Argentina decide a la contra

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La Argentina de Driussi llegaba a octavos de final sin conocer la derrota, tras cosechar un empate contra la selección de Irán y dos victorias cómodas frente a los combinados de Austria y Canadá. El equipo de Grondona comenzó el torneo de forma dubitativa pero el último encuentro contra la selección norteamericana les sirvió para mostrar su mejor cara y avanzar de ronda en la primera posición del grupo. Túnez, por su parte, había ganado por la mínima a Venezuela -resistiendo durante más de cincuenta minutos con un futbolista menos- y a Rusia, y en el último partido de la liguilla cayó derrotada por dos tantos a uno frente a la brillante selección de Japón (ya eliminada). Las Águilas de Cartago, sin individualidades de primerísimo nivel, venían practicando un fútbol bastante elaborado. A priori, estábamos ante una de las eliminatorias de octavos de final más igualadas. Y así fue, aunque por el resultado final pueda parecer lo contrario.

Cuando aún no había hecho más que comenzar el partido, la albiceleste se adelantó en el marcador gracias a Ferreyra. El defensa sudamericano remató en boca de gol un cabezazo de su compañero Ibañez a la salida de un córner, sacado rápidamente en corto, que cogió por sorpresa al combinado africano. A partir de ahí, los de Grondona se replegaron y simplemente se limitaron a tratar de buscar una contra o un error en la salida de balón tunecina para sentenciar la eliminatoria. No consiguieron sacarle rédito a esta estrategia. El conjunto de Ben Soltane, liderado por Ben Salem y Jbeli, comenzó a crear peligro y, a falta de cinco minutos para llegar al descanso, una buena combinación al borde del área entre el propio Ben Salem y el delantero centro, Haj Hassen, propició el gol de este último -buen disparo colocado a la derecha de Batalla– y puso las tablas en el marcador. Poco pudo hacer Mammana, central de River, que hasta ese momento se estaba mostrando como el mejor jugador del partido: sobrio al corte, rápido en las ayudas y con criterio a la hora de mover la pelota.

La segunda parte tuvo más ritmo. Argentina entró en el terreno de juego con un punto más de intensidad y, tras una jugada de tiralíneas entre Leszczuk y Driussi, Ibáñez se encontró con la pelota a escasos centímetros de la portería que defendía Ben Hessen y, sin pensárselo dos veces, lo batió con un taconazo imprevisible. De nuevo la albiceleste se ponía por delante en el electrónico y el gol llegaba muy temprano. Pero esta vez supieron gestionar mejor el resultado: no retrocedieron tantos metros y consiguieron robar en campo contrario con asiduidad, lo que les permitió llegar con frecuencia a la portería rival. En una de esas pérdidas tunecinas, en el minuto setenta y tres, Driussi nos mostró su categoría: bajó con el pecho un balón largo, se giró rápido sobre el central que lo aguantaba con las dos manos extendidas y sacó un latigazo seco con la zurda ante el que nada pudo hacer Ben Hessen. Gol de delantero hábil, con recursos, y tarjeta de presentación de una Argentina que ya mira de reojo a Costa de Marfil en cuartos. El Mundial sub-17, pasito a pasito, cada vez es más sudamericano.

Foto de portada: Silvia Lapergui.

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