Ya son eternos

Brazil v Germany2014 FIFA World Cup

Tratar de explicar lo que pasó en Mineirao hablando de la táctica sería como definir el amor a través del sexo. La dimensión que rodeó a lo que ocurrió ayer en ese campo, aquello que congeló al mundo durante un instante, superó al espectador neutral que se había reunido para ver un partido de fútbol y se encontró una noticia en sí misma, un suceso de valor histórico, global, trascendente,  es tan difícil de definir como imposible de ignorar para quien trata de comprender lo que allí sucedió. ¿Cómo no iba a influir eso que a mí, totalmente alejado de esa realidad cultural, me estaba dejando en shock en la mente de un jugador brasileño que lo vive desde el campo? ¿Puedo yo entender los desgarradores rezos de David Luiz tras acabar el partido, la desesperación de la joven que enfocan llorando a lágrima viva en el estadio, lo que se pasa por la cabeza de quien quema un autobús tras sufrir la goleada? Difícilmente y si acaso, de una forma muy simple. Pero aquello, como lo queramos llamar, ese valor histórico, trascendental, místico y casi hasta metafísico que ha rodeado la actuación de la selección brasileña durante todo su Mundial ha tenido un peso indudable en lo que hemos visto hoy. A Brasil le goleó una Alemania descomunal con un mérito irrebatible, pero la espiral en la que ellos mismos aceptaron meterse influyó en que quedaran noqueados tras recibir el primer golpe.

Brasil preparó el partido de la misma forma que lo había hecho durante todo el Mundial, una receta que le había llevado a las semifinales con bastante contundencia. Aprovechó el momento en el que suena el himno de su país para interiorizar la épica del guerrero que juega por 200 millones de almas, encendió a su público de forma automática y, en definitiva, preparó otro infierno de agresividad y pasión. La canarinha saltó al campo a comerse a los alemanes, con el derroche físico y la intensidad emocional como banderas. Un duelo de transiciones, de embestidas, de arreones en el que la superioridad física brasileña (Scolari había diseñado su plantilla para tal fin) y la determinación en las áreas eran los argumentos locales para hacerse con la victoria. Pero Alemania estaba preparada para la guerra. Y supo hacer lo que casi nadie había hecho: resistir a esos minutos iniciales en los que Brasil te arrasa. Formada en un 4-1-4-1 alto y comprometida en su totalidad para defenderse, evitó conceder ocasiones claras. Khedira lo tapaba todo y conducía el balón hasta sacarlo de la zona de peligro, Kroos se la guardaba, Hummels se anticipaba, Lahm tapaba a Hulk, Müller se pegaba con Marcelo… Y, si Brasil conseguía sobrepasar la resistencia germana, esperaba atrás un Manuel Neuer cuyo área parece territorio absolutamente inexpugnable hoy en día. Durante los 10 minutos iniciales, Alemania consiguió resistir el vendaval local con bastante solidez y Thomas Müller (¿Quién si no tú, Thomas? ¿Cuál fue el último partido grande en que no apareciste? ¿Qué habría pasado si no hubieras estado sancionado en 2010?) aprovechó un córner para adelantar a los teutones. No fue casualidad: desde que un testarazo de Puyol en un córner les dejara fuera de Sudáfrica, Jogi Löw ha puesto un énfasis casi hasta neurótico, cuentan los medios alemanes, por entrenar las jugadas a balón parado. De hecho, se comenta que uno de los motivos por los que el seleccionador alemán apostó por los famosos cuatro centrales fue para tener una ventaja en ese aspecto. Fue esa jugada a balón parado, como tantas otras veces en este Mundial, lo que le dio a Alemania una ventaja que no sólo sería importante por su significado más puro, sino por el impacto emocional que tuvo en el partido.

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Sami Khedira fue uno de los hombres del partido. Foto: Focus Images Ltd

Fue entonces cuando se percibió el riesgo que cometía Brasil al basar su propuesta en la intensidad anímica, en meterse hasta el fondo en el papel trascendental de su actuación: que un contratiempo te puede hundir, te puede sacar del partido. Marcó Müller y Brasil descubrió que esta vez no estaba Thiago Silva para tapar cualquier disparo que se produzca dentro del área, que no tenían a Neymar para remontar aquel partido, que enfrente estaba una Alemania que era capaz de resistir su propuesta y empezó a titubear absorbida por el vértigo de la trascendencia de una posible derrota. Fueron los minutos posteriores al gol minutos de confusión, de bloqueo, de shock. Y, mientras la canarinha se balanceaba aturdida, Alemania continuaba impasible, siguió apretando con la frialdad que les dicta su ADN. Dejaba libertad a los centrales brasileños para que iniciaran la jugada, pero una vez estos intentaban dar el primer pase, mordía con agresividad al receptor. Özil, Khedira, Kroos y Müller estaban preparados para salir como posesos a tratar de propiciar el robo y a dinamitar el ataque. Y, cuando consiguieron robar, Alemania volvió a recordar a la que nos enamoró en Sudáfrica y que en este Mundial aún no habíamos visto en estado puro: la de las transiciones vertiginosas, eléctricas, devastadoras. Especialmente lo de Sami Khedira fue una actuación antológica, colosal, majestuosa. Bajaba hasta su campo para robar y desde ahí conducía como un búfalo hasta su área, donde siempre supo tomar la mejor decisión: disparo, pase, desmarque hacia fuera… Brasil nunca supo frenar el imperial derroche físico del jugador del Real Madrid, que estuvo absolutamente omnipresente. La pareja que hace con Toni Kroos es tan complementaria como devastadora: mientras el ex del Stuttgart es el vértigo, la llegada, el despliegue, el del Bayern es la pausa, el último pase, el gesto técnico definitivo. Uno habilitaba al otro, el otro se la daba y entre ellos fabricaron la goleada alemana. Fue una actuación legendaria de esta generación de alemanes en su versión más auténtica: puro frenetismo, pura asociación a velocidades brutales, puro instinto asesino cerca del área, puro dinamismo. La de ayer se suma a las goleadas ante Portugal, Inglaterra o Argentina que han firmado en los dos últimos Mundiales. Y, con justicia, dejará por fin su nombre escrito en letras grandes en los libros de Historia. Esta generación ya es eterna, pase lo que pase en Maracaná.

