Joachim, hace diez años…

Low Alemania - Focus

Alejandro Sabella se había ido ya de la sala de prensa, aplaudido por varios periodistas que le reconocieron el mérito de haberse quedado a tan poco -a una mejor finalización de Higuaín, o de Palacio, a un mejor partido de Messi, a una mejor marca en el gol de Götze…- de un tercer título mundial para Argentina. Siempre se dice que al bilardismo cuando pierde no le queda nada porque se lo juega todo al resultado. La final de Maracaná es quizá el mejor ejemplo de que a los planteamientos conservadores les puede quedar también la sensación de haber jugado un gran partido y de haber hecho suficientes méritos para ganar. Sabella lo planteó sabiendo que tendría menos la pelota y su estrategia salió bien durante muchísimos minutos. No se vio nunca a la Alemania que arrolló a Brasil, entre otras cosas porque Sabella no es Scolari, porque una cosa es “no proponer” sin orden ni concierto y otra es “no proponer” (las comillas indican que la expresión no es mía y no la comparto) pero trabajar un plan de juego, una organización defensiva poderosa, una disposición al contragolpe dañina. A Pachorra se le observó hasta agilidad para reaccionar: cuando se lesionó Kramer y Özil se puso a jugar por dentro, cambió el sistema y pasó al 4-3-3 con Enzo Pérez ayudando a Mascherano y a Biglia. Era su noche, estaba activísimo en las charlas. Pero no se dio. ¿No le queda nada al bilardista Sabella por haber perdido? Le queda lo mismo que en la final del Mundial de Clubes de 2009 ante el Barcelona de Guardiola: la amargura de lo que se escapa muy al final tras un gran trabajo y el reconocimiento de gran parte del mundo del fútbol. Es entrenador Sabella.

Sabella Argentina - Focus Sabella dando indicaciones durante la final de ayer. Foto: Focus Images Ltd.

Entonces compareció Joachim Löw, y toda la escena fue muy alemana. No hubo ni vítores ni aplausos ni nada. Parecía una rueda de prensa normal, como después de un Alemania-Islas Feroe en Hannover o en Stuttgart. Pidió turno un periodista austriaco y su pregunta se convirtió en la primera que recibía en conferencia el nuevo campeón del mundo (algunas habría recibido ya en el flash, claro):

– Joachim, hace diez años se cometió en mi ciudad la mayor injusticia que recuerdo en el mundo del fútbol. Un presidente inepto decidió destituirte pese a que estabas líder de la clasificación porque pensaba que no eras suficientemente bueno para la liga austriaca. Hoy, diez años después, estás aquí. Me gustaría saber cómo te sientes y cómo observas ahora, coronado como campeón del mundo, lo que fue aquella injusticia.

Reconozcámosle al periodista austriaco que no podía hacer mejor pregunta para empezar la rueda de prensa. Löw, ganador -ganador y elegante; ganador, elegante y campeón del mundo-, contestó con pocas palabras.

– Viéndolo ahora no pienso en que fuera una injusticia. Lo veo como un golpe de suerte. Si aquello no hubiera ocurrido, hoy no estaría aquí.

El periodista austriaco, leyenda ya de este Mundial, se refería a la destitución de Joachim Löw como entrenador del Austria de Viena en marzo de 2004. En la jornada 26 de aquel campeonato, el conjunto vienés había perdido 2-0 en el campo del Kärnten, último clasificado de la liga, y Löw fue fulminantemente despedido pese a que su equipo era líder -empatado a puntos con el Grazer AK pero con mejor diferencia de goles-. El Grazer AK acabó ganando la liga y Joachim Löw recibiría una llamada de Jürgen Klinsmann unos meses después. Se habían conocido en el curso de entrenadores varios años atrás y Klinsi pensó en él como primera opción para ser su asistente cuando le dieron la selección alemana tras el fracaso de la Eurocopa 2004. Lo que vino después es sobradamente conocido.

FIL GERMANY PRESS CONFERENCE 08 Joachim Löw en conferencia de prensa. Foto: Focus Images Ltd.

