Chiellini dificulta el debut oficial de Ventura

Ventura Torino - Focus

Las declaraciones de Giampiero Ventura en los primeros días de concentración de Italia fueron inequívocas; el veterano preparador transalpino habló entonces de sus deseos y esperanzas en esta nueva etapa y nunca mencionó nada que tuviese que ver con revoluciones o mejoras: “Les pido que muestren el mismo hambre”, es decir más de lo mismo pero sin la energía de Conte y con la experiencia de Ventura, obtenida en mil capítulos escritos casi siempre en contextos de equipos pequeños o con deseos de clase media. Así que ayer Italia formó en Haifa con las mismas hechuras que vimos en la pasada Eurocopa, con el mismo 3-5-2 y con la mayoría de jugadores que acabaron en el once tipo de Antonio Conte. Antonelli, que apenas jugó con el actual entrenador del Chelsea, y Candreva, que fue sustituido por Florenzi en la Eurocopa, fueron las únicas dos novedades que se pueden destacar, ocupando los carriles profundos de la Azzurra. Ante ellos la irregular selección israelí que nunca acaba de dar un golpe encima de la mesa pese a tener jugadores competitivos como Hemed, Zahavi o el mejor ayer: Tal Ben-Haim.

El partido arrancó con algún error de Chiellini, fallos impropios de un tipo que con la camiseta de su país suele agigantarse proporcionalmente a la dimensión de la batalla que tiene delante. Tal vez ganar en Israel no le pareció nada del otro mundo y salió algo relajado, pero dos pases suyos al rival pudieron costar muy caro si no llega a ser por la candidez de los delanteros locales. Sin embargo, la Italia de Ventura sí mantiene el rasgo de crear una ocasión en apenas tres pases con transiciones que parecen nacer de la nada y que acaban en peligro súbito. Las bandas italianas subían bien, Verratti distribuía y esa extraña pareja que forman Eder y Pellè seguían fusionando a la perfección. Justo así llegó el primer gol del partido con el nuevo delantero del Shandong Luneng como gran protagonista. Luego vino el segundo con un penalti transformado por Candreva. Italia estaba siendo muy Italia.

Pellè ha marcado contra España y Bélgica. Foto: Focus Images Ltd.
Pellè sigue marcando con Italia. Foto: Focus Images Ltd.

Chiellini ante su peor noche

El resultado era muy propicio ya para los transalpinos. En ese contexto normalmente uno ya puede ir apagando los focos y desfilando para casa si el rival es Italia. Chiellini debería estar agradeciendo que sus compañeros hubieran tapado bajo la alfombra su calamitoso arranque de partido, o bien estaba jugando un hermano suyo porque en una jugada aislada pecó de una extrañísima falta de contundencia, permitiendo que el balón llegará a Ben-Haim, que luego eligió definir como los ángeles, de vaselina, retratando a un modelo como Buffon, que apenas ha posado para ningún pintor en su carrera. Con ese golazo se llegó al descanso.

Cabe recalcar que lo mal que estaba jugando Chiellini no fue devastador por el gran trabajo de su compañero de equipo, Leonardo Bonucci, impecable sobre todo en los pases largos y la distribución desde atrás. Por si fuera poco, en el arranque de la segunda mitad el espigado central de la Juve decidió que tenía que rubricar su noche con algo más especial todavía y fue justamente expulsado, obligando a su selección a un tremendo esfuerzo defensivo. Chiellini se perderá el partido de la segunda jornada contra España.

Ciro Immobile cerró la victoria de Italia a la contra. Foto: Focus Images Ltd.
Ciro Immobile cerró la victoria de Italia a la contra. Foto: Focus Images Ltd.

Obviamente Elisha Levy, el seleccionador israelí, olió la sangre italiana y puso unos cuantos tiburones en el campo para ver qué podía sacar de todo ello. Primero entraron Gershon y Atlizi y después Kehat, realizando así todos los cambios en apenas quince minutos. Sorprendió que uno de los sustituidos fuera Ben-Haim, que más allá del golazo fue el más dinámico de los atacantes, pero en esta ocasión pesó más el nombre que la meritocracia. Desde ese momento Italia se convirtió en un frontón y le pudieron empatar en alguna de las ocasiones locales que acabaron por frustrar al público. Ventura puso sobre el tapete a Ogbonna y Florenzi en clara respuesta defensiva al ataque rival, pero fue el otro cambio el que mató definitivamente el partido, el último en entrar: Ciro Immobile. La jugada del tercer gol es la clásica de equipo que lanza muchos balones largos mientras defiende y con el rival volcado acaba por encontrar una en mano a mano. Esta vez le tocó a Immobile dar la alegría al pueblo italiano y también a él, necesitado de estímulos como pocos. Immobile era un tipo feliz en Torino, salió eufórico de allí hace años y no volvió a sonreír hasta ayer, otra vez bajo el abrigo del “abuelo” Ventura. 

Foto de portada: Focus images Ltd

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