El maravilloso caos de la tierra donde viven valones, flamencos e hijos de africanos

Alineación de Bélgica en un amistoso disputado en EEUU (Foto: Erik Drost)

Bélgica es un país curioso donde se suelen mezclar cosas muy diferentes. El país que le dio a la música la elegancia y tristeza de la música de Jacques Brel y horteradas divertidas como “Ça plane por moi” o “Dos cervezas por favor”. El país donde se combinan los mejillones con todo lo que se te pueda ocurrir. Donde en cada esquina nació un dibujante de cómic. Donde se batió el récord de días consecutivos sin un gobierno formado para liderar el país. Y pese a todo, todo siguió como si nada, con los ciudadanos reuniéndose en las plazas para celebrar el día en que superaron el récord de Irak. En total, la situación duró 541 días.

La clave de este bloqueo político era la fractura social entre las dos comunidades que forman Bélgica. Los más o menos 6,5 millones de flamencos y los 4,5 millones de valones. Los valones hablan francés. Los flamencos, flamenco, dialecto del holandés. Y eso sin olvidar a la minoría que habla alemán.

Los tópicos dibujan una zona flamenca rica y una zona valona rural y más pobre, con Bruselas en el medio. Entre los años 2007 y 2011 la situación política complicó la viabilidad del país. En la zona flamenca ganaban partidos nacionalistas de derechas que coqueteaban con la independencia que pondría punto y final al estado belga. En las zonas valonas, ganaban partidos de centro izquierda que defendían la unión. Durante esa época, la selección belga de fútbol vivía un caminar por el desierto, con malos resultados. Su último Mundial fue en 2002.

Los jugadores belgas celebran un triunfo en Hampden Park con su afición (Focus Ltd Pictures)
Los jugadores belgas celebran un triunfo en Hampden Park con su afición (Focus Ltd Pictures)

Consultado por “The New York Times”, el profesor de políticas de la Universidad de Lovaina, Lieven De Winter, relacionó los resultados de la selección de fútbol belga con los problemas de identidad del país. Su resumen sería que si Bélgica gana, la gente se siente más belga. “Desde 1979 hemos tenido un estudio de cómo las personas se sienten belgas. Los valones se han sentido siempre belgas, los flamencos no. Pero cuando la selección belga llegó a las semifinales del Mundial en 1986, el sentimiento belga entre los flamencos dio un salto en un 15 por ciento. Ningún otro evento en ese período podría haber desencadenado esto”. Después de años de miserias, sin llenar el estadio Rey Balduino, Bélgica llena de nuevo su estadio y esta semana entrenó delante de 10.000 hinchas. Ahora la gente se siente más belga, aunque el país sigue siendo muy complicado de entender después de la reforma del sistema de gobierno de 1960. Ahora un ciudadano de Bruselas puede depender legalmente de cuatro autoridades diferentes. Bélgica es muy curiosa.

Bélgica es diferente de otros casos de estados con problemas de identidad. Muchos flamencos no hablan francés. Muchos valones no hablan flamenco. Vermaelen, por ejemplo, no habla francés. Axel Witsel no habla flamenco. Conocen algunas palabras claves de jerga deportiva y así se entienden. Hablamos de dos lenguas de familias diferentes. Una románica, la otra germánica. ¿Dónde encontramos en Europa casos de selecciones con jugadores que no se entienden entre ellos? Quizás en Suiza, y serían pocos.

Alineación de Bélgica en un amistoso disputado en EEUU (Foto: Erik Drost)
Alineación de Bélgica en un amistoso disputado en EEUU (Foto: Erik Drost)

Bélgica nació en 1831 sin que antes hubiera existido ninguna entidad política similar en la zona. El nombre lo tomaron de una vieja región romana. En 1830, la zona, disputada entre holandeses y franceses, lideró una revolución para liberarse de los Países Bajos basándose más en conceptos religiosos que políticos. Holanda era protestante y la actual Bélgica, católica. Entonces, la religión unió a esos campesinos valones y flamencos. Ahora les une el fútbol. La religión no.

