La eficiencia griega abruma a Rumanía

Grecia Erik Costello

Ya les gustaría a muchos competir como a Grecia. A Rumanía le encantaría, y más tras haber visto el partido que enfrentó a ambas selecciones anoche. Gozar de esa mezcla de solidez atrás y pegada que ofrece un futbolista en un sensacional estado de forma, como ocurre con Mitroglou, que mete todo balón que toca. Grecia, pese a todo, sigue siendo un conjunto consistente. Pese a que fallara en un momento clave, cuando concedió el 1-1 en una jugada a balón parado en la que el portero Karnezis se quedó a media salida y le facilitó a Stancu la labor. Dio igual porque el conjunto heleno compite y se rehace. 90 segundos después de conceder el empate se habían vuelto a adelantar en el marcador al culminar una jugada maravillosa. Pase largo de Samaras para Torosidis, que centra para que Salpingidis la empuje a la red. Al final, ese fue el momento que definió el partido.

Tampoco jugó mal Rumanía, pero estuvo por detrás durante casi todo el encuentro. Mitroglou, en posición dudosa, adelantó a los suyos pasado el cuarto de hora y Grecia reaccionó muy rápidamente tras el gol de Stancu, lo que no facilitó nada las cosas para los de Piturca. La desventaja les forzó a arriesgar más de la cuenta y a exponerse ante una selección griega que se siente muy cómoda en estas situaciones, pues penaliza cualquier movimiento en falso del rival. Esto se vio sobre todo en el tramo final, cuando Rumanía buscó anotar un segundo gol que le diera más opciones de cara a la vuelta. Los rumanos siempre fueron verticales, en ocasiones demasiado. No supieron enfriar el partido cuando el marcador era más ajustado para calmar el ánimo de un público encedido con la intensidad de los suyos. Ayudaron a que el partido enloqueciera en varios tramos.

Pero, al fin y al cabo, la selección helena fue mejor. Se mostró como un equipo más consistente y más intenso, más agresivo. Mordió más arriba y mejor en bastantes momentos. En cambio, la presión rumana en ocasiones era algo anárquica y los griegos lograban conectar con sus atacantes con relativa facilidad. Ahí aparecía Samaras, partiendo desde la izquierda, para iniciar sus habituales conducciones y sembrar el pánico en la defensa rival, demasiado frágil, quizás por la baja de Chiriches. En ese escenario también se sintió cómodo Katsouranis, que jugó en la zona de tres cuartos, algo más adelantado que Tziolis y Maniatis. Grecia, además, es dosificación y control: los laterales no subieron mucho, sino que subieron en los momentos adecuados. Torosidis por la derecha en la primera mitad y Holebas por la izquierda en la segunda. Se trata de que cada incorporación sea eficaz, inquiete y genere peligro.

Aun así, a Grecia le faltó sentenciar cuando pudo meter el cuarto. Gekas lo anotó, pero se encontraba en fuera de juego. Estuvo mucho más cerca el 4-1 que el 3-2, lo que no habla demasiado bien del partido de Rumanía, muy nerviosa e imprecisa a lo largo del segundo tiempo. Tampoco ayudó la poca seguridad que transmitió Lobont bajo palos, incapaz de descolgar ningún centro lateral, ni los enormes espacios que encontró Grecia en la parcela central del campo. Además, Rumanía acabó con 10 por expulsión de Lazar, que vio dos tarjetas amarillas pese a salir desde el banquillo avanzada la segunda mitad. Su equipo deberá mejorar muchísimo de cara a la vuelta si quiere jugar en Brasil. Apenas inquietó. Apenas llegó con peligro. Pero el 3-1 les otorga cierto margen. Quedan 90 minutos.

Foto de portada: Erik Costello

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