Barovero resiste y Gallardo lo arregla

River Plate - @gorsh

Como tantas otras veces, un representante asiático mordió el polvo en una cita importante por falta de contundencia en las dos áreas. El Sanfrecce Hiroshima de Moriyasu se quedó a las puertas de la final del Mundial de Clubes (0-1) a pesar de competir de tú a tú durante buena parte de los 90 minutos del duelo frente a un River Plate con evidentes carencias defensivas –el pobre rendimiento de Álvarez Balanta fue el fiel reflejo de la defensa argentina– y una preocupante falta de ideas en la zona de creación –desaparecidos Pisculichi y Kranevitter–.

La pegada o más bien la falta de, a veces extraída del análisis cuando se profundiza en el juego –como si no fuese parte importante del mismo–, condicionó un choque en el que Barovero mantuvo al campeón sudamericano con vida hasta el descanso. En un primer tiempo de claro color violeta, donde Minigawa, Douglas, Aoyama y Chajima dispusieron de ocasiones claras para poner por delante a los suyos, el guardameta de los millonarios completó cuatro intervenciones de mucho mérito que a la postre serían determinantes. Sin su efectividad bajo palos, el escenario indudablemente no habría sido el mismo. Porque a River le faltaron la soltura, el dinamismo y la capacidad asociativa en tres cuartos necesarias para inquietar al anfitrión. Lo más positivo para los de Gallardo en un primer tiempo que deberán olvidar cuanto antes si quieren levantar el título fue el apoyo de una hinchada incansable, volcada en alentar a los futbolistas aunque estos últimos no estuvieran rindiendo al nivel esperado. Contar con más de 15.000 aficionados en el Osaka Nagai Stadium es un lujo que a la vez conlleva una gran responsabilidad, la que mostró Gallardo para arreglar el planteamiento inicial con la entrada de Lucho González y Tabaré Viudez.

Álvarez Balanta y Douglas, protagonistas

Sanfrecce Hiroshima verticalizó sus ataques hasta el extremo, como ya sucedió en el choque de cuartos de final contra TP Mazembe. En ese contexto emergió el brasileño Douglas. Caído a la banda derecha, destrozó a Vangioni y superó a Álvarez Balanta con sus arrancadas con y sin balón. Le faltó una pizca de acierto para transformar ese desequilibrio en remates peligrosos o asistencias francas para Minigawa. Del central colombiano poco se puede decir que no se haya comentado antes: posee unas cualidades físicas extraordinarias, pero su toma de decisiones deja que desear. El que una vez fue catalogado como uno de los centrales más prometedores del continente ahora vive momentos complicados porque parece desconectado de sus compañeros y su tendencia al error siembra dudas en la zaga millonaria. Con 22 años, le sobra tiempo para encauzar su carrera. La gran final lo pondrá a prueba.

Hayashi y Alario, decisivos

Las sustituciones le dieron aire a River y sobre todo la capacidad de minimizar imprecisiones con la pelota. Superado el mal trago, los de Gallardo comenzaron a llegar con mayor claridad al área nipona y en uno de esos acercamientos Hayashi mostró falta de contundencia bajo palos. El arquero de Osaka salió a atajar un balón aéreo, en lugar de priorizar el despeje de puños, y el rebote acabó cayendo en los pies de Alario. El punta, desaparecido en el primer tiempo, no perdonó. River sufrió para acceder a su tercera final en este torneo; si quiere levantar la Copa, no podrá conceder tanto ante FC Barcelona o Guangzhou Evergrande, dos rivales de mayor entidad. Sanfrecce padeció esa epidemia que persigue desde hace años a un fútbol que solo cuenta con ese hándicap, la ausencia de resolución en las dos áreas. Es un hándicap demasiado grande y difícil de contrarrestar.

Foto de portada: @gorsh.

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