Bélgica es difícil de entender. Si nació fue porque muchos estados poderosos de Europa consideraron que era una buena idea poner allí un país nuevo para el que se tuvo que inventar una bandera y una casa real. Para muchos historiadores, Bélgica fue un engendro, una creación de ministros ingleses o austríacos para frenar el expansionismo francés y dejar un poco de distancia con los alemanes, con los que la cosa ya era suficientemente complicada en la zona de Alsacia y Lorena. Para el ministro austríaco Dietrichstein “Bélgica no es una realidad, es un proyecto”. Talleyrand, que representó a Francia en las negociaciones, la definió como “una construcción artificial consistente de gentes diferentes”. Bélgica nació joven. Y ahora se siente vieja.

Los periodistas belgas admiten que si manda en la selección un entrenador valón, los flamencos lo critican más. Y a la inversa. En las concentraciones se organizan ruedas de prensa en diferentes idiomas, como les sucede a los suizos. El ministro valón Jules Destrée le mandó una vez una carta al Rey Alberto en 1912 en la que le recordaba que “Existe Bélgica pero no existen los belgas”. En 1904, Leon Hennebicq definió su tierra como “un laboratorio europeo, una nación en construcción”.

Pero el país que estaba partido en dos mitades se ha beneficiado de un factor nuevo: la inmigración. Los hijos de congoleños o de trabajadores de Marruecos perciben las cosas de una forma diferente. Han roto la eterna dualidad flamenca-valona. Kompany, por ejemplo, se declara “100% belga y 100% congoleño” en referencia a la tierra de sus padre, que fue colonia belga. Fellaini se declara musulmán, “orgulloso de ser marroquí y de jugar con Bélgica”. Kompany, como otros hijos de inmigrantes, habla flamenco y francés pero no se siente flamenco o valón. Se siente belga. Más belga que un valón, siempre con un ojo en París, o un flamenco. Un hijo de congoleños dijo en un programa de televisión: “Si los flamencos crean un estado, los valones se unirán a Francia. Pero… ¿y los hijos de inmigrantes? Quizás nosotros si lloraremos por Bélgica”.

Kompany, hijo de inmigrantes y capitán de Bélgica (Foto: Erik Drost)
Kompany, hijo de inmigrantes y capitán de Bélgica (Foto: Erik Drost)

De repente, los hijos de inmigrantes le han dado fuerza a la selección sin generar tanta polémica como la presencia de hijos de inmigrantes en Francia, cosa que enfadó a la extrema derecha. En Bélgica, la extrema derecha es mayoritariamente nacionalista flamenca, no belga. Militantes de grupos y partidos como Vlaams Belang, Voorpost o Nationalistische Studentenvereniging se dejan ver en las gradas de los partidos del Brujas o el Amberes. El principal club valón, el Standard de Lieja, tiene hinchas más de izquierdas. Los insultos entre flamencos y valones son comunes en estos partidos.

Durante los últimos años se han producido debates sobre el futuro del país, aunque una cosa une a clubs flamencos y valones. La sensación que una buena idea seria crear una liga unida con los holandeses. Curiosamente, uno de sus grandes defensores es el presidente del Standard de Lieja, Roland Duchâtelet, quien ha amenazado con abandonar la Liga Belga y pedir jugar en la Ligue 1 francesa si el proyecto de crear un campeonato con equipos belgas y holandeses finalmente no ve la luz. No deja de ser curioso que la prioridad del presidente del Standard sea unirse deportivamente con Holanda, el estado del que se independizó Bélgica en 1830. En Bélgica las cosas van al revés que en otros sitios. Aquí una generación hija de africanos une a dos comunidades que se burlan una de la otra con un humor exquisito. No intenten comparar Bélgica con otros sitios, no funcionaría. Bélgica tiene un forma de ser única. O una forma de “no ser”. Quizás la frase de Destrée ya no tiene sentido y ahora sí existen los belgas: Fellaini, Kompany, Lukaku. Los chicos que han convertido Bélgica en una de las mejores selecciones y permiten sacar pecho a un país donde la gente presume de su propio caos. Curioso sitio, este.

Related posts

29 comments

Otra delicia de artículo Toni, lo normal sería decir “da gusto perder cinco minutos del día leyendo tus escritos”…. pero yo prefiero decir que da gusto GANAR cinco minutos del día leyendo tus escritos….

Gracias a todos por los comentarios. Nos ayudan y nos dan fuerza para seguir trabajando duro. He intentado plasmar las diferentes formas de ver Bélgica por parte de los belgas. Tiene algo de oda a un sitio que me gusta. Aunque no siempre lo entiendo.

¡Gracias de nuevo!