Más artículos sobre el Brasil 1-7 Alemania:

“Cuando la anticipación llega tarde”, por Tomàs Martínez.

“Los 28 minutos de Sami Khedira”, por Carlos Rosende.

“La prensa brasileña critica a Scolari por descuidar la defensa”, por Axel Torres.

“Los 5 mejores jugadores de la semifinal”, por votación de la redacción de MI.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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7 comments

Un punto negativo para Alemania:
Relajarse en exceso al inicio de la segunda parte. Neuer tuvo que hacer 4 paradas de lujo. Al final, gol de la honra para Brasil, y enfado lógico del meta del Bayern, al que imagino que no le gustó recibir un tanto habiendo jugado de lujo, como líbero y haciendo paradas de mérito. Se nota que Mertesacker no es Hummels.

Seguimos…

Aunque pocos lo vean, destaco a Höwedes, un jugador que siempre cumple. Lo hacía como central, también como lateral derecho, y ahora en este Mundial, sin alardes, como lateral izquierdo. Cubrió perfectamente su banda, muy bien colocado, sobrio y seguro. Gran jugador de equipo.

Partidazo de Khedira, trabajando en la recuperación, arrancando con potencia para sumarse al ataque, y combinando bien en corto. El premio, un gol. Esta exhibición debería asegurarle su continuidad en el Real Madrid, y darle la razón a Ancelotti. Chapeau por Löw, que lo esperó y le ha salido la apuesta.

Lahm es, a día de hoy, el mejor lateral derecho del mundo. Tácticamente perfecto, derrocha brega y físico, tiene técnica y desborde, y defiende de maravilla pese a no ser corpulento. En el carril suma muchos más enteros que en el medio, y anoche se pudo ver.

Kroos es una maravilla. Para definirlo, su segundo gol: presiona, roba, combina, define. El Real Madrid se lleva una joya a precio de saldo. Ojo, que Schweinsteiger hizo un partido tácticamente perfecto, ofreciéndose en la salida, ayudando en la izquierda a Höwedes, y distribuyendo bien el balón.

Neuer estuvo segurísimo. Perfecto en el juego de pies, con una precisión sorprendente en el pase con ambas piernas. Además, salvó goles con paradas espectaculares. Muy seguro también por alto.

Hummels-Boateng es una pareja complementaria, que rinde a la perfección. La estrella es el central del Dortmund, un portento, pero el polivalente defensa del Bayern nunca desentona.

Por último, increíble todo lo que es capaz de hacer bien Müller: juega en cualquier posición ofensiva de maravilla, se mueve bien, se desmarca bien, regatea, pelea, remata por arriba, caza goles, le pega con las dos piernas, combina, pasa de primeras, encuentra espacios… y tiene unos números tremendos. Estamos ante una leyenda, aunque todavía no lo veamos. Ah, y Schürrle devolvió el partido a su sitio con su entrada. Mucha movilidad, muy incisivo, atacando espacios, y dos golitos.

Esperaba mucho más de Özil, y quizá la cuestión a debatir de cara a la final sea si no sería conveniente meter a Götze en su puesto, y mantener tal cual la última alineación, con ese único cambio.

Por cierto, tras este Mundial, ¿cómo veis la linea defensiva del Schalke?. En el Schalke, en condiciones normales contaba con una linea de 4 con Kolasinac, Höwedes, Papadopoulos y Uchida. La lesión del griego hizo titular a Santana, y aunque pensaba que se mantendría Höwedes como central, acabó siendo lateral derecho. Sus jugadores mundialistas han jugado en posiciones diferentes: Kolasinac ha sido central, Höwedes lateral izquierdo, Matip no ha jugado pero contaba como pivote, y Uchida se ha mantenido como lateral diestro.
Me extrañaría que nadie pujara fuerte por Höwedes, viendo que puede cumplir perfectamente en las 4 posiciones defensivas. Y bueno, también Draxler tiene pretendientes, y Farfán lleva tiempo sonando como posible salida.
Si mantienen el equipo, podrían formar con Fahrman, Kolasinac, Höwedes, Papadopoulos, Uchida, Neudstadter, Goretzka, Draxler, Meyer, Farfán y Huntelaar. Me gusta esa posibilidad, aunque la veo poco probable.

Y sin Thiago Silva se ve lo q es David Luiz: un central sobredimensionado a más no poder, con un gran poderío físico, pero sin la disciplina ni la inteligencia táctica del ex central del Milan.

Qué buena la frase donde mencionas que ya hizo historia pase lo que pase en el maracaná.

Más de acuerdo no puedo estar; en un deporte tan impredecible, tan injusto a veces y con un componente azar tan importante como el fútbol, a veces el resultado final termina premiando a quien menos lo merece.

Que esos 90 minutos en maracaná no borren lo que esta generación alemana ya ha conseguido…

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