España-Irán: el equipo más asociativo ante el muro más granítico

Gerard Piqué of Spain (right) looks at Sergio Ramos of Spain (left) and David de Gea of Spain (centre) during the national anthem pictured ahead of the 2018 FIFA World Cup Qualifying match at Estadio José Rico Pérez, Alicante, Spain.
Picture by Kristian Kane/Focus Images Ltd +44 7814 482222
06/10/2017

Hasta la sorprendente victoria de Japón ante Colombia, la única selección asiática que había ganado en su debut en este Mundial 2018 había sido Irán en su choque frente a Marruecos. De hecho, ese triunfo persa mandaba un mensaje interesante reivindicando la estabilidad en un continente en el que los bandazos son demasiado habituales y los proyectos se evaporan instantáneamente tras un par de malos resultados. Irán, a diferencia de los demás representantes de la AFC, es la única que no ha cambiado de entrenador en los meses previos al Mundial, la que lleva siete años trabajando con el mismo técnico. Estas son las señas de identidad del rival de España en la segunda jornada: la constancia, la regularidad, el orden, la fiabilidad y la firmeza sin estridencias. Viéndola jugar en su debut, recordó enormemente al equipo que logró aguantarle a Argentina el 0-0 hasta el minuto 89 en Belo Horizonte hace cuatro años. Y eso, en el fútbol de selecciones, es una gran virtud: parecerte a ti mismo pese al paso del tiempo. Ser reconocible.

Carlos Queiroz logró el pasado viernes la segunda victoria de Irán en la historia de los Mundiales -la primera había sido la memorable frente a Estados Unidos en Francia 1998-. Dar un paso más significa ahora intentar adentrarse en un terreno desconocido: desafiar a las europeas. En sus seis duelos ante equipos del viejo continente en las Copas del Mundo, Irán perdió cinco y sólo empató uno: frente a Escocia en 1978 (su primer punto de todos los tiempos). Resulta complicado pensar que pueda lograrlo ante España o Portugal, pero la recompensa trascendería a la pura cuestión honorífica de romper un récord: un triunfo en cualquiera de los dos partidos supondría clasificarse para octavos de final.

España sabe que Irán le va a plantear un encuentro eminentemente defensivo. Carlos Queiroz ya hizo exactamente esto cuando dirigió a Portugal en el Mundial 2010 y se cruzó con el cuadro entonces dirigido por Vicente del Bosque en octavos de final -el día en el que entró Fernando Llorente desde el banquillo y su presencia fijando a los centrales modificó el desenlace del choque-. Es, pues, el tercer Mundial consecutivo en el que participa el ex entrenador del Real Madrid, y una estadística nos servirá para explicar cuál ha sido el déficit principal de sus equipos en esta trayectoria: Portugal se quedó sin marcar en tres de los cuatro partidos en 2010; Irán, en dos de los tres en 2014. Y el gol de la victoria ante Marruecos se lo anotó en propia portería un jugador rival. Vale igual, es evidente, pero también parece claro que los equipos de Queiroz adolecen de capacidad realizadora y que buena parte de su buen hacer defensivo se basa en sacrificar recursos ofensivos. Si ya le ocurría con Portugal, más aún ahora, que dispone de menos calidad.

Esta naturaleza tan conservadora del adversario puede condicionar las elecciones de Fernando Hierro en la alineación inicial. Ante Portugal tenía sentido optar por un lateral más competente en el apartado defensivo como Nacho para frenar a un rival que se desplegaba en esa zona con Bruno Fernandes y con caídas al costado de Cristiano Ronaldo. Y también parecía lógico optar por Koke como interior más cercano a Busquets, priorizando la consistencia. Los lusos, es verdad, también se comportaron como un equipo contragolpeador, pero la gran diferencia con respecto a Irán es que la cantidad de amenazas realmente peligrosas que mantenían arriba era muy superior. Así, introducir a un lateral con mayor profundidad y desequilibrio -Carvajal si ya está en plenitud, Odriozola si aún no- o a un interior más creativo como Thiago tendría mucho sentido. De todos modos, supondría sacrificar a dos jugadores que rindieron a buen nivel en el estreno, por lo que el seleccionador deberá valorar también cuestiones meritocráticas y de gestión de grupo a la hora de tomar la decisión definitiva.

Queiroz también introducirá cambios. Se cayó por lesión el central Cheshmi y le sustituirá el joven Majid Hosseini, que a sus 21 años se enfrentará al mayor reto de su carrera (juega en el Esteghlal en la liga iraní). Entrará también una de las grandes promesas del país, el medio centro Saeid Ezatolahi, que se sentirá como en casa -milita en el Amkar Perm ruso-. Sancionado en el debut, su puesto lo ocupó Ebrahimi, que en esta ocasión se desplazaría a un interior y mandaría al banquillo a Masoud Shojaei. En otra maniobra conservadora, Mohammadi podría entrar en en lateral izquierdo, adelantando la posición de Hajsafi al centro del campo y a su vez ubicando a Amiri -uno de los mejores ante Marruecos- como extremo. Ni Azmoun ni Ansarifard tienen el puesto asegurado en un once que será más defensivo que el del estreno. Tiene su lógica: con tres puntos en el bolsillo, Irán no necesita arriesgar, y encima se mide a una España que firmó una hora de enorme nivel y fluidez ante Portugal, además de una resiliencia extrema al levantarse dos veces tras recibir durísimos golpes en el contexto de una semana complicadísima.

Alineaciones probables: España-Irán, miércoles 19 a las 20:00h

Iran vs Espana - Football tactics and formations

Foto de portada: Focus Images Ltd.

Related posts

1 comments

Deja un comentario

*