La destitución de Löw en Viena no había sido ni mucho menos la primera de su carrera. De hecho, tras su prometedor debut en los banquillos ganando la Copa Alemana con el Stuttgart en 1997 y llegando a la final de la Recopa el año siguiente, le tocó vivir varias experiencias amargas. En el Fenerbahçe duró sólo un año tras acabar tercero en la liga turca. Luegó firmo por el Karlsruher de la segunda división alemana. Llegó en octubre de 1999, ganó sólo un partido en dieciocho jornadas y fue destituido pocos partidos antes de la finalización del campeonato. El conjunto de Baden-Württemberg, en el que Löw había sido jugador, acabó bajando a tercera división. En diciembre del 2000 lo llamaron del Adanaspor para que volviera a Turquía a intentar apagar otro incendio. Llegó con el equipo un punto por encima del descenso tras haber ganado sólo dos de diecisiete partidos. A mediados de febrero presentó la dimisión tras no conseguir ningún triunfo en seis encuentros. De la misma manera que había ocurrido con el Karlsruher, el Adanaspor acabó descendiendo.

Su única gran alegría entre los éxitos de Stuttgart y la llamada de Klinsmann fue el título de campeón de liga austriaca con el Tirol Innsbruck en 2002. Aquello le valió firmar por un grande del país, el Austria, y como nos contó a todos ayer el periodista vienés, la aventura también acabó mal.

El título de campeón mundial de Löw viene a dejarnos un mensaje: a los entrenadores, más allá de cómo les fue aquí o cómo les fue allí, a menudo es injusto juzgarles las capacidades por unos cuantos resultados. Incluso por una temporada. Incluso por varias. Cada lugar tiene su contexto. Cada trabajo tiene su entorno. Métodos muy buenos a veces fracasan. Por mil razones. En Adana y en Karlsruhe debieron pensar que Joachim Löw era muy malo.

Joachim Löw es hoy campeón del mundo.

FIL GERMANY ARGENTINA 0107Löw habla con sus jugadores en la prórroga que le coronó campeón del mundo. Foto: Focus Images Ltd.

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7 comments

Magnífico artículo, puramente deportivo. Esto nos viene a enseñar que hay que confiar en uno mismo y no desistir. El fútbol y más hoy en día, nos demuestra que la perseverancia es la base del éxito.

Gracias por estos momentos, Axel.

Que gran texto Axel, entregar un mensaje así en el mundo del fútbol es algo muy bello, ya que las historias generalmente se centran por otros lados.

Me gusta mucho esta historia y como la cuentas.

En Alemania muchas voces siempre fueron en contra de el. Ahora ya no las escuchas más.

Nacieron en su trabajo de bombero, se aflojaron en Belo Horizonte y se murieron en el Maracana. Para el trabajo de hercules que acabó, el sitio más justo.

Es Löw. Grande Löw.
Grande! Axel! 🙂

Las dos palabras “no proponer” no existen en fútbol. Puede que la gente con bajos conocimientos del juego (no se malinterprete; me refiero a los más hooligans que sólo miran en ganar sin preguntarse por qué suceden las cosas en el campo) las use para referirse a aquellos equipos que se dedican más a “destruir” que a “crear” (también las pongo entre comillas).

Cuando un entrenador dirige un equipo y les dice que para ganar “tenemos que ceder la iniciativa, defender bien, cerrar espacios atrás y luego aprovechar los que deje el rival para salir a la contra” (ejemplo: Atlético vs Barça) está proponiendo cosas; en definitiva, mostrando la forma en la que quiere que su equipo juegue el partido. No conozco ningún entrenador que en el vestuario diga: “No, hoy vamos a jugar a no proponer nada”. Y aquí termine su charla.

Por eso, ni que sea entre comillas, son expresiones futbolísticas que creo no se deberían usar porqué luego muchos aficionados piensan que hay equipos que “proponen cosas” y otros que “no juegan a nada”, que solo destruyen; cuando los dos están jugando. Es mas, juegan a lo mismo: fútbol.

Yo, personalmente, usaría otra terminología que me gusta más: para mi hay equipos mas trabajados que otros. No que entrenen más horas ni que entrenen mejor, sino que ante diferentes situaciones del juego, son capaces de encontrar respuestas colectivas porque su entrenador pensó que podían suceder y las han trabajado a lo largo de la temporada. Aunque claro, no es lo mismo entrenar la selección alemana, que domina muy bien muchísimos registros, que al Rayo Vallecano por ejemplo, que le ha costado muchísimo adaptarse al registro que quería utilizar su entrenador.

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