba casi justificado. Bah, lo de siempre: un rival que nos defiende con muchos y nosotros nos atascamos. Como ante Irlanda del Norte, como frente a Israel… ¡Incluso en el partido contra Azerbayán costó marcar el primero! Y eso que Portugal tiene, a priori, desborde con Nani, juego entre líneas con Moutinho y Meireles, precisión en el golpeo a balón parado con Veloso, profundidad de los laterales con Coentrao y Joao Pereira, un punta que es un incordio como Postiga… Y a Cristiano Ronaldo, claro. En realidad, no se explica demasiado que al cuadro de Paulo Bento le cueste tanto generar ocasiones de gol cuando debe llevar la iniciativa. Siempre es difícil asumir ese rol cuando te cierran espacios, pero Portugal posee a varios futbolistas preparados para enfrentarse a ese desafío. Y la noche seguía ese patrón, el de la luz que se va apagando poco a poco según se consume la gasolina que mantiene funcionando el grupo electrógeno en las casas antiguas de montaña a las que jamás llegó la electricidad.

En realidad, Suecia sacó un equipo valiente, mucho más valiente del que pensábamos en la previa. No renunció a un segundo punta: formó con Elmander junto a Ibrahimovic. No utilizó a Wernbloom para darle más agresividad al centro del campo: Rasmus Elm y Kim Källstrom configuraron su doble pivote, y los dos saben jugar. Hasta se atrevió con un extremo bastante puro como Kacaniklic por la izquierda pese a saber que por ahí andaba Joao Pereira, que vive más tiempo atacando que defendiendo. Y al equipo de Hamren le sirvió este dispositivo para amenazar de verdad a Portugal: fueron los suecos los que tuvieron las tres ocasiones más claras del primer tiempo. Luego, según el partido avanzaba, asumieron menos riesgos y dejaron a Ibrahimovic muy solo arriba -recordó al Ibrahimovic de aquellos partidos europeos fuera de casa con el Inter de Mancini, en el que parecía un islote frustrado a tantas millas de tierra firme-.

Quizá lo más sorprendente de la noche fue el buen rendimiento de la pareja de centrales nórdica, que llegaba a Da Luz discutidísima. Antonsson, que juega en el Bologna, formaba dúo con Per Nilsson, del Nürnberg, y el cómo iban a comportarse estos dos zagueros veteranos (sin una carrera demasiado ilustre a sus espaldas) ante un rival con tanto potencial ofensivo preocupaba a los seguidores suecos. Ambos estuvieron muy bien. Es más: Antonsson estuvo sensacional. Pero quizá el jugador que realizó un partido más completo en el cuadro de Hamren fue Mikael Lustig, al que ya le tocó medirse con Neymar en el Celtic-Barcelona de la Champions League esta temporada. Lustig participó en acciones de ataque, salvó algún que otro gol con intervenciones providenciales y logró desesperar tanto a Cristiano que éste acabó cambiando de banda. Ojo, no estaba solo en la tarea: le ayudaba Sebastian Larsson, un centrocampista de banda con mucha solidaridad defensiva, y Rasmus Elm, el que caía a la derecha de los dos medios centros. Es evidente que el entrenador sueco había preparado a consciencia el desafío.

Portugal, frustrada, buscó soluciones, y hay que reconocerle a Paulo Bento que los cambios surgieron efecto. Josué, el chico del Oporto del que hablamos hace unas cuantas semanas, mejoró mucho al equipo en la circulación de balón. Su zurdita es más fresca y da otro aire; con él, Portugal no parece encorsetada por los vicios y las etiquetas que se ha colgado a sí misma. Y Hugo Almeida, por pura presencia física, ocupó más a los centrales y benefició a Cristiano Ronaldo, que se cambió de lado y se enfrentó a Martin Olsson en las peleas cuerpo a cuerpo para rematar centros laterales. El lateral izquierdo sueco es, indiscutiblemente, el más frágil de la línea de cuatro nórdica cuando se trata de disputas aéreas. Cristiano le ganó la del 1-0 y la del remate al larguero que pudo ser el segundo. No fue su noche más brillante, pero a los cracks, a veces, hay que valorarles más que desatasquen contiendas enquistadas que no que se exhiban con hat-tricks en partidos que quedaron resueltos muy pronto.

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