Es interesante que planteen una liga del Benelux -¿meterían también a luxemburgueses?-. Sería una torneo seguramente más competitivo, que generaría más interés entre los aficionados y, por tanto, sería más productivo económicamente. A día de hoy, es una lástima que históricos como Ajax o Anderlecht vivan acostumbrados a hacer una primera fase pobre de Champions, donde no son verdaderamente competitivos.

Creo en este tipo de unión, eso sí, cuidando mucho la estructura y la esencia de las competiciones de estos países para que no caigan por el camino equipos menores. Algo parecido podría ocurrir con los países nórdicos, bálticos…

Estupendo artículo, Toni!

Gran artículo Toni, vivo en Bruselas, y es segundo período en el país pues hace dos años viví en Mechelen (Flandes), y da gusto leer como lo explicas.

Me encantan estos articulos con tanto contenido cultural e historico y como esto se puede relacionar con el futbol. Como siempre, muchas gracias Toni!

“Los tópicos dibujan una zona flamenca rica y una zona valona rural y más pobre”

Hay bastante que matizar ahí… Hasta no hace mucho, siempre había sido precisamente Flandes la zona rural, pobre y atrasada (aunque también contaba con importantes ciudades mercantiles), mientras que Valonia era la región rica, la tierra que albergaba las minas y las industrias pesadas, claves fundamentales de aquella economía basada en el carbón y el acero. Añadamos a eso que, más allá de un bilingüismo puramente teórico, la realidad era que la lengua de prestigo, de las “élites”, virtualmente la única empleada en los niveles oficiales, era la francesa; a los flamencos se los contemplaba con cierto desdén paternalista, esos pobres aldeanos incapaces de expresarse en un idioma “refinado”.

En los últimos decenios, con la crisis de la minería y las industrias obsoletas, las tornas han cambiado radicalmente; ahora es en Flandes donde se concentra la prosperidad y Valonia la región deprimida que clama por la “solidaridad” y la “unión”… Pero no nos engañemos: el separatismo flamenco ha ganado en apoyo e importancia con el aumento de riqueza de la región, eso es evidente; pero las raíces de su resentimiento y desconfianza hacia el estado belga son mucho más antiguas, profundas y (a mi modo de ver) comprensibles, y van más allá de lo meramente económico.

En realidad, como bien señalas, “Bélgica” es un puro invento desde su misma creación hace casi dos siglos (los “belgas”, tribu céltica, no existen como tales desde tiempos del Imperio Romano, y muy poco tienen que ver con ellos ni valones ni flamencos); creación que respondía al vital interés británico, gran potencia de la época, en evitar que los importantes puertos flamencos cayeran en manos de una gran potencia hostil (en principio se pensaba sobre todo en Francia, luego fue Alemania la principal amenaza). Bélgica no es sino una artificial reliquia de tiempos pretéritos, y las condiciones geopolíticas que la hicieron posible, han cambiado radicalmente. Mitos como la necesaria neutralidad belga, la heroica resistencia contra el malvado prusiano invasor (y después el nazi), etc. etc., ya no tienen validez alguna a estas alturas, y el estado sólo podrá perdurar si las dos principales comunidades que lo integran perciben como más beneficiosa y positiva la continuidad que la ruptura… Algo que no veo nada claro en el caso de Flandes.

ah, y un apunte más: es verdad que el catolicismo tuvo cierta importancia, en su día, como elemento "diferenciador" respecto a los Países Bajos protestantes; pero tampoco era lo fundamental. Recordemos que las provincias neerlandesas de Brabante (su parte Norte, el Sur se integró en Bélgica) y Limburgo han sido históricamente católicas, básicamente idénticas a sus vecinas meridionales flamencas en idioma, cultura y religión, pero no por ello han mostrado nunca interés en dejar de formar parte de Holanda.*

*(anticipándome a eventuales puntualizaciones terminológicas, aclaro que digo "Holanda" en el sentido coloquial y amplio en que se suele emplear esa palabra, refiriéndome a lo que oficialmente se llama Reino de los Países Bajos).

Hola! Como valoro tus largos apuntes. Tengo la sensación que decimos casi lo mismo. Me explico: al poner "los tópicos dicen.." yo ya asumo que el tópico nunca es cierto 100%. Intenta mostrar lo que dicen muchos ciudadanos hoy, no lo que es o fue en 1890, en la revolución industrial.

Y con el tema católico, lo mismo. Al mostrar las opiniones de los ministros/dirigentes del XIX, creo que ya quedó claro que lo religioso no fue la razón de todo el embrollo. Quizás no fue así. Quizás no lo he explicado del todo bien.

¡Gracias por sumar!

evidentemente, sólo intentaba matizar y ampliar un poco algunas de tus afirmaciones, no rebatirlas… como bien dices, en general estamos de acuerdo.

gracias a ti por tus excelentes artículos, impagable oasis en medio del desierto de inanidad y marujeo en que se ha convertido la prensa “deportiva”.

Gran artículo!!!

Solo por poner un "pero". Toni, no puedes hacer un escrito como éste, repasando, historia, cultura, futbol… y no nombrar, aunque sea de pasada, el gran producto que nos ofrece Bélgica, sus cervezas. Aiaiai…

Es broma, gran trabajo!

Buenas tardes, Tony. Magnífico artículo.
Soy un chileno que nació en Lovaina y vivió allí hasta los 2 años porque mi padre cursaba un doctorado en la universidad católica de esa ciudad. Sin embargo, siempre he profesado por ese país tan multiforme un gran afecto e interés. En el fondo, también soy un belga. A mi manera. Y a la manera incierta y plural como se puede ser parte de un proyecto, de un acto de fe; no de una realidad autoritaria que nos defina exhaustivamente, como gustan de presumir los nacionalismos cerriles y su obtuso repudio de la libertad y la autorrealización.
Otros motivos de gratitud hacia los belgas: Los chocolates, Simenon, el principe de Ligne, las pinturas de Magritte y Ensor, el saxofón, Cecile de FRance, las novelas de Toussaint, de Hugo Claus, las películas de los Ardenne y el actor + cómico de la historia: Jean Claude Van Damme.

Yo pasé casi tres meses trabajando en Bruselas. Por el poco contacto que tuve con la sociedad belga percibí varias cosas, al menos desde fuera y desde el ámbito de la empresa donde trabajé (casi 100 personas, de muchos sitios de Europa, con mayóría de belgas, eso sí): muchos flamencos hablaban francés, pero al revés vi pocos casos. Quizás los primeros se esforzaban más por estar en Bruselas, o quizás se veían forzados por la necesidad. Las TV francófonas emitían series y películas extranjeras siempre dobladas; las flamencas en VOS. Prácticamente TODO estaba etiquetado o rotulado en los dos idiomas. Basta con pasear, al menos por el centro, de Bruselas para darse cuenta que es una cuidad casi tan cosmpolita como Londres y Nueva York, y que la gran mayoría de la gente habla inglés, pues apenas necesité francés, salvo lo mínimo en bares y restaurantes, y una verz que tuve que ir a cuna oficina de correos. Si el francés no me daba resultado, porque entendía mal o no me hacía entender, casi siempre el inglés resultaba.

En realidad tampoco hablan holandés, puesto que esta lengua es un dialecto del neerlandés, que es el idioma que realmente hablan en Bélgica.

Soy un holandés, viviendo ahora en Bruselas. Quisiera felicitarte por este artículo muy bueno sobre este país tan particular.

Sobre el tema el idioma: una buena comparación para castellanoparlantes es quizás el castellano hablado en España y en Argentina: un holandés y un flamenco hablan el mismo idioma, pero se puede notar ya después de una frase de donde viene una persona por el acento y el uso de palabras.

Kompany ha hecho varias veces más declaraciones a favor de una Bélgica unida: después de la victoria contra Escocia escribió un twitter “Belgica es de todos, pero esta noche sobre todo de nosotros”; que era una clara alusión al líder de las nacionalistas flamencas Bart de Wever. De Wever había dicho unos días antes a sus seguidores –tras ganar las elecciones para el alcalde de Amberes- que la ciudad era de todos pero en aquella noche sobre todo de ellos. En el estadio también hubo luego pancartes “Bart, esta noche estás solo”. 🙂

Gracias por el artículo, Tony, aunque lo haya descubierto tan tarde. Tengo una pregunta: ¿hay un idioma oficial para la selección de fútbol belga o, por ejemplo, en las ruedas de prensa, en los comunicados, etc., se usan tanto el francés como el neerlandés?
Muchas gracias de antemano y enhorabuena por el artículo.

Jaime

Deja un comentario

*